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Domund
He
intentado encontrar en el Rastro una de aquellas huchas con una cara de
negrito, chinito, indio, ... que sacaban a la calle a pedir el día
del Domund. ¿Tendrán alguna en la Conferencia Episcopal?
Sería un detalle bonito como regalo de boda a la flamante y guapísima
nueva consejera de la cosa en Madrid, Lucía Figar (¿por
fin Carlos?).
Yo no recuerdo haber pedido nunca el día del Domund. Sí
sentía una mezcla de pena y afán de generosidad pensando
en los chinitos, y sí me esforzaba en recuperar sellos de carta
para salvar sus vidas. Por cada cien sellos un chinito. los negritos a
setenta y cinco.
¿Recuerdas aquellos sellos? Nada de flores, aviones, catedrales,
olimpiadas ..., ni reyes o príncipes, no, sólo él,
Franco, en versión 15 cts., 25 cts., 1 pta. ... en todos los colores
de la gama completa Pantone.
¡Tlempos aquéllos! En mi infancia la única inmigración
conocida fueron unos niños huérfanos austríacos acogidos
por el Régimen, en régimen de adopciones. Blanquitos todos;
rubitos; monísimos (aún conozco alguno/a).
Bueno, ilegalmente, siempre hubo algún portugués que otro
dispuesto a mascar carbón en la minería asturleonesa y algunos
otros de braceros en la raya, en épocas de recolección.
Sí sabemos más de emigrantes. Aquel trasbordador Dover-Calais
... Los trenes en la Estación de¡ Norte cargados de maletas
de cartón, hombres y mujeres encogidos, apretados a los cristales
rumbo a la frontera de lo desconocido.
Yo (alto, rubio, ojos azules, ... ) conozco bien lo que es que alguien
te escupa, por encima de[ hombro el muy británico: iblody foreigner!
(jodío extranjero). Metidos en harina, yo procuraba hacerme pasar
por italiano (íporca miseria!) y reconducir el insulto a: ifucking
italians! (lo que ha hecho uno por el buen nombre de España).
Aún
en los sesenta, en Frankfurt, cuando me hartaba de calcular porcentajes
para P&G en Y&R (sic) o me desesperaba el in-trato alemán,
paseaba hasta la estación y me reencontraba entre cientos de gallegos,
extremeños, andaluces y meseteros de toda condición, que
en su día libre tomaban un tren desde su lugar de residencia-trabajo
y pasaban el día sin salir de aquel hall, cambiándose vivencias,
periódicos y revistas españolas atrasados de semanas, ...
al otro lado de la puerta central empiezatermina la calle más vibrante
de Frankfurt (la única), Kaiser Strasse, llena de comercios; cines;
bares; cabarets; putas; tranvías; ... Algunos, muchos, nunca llegaron
a pisar sus aceras.
Comprendo que lo "chap" y bien visto es sumarse al carro de
quienes se quejan de tanto inmigrante " ... A saber qué enfermedad
traen...", "...lo tienen todo gratis: colegio, sanidad, '...no
son de fiar...", cuando no, en la mismísima COPE (¿qué
fue del Domund?) alientan el rechazo, enfatizando la condena islámica
(sin distinción), la permisividad, el peligro de las mafias morales
de unos y otros ... ¡a dónde nos va a llevar el talante ése!
Todo menos asumir, un poquito sólo, que sin ellos (esos otros)
no habría ya queso manchego (porque ellos ocupan y copan el trabajo
de pastores), sin ellos no habría movida de bares, copas, hoteles
... (por que ellos friegan, barren, sirven...), ni chachas, ni recogefrutos,
ni esos miles de trabajos que tan bien hicimos los españoles por
Europa hace muy, muy poquitos años.
Sí, es cierto que en toda Europa compartimos el mismo problema
(el hambre de ellos) e idéntica postura: aquí entre nosotros,
es distinto ... cada país se cree en situación única.
No hay quien pueda parar la avalancha, y pocos que asumiendo lo inevitable
(y sus ventajas) planteen soluciones intelígentes al margen de
demagogias y/o parches curalotodo. Salam
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