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Campo de minas, y de rencores Quizás la guerra se desencadene para contener el palpable deterioro que en la política mundial provoca interminable preparación. Una solución desesperada como la que adopta el que se arroja por la ventana, y se mata, huyendo del fuego en su casa que también le habría matado. Reiteradamente políticos y estrategas aseguran que todo está dispuesto, previstos múltiples escenarios y eventualidades, y que la guerra en Irak abrirá una etapa de paz, democracia y desarrollo en beneficio del país y de Oriente Medio. Para esto, por supuesto, será preciso que la guerra acabe y que acabe del mejor modo posible, dejando para mañana variables e incógnitas que proliferan antes de empezar, y que son mucho más complicadas que las que la opción militar levanta, inquietantes también. La larga crisis iraquí ya ha dejado heridos por el camino, por ejemplo la cohesión de Europa en la Unión y la Alianza, ha suscitado sorpresas en el Parlamento turco y formidables manifestaciones contra la guerra, poniendo en situación delicada a gobiernos que apoyan a Washington. El nuevo informe de la UNMOVIC y el tratamiento en el Consejo de Seguridad del proyecto de resolución,' muy probablemente provocarán más problemas o intensificarán los que ya existen, porque se trata de una guerra de discreta aceptación internacional aún, porque se duda aún de la peligrosidad de Saddam o porque aún se teme que genere una explosión de tensiones regionales. Nunca se dispone de toda la información de golpe, porque deliberadamente se oculta o dosifica, o porque el abanico de cuestiones tarda en desplegarse. Ojalá todo fuera tan sencillo como derribar al tirano, devolver la tranquilidad al pueblo y el desfile triunfa¡ en Bagdad, por Saddum y Arbatasha Ramadan. De momento, la movilización de Turquía ya ha agitado las aguas de los kurdos iraquies y de la oposición chiita exiliada en irán, así como de los gobiernos de Ankara y Teherán. Especialmente por parte kurda se ha manifestado la preferencia por Saddam antes que por los soldados turcos, y la voluntad de recuperar tierras y campos petrolíferos que se situaron fuera de los límites actuales de las tres provincias kurdas iraquíes. El experimento se complica. Para Turquía e Irán la guerra en Irak es cuestión de política interna, por kurdos e iraquíes respectivamente. En Irán la oposición chiita tiene una notable presencia política y militar; El Consejo Supremo de la Revolución Islámica y la Brigada Badr. Kurdos y chiitas tienen sus propias ideas sobre la guerra, no digamos las empresas petrolíferas, los apóstoles de la intervención y quienes la objetan, etc., por lo que en este campo de minas generado en la política internacional por la crisis iraquí, en que la destrucción de Saddam es sólo uno de los objetivos, da la impresión de que cada uno rechazará o hará la guerra por motivos propios y diferentes del otro. Así no es extraño que se recuerde la Gran Guerra, empezada por circunstancias fortuitas pero que reverdecieron rencores diversos, y que finalmente no pudo evitarse por la escala de movilizaciones imposible de desactivar. |