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Grandes
maniobras
La cuestión iraquí puede modificarse de manera sustancial por la reconciliación entre Estados Unidos y Francia. Muy posiblemente tal acercamiento, con numerosos indicios ya, se consagre protocolariamente con la celebración del 60 aniversario del Desembarco de Normandía y el encuentro Chirac-Bush, el próximo mes de junio. Momento oportuno para honrar la memoria de miles de soldados estadounidenses que dieron ,su vida por la liberación de Europa, y para recomponer puentes que interesan a ambas partes. A Francia no le beneficia la ausencia en la reconstrucción de Iraq, ni arriesgar sus grandes intereses en los Estados Unidos. A su vez la reconciliación atraería otros países que igualmente se opusieron a la guerra, Alemania y Rusia en especial, favoreciendo la participación de las Naciones Unidas en el proceso de transición política, y de la Alianza Atlántica en la sustitución de soldados estadounidenses. De aquí a junio, fecha también para la Cumbre Atlántica en Estambul, pueden concluirse estas grandes maniobras para clarificar diplomáticamente el embrollo iraquí. Por supuesto, el embrollo no es sólo diplomático. "Si los estadounidenses permanecen sólos en Iraq, será un desastre, pero si se marchan será el caos"; es la opinión generalizada, que ayuda a comprender el pragmatismo y la comprensión con que la situación en el país se aborda desde Occidente, imposible de arreglar si persisten deseos de ajustar cuentas a Washington y hacerle pagar sus errores. La reciente gira de James Baker por los principales países acreedores de Iraq, habría servido no sólo para pedir la rebaja o condonación de la deuda, también para introducir un gran juego que pueda ayudar a Iraq y salvar la cara de los Estados Unidos, así como la vida de sus soldados. Porque la importancia de estas grandes maniobras se realza finalmente en la perspectiva de las elecciones presidenciales de noviembre. Si París y Washington se estrechan la mano y si Francia accede incluso a enviar sus soldados bajo las banderas atlánticas, Bush puede presentarse con más posibilidades de triunfo, en lo que más que reelección será un referéndum sobre su política. Esta secuencia de acontecimientos es quizás la única posible, a falta de alternativas optimistas que conozcamos para la paz y la reconstrucción de Iraq. Por ello hay que prestar más atención a lo que hacen que a lo que dicen los líderes, pese a la renovada perplejidad ante sus palabras y ante el frecuente turismo politico que realizan para confraternizar con las tropas. En política no suelen exteriorizarse testimonios de autocrítíca y rectificación, por mucho que las revelaciones y aclaraciones sigan siendo estentóreas, menudeen y hagan más y más inexplicable por qué se exageró la amenaza y por qué se procedió a la guerra. Penúltimas perlas al respecto son el reciente informe de la Carnegie Institution y el informe de Shlomo Brom, del Centro Jafee de Estudios Estratégicos de la Universidad deTel Aviv. Los autores se preguntan po enésima vez si los gobiernos mani, pularon datos de inteligencia pan justificar la decisión de provocar la guerra, ocultando sus verdaderas mo, tivaciones para hacerlo. De momento,
la cuestión iraqu puede haber generado beneficios co. laterales,
dada la discusión profun. da sobre motivos y justificaciones, y
los mismos horrores del conflicto, contribuyendo a un cierto deshieic
que contaría con los casos de Libia, Corea del Norte e India-Pakistán,
insinuándose al fin respecto a Israel y sus armas de destrucción
masiva, Quizás su mejor lección resida en la insistencia
sobre lo que no se debió hacer y no deberá repetirse, aunque
por ahora la urgencia está en extinguir el incendio y salvar los
muebles al menos. La cita tan importante para este verano en las playas
de Normandía -Omaha, Utah, Juno y Sword-, servirá para abrir
el abanico de cuestiones que durante meses se han debatido a ambos lados
del Atlántico, con exclusiones, insultos y descalificaciones en
abundancia, porque el que no estaba conmigo estaba contra mí, apoyaba
a los terroristas y al bárbaro de Saddam, lo La reconciliación
de franceses y estadounidenses, a fin de cuentas, generaría notables
dividendos diplomáticos, sería un buen comienzo para la
desactivación de espoletas en Iraq y, de nuevo, recomendaría
no minimizar o excluir lo que París hace. |