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Nº 590
16/2/2004
Enemigos íntimos

China jamás reconocerá la independencia de Taiwan, y promoverla podría provocar una intervención militar e incluso un enfrentamiento con los Estados Unidos. las peores hipótesis han vuelto a barajarse por la cercanía de la fecha, 20 de Marzo, prevista en Taiwan para las elecciones presidenciales y el referéndum sobre la necesidad de reforzar frente a China las defensas antimisiles de la isla. Con este referéndum y la muy probable reelección, el presidente Chen Shui-bian pretende la creación de un marco de paz y estabilidad a ra las relaciones entre China y Taiwan. Suelen alterarse cuando hay una amenaza militar china y una crispación independentista en Taiwan como consecuencia. En las anteriores elecciones presidenciales, 1996 y 2000, China hizo coincidir su celebración con importantes maniobras militares, lo que parece se repetirá esta vez, para alarma de los partidarios de la política de una China, y de los que no quieren molestar a China. Es decir, de todo el mundo.

La ruptura del status quo no es favorecida por ningún país, que a lo sumo utiliza a Taiwan para incomodar circunstancialmente a China. Los Estados Unidos y la Unión Europea se han apresurado a censurar el referéndum y, en general, a rechazar cualquier medida de una y otra parte que altere la situación actual. En Taiwan tanto el Partido Demócrata Progresista como el Kuomintang soportan cada vez con más esfuerzo el peso de la doctrina jurídica y política de una sola China y de la unificación inevitable entre ésta y Taiwan; en una isla que cada vez parece ser más Taiwan y menos Ch ina, con una mayoría de población ausente del recuerdo de la guerra civil y el nacionalismo del Kuornintang. La democracia en Taiwan y el desarrollo económico a ambos lados del Estrecho deTaiwan, el mismo relevo generacional, no han contribuido a la convergencia. Incluso más bien lo contrario.

Tampoco la voluntad de reunificación y el rechazo a la independencia han desaparecido de¡ primer capítulo de la política de Pekín, pese a que en el continente vivan casi medio millón de taiwaneses, que la inversión de Taiwan en China alcance los 100.000 millones de dólares y el comercio bilateral sea muy intenso y próspero. Tras una década, los sentimientos en la isla se inclinan mayoritariamente hacia la independencia o, como declara el presidente Chen, a favor de que Taiwan sea un país "normal, completo y democrático". El nacionalismo ha acabado por adquirir papel dominante en todos los partidos taiwaneses y los dos más importantes, el Kuomintang y el Democrático Progresista, en el pasado mes de diciembre pidieron que China retirara los 500 misiles que apuntan a la isla. La VII Flota sigue patrullando por el estrecho de Taiwan, para proteger una especie de país con la condición de paria internacional, moviéndose en un limbo jurídico dificil de entender y quizás de mantener.

Para China, la cuestión de Taiwan suscita muy amargos recuerdos relacionados con la Guerra Civil, la quiebra de la integridad territorial y la huida de las fuerzas M Kuornintang, llevándose a Taiwan los tesoros de la Ciudad Prohibida de Pekín y la legitimidad y representación de una sola China durante décadas. Además, hoy nadie en el mundo se atreve a propugnar dos Chinas o a favorecer la independencia de Taiwan. Excepto los propios isleños, cada día menos chinos propiamente dichos y que encuentran en las sonoras respuestas de Pekín motivos para fortalecer y géneralizar posiciones de rechazo. No lejos de Corea, Taiwan es otra de las secuelas dejadas por la Guerra Fría, las últimas y más difíciles de resolver y que, por ello mismo, podrían acarrear graves riesgos para la paz mundial y las relaciones entre Pekín y Washington.

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