Hemeroteca Esta semana
Por P.A.N.
 
Nº 675 -19 de diciembre de 2005

Zheng Bijian diserta sobre el “pacífico ascenso” del ‘gigante’ asiático en Madrid

CHINA NO QUIERE DAR MIEDO

El pasado día 12 de diciembre, el portavoz del China Reform Forum, Zheng Bijian, pronunciaba una intensa e interesante conferencia en la capital de España. Organizada por el Club de Madrid, la Casa Asia y el Real Instituto Elcano, fue en la sede de esta institución donde resonaron las palabras y los argumentos del que también es dirigente del Partido Comunista Chino.

Hombre muy formado y polifacético, es considerado uno de los ideólogos más próximos al presidente de su país, Hu Jintao. Miembro del Comité Central de su formación política, presidente del Colegio de Humanidades y Ciencias Sociales, miembro de la Academia China de Ciencias, también fue viceministro de Propaganda, entre otros muchos cargos.

Su conferencia, “El ascenso pacífico de China”, constituyó toda una declaración expresa de las intenciones de su Gobierno, al tiempo que una llamada explícita a la comprensión internacional acerca de su complejo proceso nacional. En el fondo de su intervención gravitó la necesidad de desmontar las teorías que consideran al gigante asiático como una amenaza para el orden mundial. El enorme crecimiento que en los últimos años está experimentando la economía China, la preocupación acerca de su potencial militar, su relevante papel como imparable consumidor de recursos naturales y energías no renovables, eran elementos que gravitaban, inevitablemente, en un discurso impecablemente construido, y cuya finalidad era la de demostrar que la voluntad de la nueva China, ahora y en un no muy lejano futuro, cuando su papel de potencia económica sea ya indiscutible e irreversible, es la de sumarse y contribuir a la mejora de las condiciones en todo el planeta.

La teoría del “ascenso pacífico” o heping jueqi, como argumenta Pablo Bustelo, el investigador principal sobre Asia-Pacífico del Real Instituto Elcano, “ha sido desarrollada por especialistas chinos en relaciones internacionales con el apoyo de la actual dirección del Partido Comunista Chino (PCC) y del Gobierno. Pretende dar respuesta a las tesis opuestas de la “amenaza”. Precisamente, Zheng Bijian es uno de los principales ideólogos de esta teoría. En su exposición sostuvo que China está dispuesta –y que, de hecho, así lo está llevando a cabo- a emprender una vía de desarrollo pacífico. Hizo mucho hincapié en los retos a los que su nación debe hacer frente durante los años venideros. Mencionó la desproporción entre la población y en las distintas áreas geográficas de su gigantesco país del efecto del imparable crecimiento económico. También hizo referencia a la escasez de recursos energéticos que lastran de algún modo sus posibilidades de crecimiento, por el hecho de ser, prácticamente, importadores puros en este campo, especialmente de hidrocarburos. Mencionó los problemas medioambientales que nacen como consecuencia de su desarrollo industrial.

Bijian argumentaba que, para poder dar una respuesta satisfactoria a todas estas necesidades y problemas adyacentes a su propio crecimiento económico, desde una lógica interna, para su proyecto y su sociedad se hace imprescindible la vigencia de un sistema internacional en el que prime la cooperación como elemento fundamental, para lo que se convierte en necesaria la coexistencia pacífica entre países, a pesar de que sus culturas, sus posicionamientos políticos o sus modelos sean distintos. Entiende que cada país o región tiene unos condicionamientos diferentes y, consecuentemente, legitimidad para escoger el modelo de progreso que mejor se adapte a sus características.

En su alocución, el portavoz de China Reform Forum explicaba que en el diseño de su propio desarrollo, no sólo se contempla el respeto del orden internacional, sino que pretende contribuir a su fortalecimiento. La irrupción de su mercado –en muchos sentidos, nuevo para el resto del mundo- aparecía como una ampliación de las posibilidades también para el resto de naciones. Tampoco dejó de lado su nuevo rol como país en apoyo de otras más desfavorecidos, especialmente en el entorno asiático, y mostró la total disposición de su Estado a reforzar la seguridad internacional con una decidida apuesta por la vía diplomática, sustentada en la suscripción de los más relevantes acuerdos internacionales y convenios de cooperación a múltiples bandas.

No ocultó sus críticas a actuaciones –sin nombrar explícitamente los casos- de determinadas naciones que han utilizado la guerra como una vía para conseguir el abastecimiento de energía y recursos para el desarrollo de su propia economía, rechazando que en un futuro la estrategia de su Gobierno fuera a pasar por decisiones semejantes. En una última pincelada, Zheng Bijian rechazaba el pensamiento dominante durante la Guerra Fría, la confrontación entre bloques y el intento de “exportar” ideologías que caracterizó aquella época.

Atendiendo al análisis realizado por el Real Instituto Elcano, a través de su investigador Pablo Bustelo, no faltan ciertas razones a la exposición realizada por el portavoz del China Reform Forum. Los discursos sobre la “amenaza china” que se producen, básicamente en Estados Unidos y en algunas naciones de la UE –que temen la creciente competencia industrial y económica, más que a la amenaza militar-, no se sustentan en causas justificadas. Es cierto que el desarrollo de China durante los últimos años resulta espectacular. Su PIB se ha multiplicado por 11 desde 1978, y su tasa de crecimiento anual ronda el diez por ciento. En el mismo periodo de tiempo, su comercio exterior se ha multiplicado por 60, y crece a una tasa del 16 por ciento anual. Frente a 1.800 millones de dólares de inversiones extranjeras directas en 1978, en 2004 se alcanzaron los 60.630 millones. Según un estudio de Goldman sachs, el PIB chino podría superar al de Alemania en 2007, al de Japón en 2015 y al de Estados Unidos en 2039.

Pero también existen otros datos. El peso de la economía china representa el 13 por ciento de la del mundo, mientras que su población supone el 20 por ciento de la del planeta. Su PIB per cápita en 2004 era de 5.530 dólares, frente a los 40.000 de EEUU, los 30.000 de Japón o los 25.000 de España. Los cálculos efectuados por diversas agencias internacionales sitúan su gasto militar entre los 35.000 y los 75.000 millones de dólares anuales, pero esa cantidad sólo representa la séptima parte de lo que invierte en este concepto Estados Unidos, si se confirmase que alcanzan de verdad esos 75.000 millones de dólares. Frente a la idea de que China, por su alta demanda, es una de las principales responsables de los acusados aumentos en el precio del crudo, destaca el dato de que mientras que el país asiático consumió 6,6 millones de barriles al día en 2004, Estados Unidos gastó tres veces más, 20,5 millones. China importó 3,4 millones de barriles diarios, por los 12,9 que compró EEUU en el exterior.

El análisis de Pablo Bustelo, también hace referencia a la colaboración empírica de la economía china. Señala en su estudio que en 1998, en plena efervescencia de las crisis financieras asiáticas, China renunció a la devaluación de su moneda, lo que le hubiera favorecido. Está su apoyo concreto al desarrollo de países de su entorno, como Camboya o Laos, su papel destacado como donante ante la terrible crisis del tsunami de finales de 2004. También hay que tener en cuenta los estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI). Según sus estudios, entre 1999 y 2004, china fue la responsable de un 21 por ciento del crecimiento del Prducto Mundial Bruto, mientras que a Estados Unidos se le atribuye un 18 por ciento, a la Unión europea un 16, un siete por ciento a India y un cinco por ciento a Japón.

China no quiere dar miedo. Quizá no existan razones para ello.

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