Nº 578
17/11/2003
Los vecinos molestos

El conflicto de Iraq-Palestina se enlaza en el panorama de IránSiria. El príncipe Hassan Bin Talal acaba de declarar a Tomás Alcoverro que lo peor en Oriente Medio aún no ha llegado, sugiriendo que las próximas guerras se librarán en Irán y Siria, comenzando quizás por éste último país, Efectivamente, las turbulencias regionales nunca se han circunscrito a una guerra, cada una de ellas ha parido otras. Por parte estadounidense e israelí se ha mostrado además la tendencia a proyectar fuera el sentido de la guerra de Iraq, en busca de otros culpables y de responsabilidades para terceros países. Respecto a Irán, parece relativamente desactivada la amenaza tras el sorprendente viaje a Teherán de tres ministros comunitarios y el compromiso iraní de revisar sus programas nucleares. Por esta cuestión, las armas de destrucción masiva en general, la misma contiguidad respecto a Iraq, con la sospecha de que iranies y sirios facilitan la entrada de hombres y pertrechos para la resistencia, los dos vecinos de Iraq se encuentran en situación altamente cuestionada.

Como en ciertos atentados policiales, los vecinos son siempre los primeros sospechosos. La guerra y la ocupación de Iraq han amalgamado en la óptica del antiterrorismo a tres países dispares y más o menos enfrentados en tiempos cercanos, con el único común denominador de la simpatía por la causa palestina y la negación de Israel, y cuyos problemas internos se superponen hoy a los que derivan de los designios imperiales para remodelar Oriente Medio. Para Siria e Irán, la cuestión iraquí ha supuesto la desaparición o alteración de calendarios, prioridades y expectativas nacionales. Se encuentran arrinconados en la problemática de los derechos humanos, la política de armamentos, la resistencia iraquí y un larguísimo etcétera que de manera intermitente se airea en círculos políticos y periodísticos de Occidente, como para recordar que el enemigo sigue en la zona y el mal en los gobiernos de Teherán y Damasco; como poco, tolerantes con elementos de Ansar Al Islam y Al Qaecla e inclinados, especialmente en el caso de Irán, a favorecer la mayoría chiíta en Iraq e incluso una República Islámica.

El rompecabezas de Oriente Medio eleva al máximo la confusión entre terrorismo y lucha de liberación nacional, y el relegamiento de datos religiosos, políticos y sociales verdaderamente incompatibles con el modo de vida occidental, pero sometidos a unas presiones desestabilizadoras que de tener éxito pueden acarrear, como en Iraq, un caos incomparable con el que pretendían suprimir. Así, ha podido creerse que quien se oponía a la guerra de Iraq era partidario de Saddam, que reclamar la paz a cambio de territorios implica condescendencia con el terrorismo y los elementos de Hamás y Jihad Islámica, y que alertar contra la desestabilización de los vecinos de Iraq implica concomitancias con ayatolás y alauitas. Otro conflicto, sin lugar a dudas, sería una tragedia para los Estados Unidos y por supuesto para los países a liberar, desprovistos de cualquier apoyo de carácter gradualista o constructivo, de simpatía cultural, cada vez más resentidos hacia Occidente.

Sin embargo, y en vista de¡ panorama que Iraq presenta, el mejor servicio que pueda prestarse a los Estados Unidos reside en evitar que sus soldados sigan cayendo en escenarios dudosos y en forzar la paz y el arreglo territorial entre Israel y Palestina, sin el cual, cosa reconocida hasta por Paul Wolfowitz, los Estados Unidos no tendrán éxito en Iraq. las discusiones académicas y parlamentarias sobre la Syrian Accountability Act ilustran de nuevo los dilemas de la Administración Bush para actuar en la zona, con el peligro de hacerlo otra vez con expectativas fantasiosas y ánimos militares, con resultados pobres y quiméricos, generando además la idea, como aseguran sondeos de opinión, de que Estados Unidos e Israel son un peligro para la paz mundial. Precisamente respecto a los vecinos de Iraq, son precisas actuaciones firmes pero flexibles, no encaminadas ciegamente a cambios de régimen y con amenazas militares, sino para buscar la paz. En Europa hay signos alentadores al respecto.

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