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'Rovellons'
Mira
tú, la Nuri ésa, ganas de llamar la atención. Digo
yo, toda la vida les hemos llamado níscalos y ahora nos viene diciendo
que son rovellons.
Ya te digo, catalanes. Gastan menos que Tarzán en corbatas,
pero si les dejas se quedan el Mediterráneo en propiedad histórica
y te venden las anchoas con registro de catalanidad.
Y así, las mil y una chorradas en circusiólación.
Algo no marcha bien.
Señor, señor, haber descubierto el Mediterráneo de
la mano de Goytisolo, por la vieja Barceloneta, para volver hoy a la modorra
(más que sueño) de la eterna siesta del nacionalismo autista.
Sepan que mi provincia favorita es Gerona. Tienen tan buena carne como
en Avila; el pescado, como el mejor; montaña, recia y alta; la
costa, brava y dulce; las gentes, con simpatía a chorros y un puntazo
de genial locura. La huella hebrea domina a la fenicia (judíos
y palestinos ...) y la sardana, en cualquier pueblecito, un domingo, tras
la misa, en la plaza, a la hora del vermut con almejas, la sardana, digo,
niños y mayores, ellos y ellas, cogidos de las manos derrochando
naturalidad y cultura, belleza y alegría... Cual salmo budista
a la paz de los hombres de buena voluntad.
Pero, cojons, ahora comprendo el bienestar de tanto argentino integrado
en la Barça. Están en su salsa. Vienen cargados del vacío
identitorio que alardeó Borges; cargados de pretenciosa autoestima
según el último manual de autoayuda; contándote,
che, la historia que quisieran haber tenido; inventándose raíces
donde sólo hay lianas trepadoras; cruzados de seudovanguardias
intelectuales, modernidad y empeño en que el espejito les diga:
"Que sí, que no hay nadie más guapo que tu". Igualitos
que tanto barcelonés al uso: deshecho de tentadero político;
capullo de un día.
Lo de ahora, estos días, el engendro de Estatut y la bronca consiguiente,
es como de coña. Nada que ver con el seny, ni con la exquisita
educación y formalidad de unas gentes que gracias a su cultura
y el afortunado barniz que les impregnó la (casi única)
revolución industrial española se han ganado la merecida
reputación de laboriosos, negociadores y pactistas, formales y
listos (bromas aparte).
Cierto que los Maragalles de turno llevan tiempo emborronando lo mejor
de lo catalán y se crecen en su mediocre visión de la realidad
y el horizonte. Alcanzan a ver, lo que alcanzan a ver desde el campanario
de su raquítica parroquia de pueblo. Paletos.
No se puede hacer peor: el imbécil de turno politizando al Barca;
el charnego literato, escudado en el prestigio de un partido de autodefinición
republicana proponiendo intervencionismo, consignas y mutilación
de libertades ya reconocidas desde 1789. Convergentes y Unionistas (botiguers
e industriats) a leches con obispos, Caixas y buenas gentes (y mejores
clientes) mesetarias.
Pero no nos dejemos manipular. Incluso tanta estupidez no es comparable
con el tiro en la nuca o la bomba en la calle. Los catalanes no matan.
¿De qué va esa campaña/boicot a productos catalanes?
Qué se joda el brigada que hoy no como rancho. ¿Estamos
locos? ¿Hay algo más español que anís El Mono?
Passeu-ho
bé
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