Hemeroteca Esta semana
Por Josu Montalbán
 
Nº 670 - 14 de noviembre de 2005

‘ONU. Historia de la corrupción’, de Eric Frattini

¿Para qué sirve la ONU?

En el pasado mes de septiembre la ONU celebró una reunión histórica y trascendental. Histórica porque se han cumplido 60 años desde que la Carta de las Naciones Unidas fue firmada por cinco países, los cinco importantes –China, Francia, la Unión Soviética, el Reino Unido y los Estados Unidos–, que conservan aún su privilegio del derecho al veto de cualquier decisión o resolución propuesta a debate en la ONU. Y trascendental porque estaba llamada a provocar una reforma histórica. No ocurrió nada de nada porque la ONU está tan herida de muerte que no admite ninguna terapia. El mal de la ONU es estructural. Tras 60 años de andadura en los que ha pasado de tener 51 miembros a 191, sus estatutos siguen siendo un catálogo dudosamente democrático en el que no cuenta la ley de las mayorías y minorías.

 Como ocurre desde el 11-S con cualquier Cumbre en que intervienen los dirigentes y líderes políticos del mundo, la de septiembre se dedicó a hablar de terrorismo, dejando en un segundo plano el asunto más urgente, que es la erradicación de la pobreza. La agenda elaborada por Kofi Annan en el mes de marzo quería que la Cumbre fuera su hito más importante, su legado; mediante iniciativas ambiciosas que supusieran compromisos importantes en la lucha contra el terrorismo y la pobreza, al mismo tiempo quería reforzar la capacidad de la ONU para intervenir  en crisis humanitarias y ampliar el Consejo de Seguridad con la entrada de nuevos países.

Washington dijo no. Acostumbrado a vetar a su antojo vetó al mismo Kofi Annan. No estaba dispuesto a poner ni un centavo en ayuda al desarrollo, quizás porque la guerra de Iraq ha supuesto una carga económica insoportable y una merma en su aceptación considerable.

Pocos meses antes, la ONU y su secretario general resultaron implicados en un escándalo brutal que afectó principalmente al programa Petróleo por Alimentos que se desarrolló en Iraq. La denuncia está recogida en un libro escrito por el periodista Eric Frattini, un reportero que ha investigado muchos otros comportamientos corruptos de otras tantas organizaciones o ámbitos sociopolíticos. El libro ONU. Historia de la corrupción es una denuncia que implica, uno por uno, por razones diferentes, a todos los secretarios generales de la ONU, todos ellos contando con el beneplácito de los grandes dirigentes del mundo. Es difícil sintetizar el libro, incluso sacar una conclusión, pero podemos establecer las diferencias existentes entre lo que la ONU estaba llamada a conseguir y lo que ha hecho.

 ¿Qué es la ONU?. ¿Qué debe hacer? En 1945, 51 países elaboraron la Carta de Naciones Unidas. El precursor de la ONU fue la Sociedad de Naciones, creada en 1919, en similares circunstancias, pues si la Sociedad se creó en plena Primera Guerra Mundial, la ONU acuñó su nombre de Naciones Unidas en plena Segunda Guerra Mundial. Ahora son 191 los Estados miembros. Los últimos en ser admitidos, en septiembre de 2002, la Confederación Helvética y la República Democrática de Timor-Leste.

La ONU debe responder al empeño y voluntad de los países miembros resueltos a preservar a las generaciones futuras de la guerra “que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles”; a reafirmar la fe en los derechos humanos, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas; a crear las condiciones óptimas para mantener la justicia y a promover el progreso social y elevar el nivel de vida en un ambiente de libertad; a practicar la tolerancia y convivencia en paz; a unir fuerzas para mantener la paz y seguridad internacionales; asegurar que no se usará la fuerza armada sino en servicios de interés común, y a promover el progreso económico y social de todos los pueblos. Tales son los principios teóricos en que se sustenta la acción de la ONU, contenidos en el preámbulo de la Carta fundacional.

La existencia de la ONU está jalonada de miles y miles de Tratados y Resoluciones, generados en sus seis órganos principales: Asamblea General, Consejo de Seguridad, Consejo Económico y Social, Consejo de Administración Fiduciaria, la Secretaría y la Corte Internacional de Justicia.

En su página informativa de Internet, las noticias no pueden ser más optimistas. A favor de la paz, “las Naciones Unidas han contribuido a aplacar las crisis internacionales y solucionar los conflictos prolongados... Han trabajado para evitar el surgimiento de conflictos y después de cada uno surgido ha tomado medidas para hacer frente a las causas del conflicto y sentar las bases de una paz duradera”. Y, tras esto, enumera un larguísimo listado de guerras y conflictos en los que ha mediado con diverso resultado.

En favor de la justicia y los derechos humanos su logro más importante es la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que ha constituido la base de más de 80 convenciones y declaraciones sobre derechos humanos. En su andadura la ONU ha rebajado de 750 millones a poco más de un millón el número de personas que viven en territorios no autónomos y, por tanto, sometidos. Igual que en todos los apartados, la información establece la fecha del 11 de septiembre de 2001, en que tuvo lugar el atentado terrorista contra las Torres Gemelas, como el punto cero a partir del cual se miden, en una u otra dirección, el pasado y el futuro.

Probablemente, lo más chocante de la información es el capítulo relativo a lo que las Naciones Unidas hacen en la asistencia humanitaria. Choca la enumeración de actuaciones mientras omite las cifras del hambre y la pobreza del mundo actual. En relación con el escandaloso programa de Petróleo por Alimentos, la alusión se resume en su finalidad, “para aliviar las consecuencias humanitarias de las sanciones generales impuestas contra Iraq en 1990”. Nada más.

En favor del desarrollo todos los desafíos planteados se han saldado con sucesivos fracasos. La Cumbre del Milenio celebrada en el año 2000 marcó unos objetivos ambiciosos que debieran conseguirse a más tardar en 2015. Los balances anuales no pueden ser menos esperanzadores. Una reata de programas diferentes incide en los más variados problemas (mortalidad infantil, sida, mejora de la salud materna, paludismo y otras enfermedades, universalización de la enseñanza primaria, etc...).

El balance no es absolutamente negativo pero, ¿cabe hacerlo positivo ocultando los datos reales que constatan un mundo desequilibrado en el que hay demasiados conflictos, demasiado subdesarrollo, demasiada miseria y demasiadas vulneraciones de los derechos humanos?

 ¿Qué ha hecho también la ONU? Eric Frattini escribe un libro en que va desgranando todos los casos de corrupción que se han producido en la ONU y que han salpicado a todos los secretarios generales, desde 1945 hasta hoy, en que Kofi Anann afronta el más reciente, estallado en el programa Petróleo por Alimentos, en el que ha participado su propio hijo Kojo Annan. El libro de Frattini constituye una crítica a la forma de hacer política en el mundo y una denuncia de las  consecuencias que tiene dicha práctica. La ONU, a la que llama “Des-organización” es la síntesis del gran gobierno del “Sistema” en que el mundo vive. Aprovecha Frattini el comienzo de cada uno de los capítulos para mostrar citas, relacionadas con lo que va a tratar, en las que la Política sale mal parada: “Es muy difícil hacer compatibles la política y la moral”. Con la cita de Bacon aborda cómo se creó la ONU a partir de la Sociedad de Naciones. 25 años pasaron entre ambas organizaciones, 25 años y una Segunda Guerra Mundial con fatales consecuencias para Europa y el orden mundial. Los últimos años fueron agitados, se sucedieron reuniones diversas en las que los delegados representantes de los diferentes países, además de compartir las salas de reuniones compartieron lugares de diversión: “El local era uno de los más famosos clubes de striptease al que acudían músicos de jazz, jefes y miembros de la mafia y algún actor famoso”. Las chicas del local Billy Rose´s Diamond Horseshoe ofrecían servicios sexuales por veinte dólares de entonces. Alcohol y sexo hicieron desbarrar a varios padres fundadores de la ONU. Es cierto, como recoge el libro, que hubo alguna excepción: Gromyko se negó a ir, aunque no algunos de sus ayudantes.

La ONU comenzó su andadura con una máxima por la que “cuantos más funcionarios tengamos en la ONU más poder y control tendremos en su estructura”. EE UU y Gran Bretaña forzaron la máquina para llenar las oficinas con personas pertenecientes a ambos,  o a sus países aliados, al margen de su preparación. De este modo, Trygve Lie el primer secretario general, fue un buen recadista de EE UU: de un total de 636 cargos a ser distribuidos entre 51 países, EE UU ocupaba 273 cargos, es decir, el 43%”. Londres controlaba el 20% de los cargos, y la URSS, solamente un 0,94 %. Con estas proporciones, la participación de los miembros fundadores se desequilibraba y la vocación democrática de la ONU estaba en entredicho.

La supremacía de EE UU se consolida aún más con la donación del todopoderoso Rockefeller de 8,5 millones de dólares para  comprar el área de la Tortuga, en Nueva York, donde se instalaría la sede principal. De entonces datan las primeras críticas de corrupción económica que afectaron incluso al secretario Lie. El resultado fue que en seis años el cuartel general de la ONU ocupaba un rascacielos emblemático de Nueva York.  Desde allí “iban a desarrollarse muchas batallas de la Guerra Fría”.

Con otra cita, “La libertad política es una fábula imaginada por los gobiernos para adormecer a los gobernados” (Napoleón), Frattini observa que desde la década de los 40 a la de los 70 son innumerables los casos de espías soviéticos detenidos que operaban como funcionarios de la ONU. MacLean, Hiss o Gubitchev fueron algunos espías famosos. La CIA se convirtió en una perseguidora de traidores pero, ¡ay!, su campo de investigación eran los propios despachos de la sede la ONU. En 1952, un Gran Jurado Federal de EE UU proclamó que la ONU estaba llena de traidores norteamericanos, lo que llevó a Lie a establecer que ningún americano-comunista tendría derecho a trabajar en la ONU. Tras Lie, el siguiente secretario, Dag Hammarskjold, completó una de las épocas más oscuras de la ONU.

En estas labores de espionaje no faltó ningún tipo de práctica, siendo la más generalizada la práctica del “sexo furtivo” en todas sus variaciones para obtener información, además de la utilización de técnicas sofisticadas de espionaje. Aquellas prácticas de la ONU han sido utilizadas en operaciones groseras en diversas partes del mundo.

“Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa” (Proverbio chino). Con esta cita el autor ilustra cómo mientras se aprobaban resoluciones en contra de la discriminación de las mujeres y los abusos de todo tipo hacia ellas, la ONU ofrecía datos espeluznantes de su funcionamiento interno: una de cada cuatro mujeres trabajadoras de la ONU había sido acosada; al 60% de las acosadas se les había propuesto un ascenso; al 13%, mejores condiciones económicas o sociales; al 11 %, un contrato permanente, y a un 7%, el envío a una misión cómoda. Algunas mujeres, como C. Claxton, hicieron de sus fatales experiencias una bandera de lucha. En aquel caso, Butros-Galli decidió archivar todo el proceso, lo mismo que se hizo después con otros casos concernientes a la propia ONU o a alguno de sus organismos.

Frattini es especialmente incisivo y crítico con algunas decisiones de la ONU frente a conflictos étnicos. En Zaire, en Ruanda, en Srebrenica, en Kenia, en Camboya, en Mozambique, en Liberia, en Bosnia-Herzegovina, en Sierra Leona, en Kosovo, en el Congo, en... Sólo la lectura del libro puede resolver las dudas pero bien cabe resumirlas en la palabra corrupción: económica, social y de derechos humanos.

“Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad”. Lo malo es que, quienes han optado por rendirse a esta tentación comprensible de la cita de Delibes, no han sido desprotegidos, o sea gentes que no tuvieran nada. Tenían lo suficiente, en algunos casos mucho, porque sólo así uno se puede acercar a una organización tan poderosa, pero una vez en ella todos los comportamientos se han visto amenazados por las compras de voluntad. Incluso quienes era nombrados para combatir la corrupción, en demasiados casos,  han caído en ella. Las formas de caer han sido muchas. La ONU ha ordenado miles de informes innecesarios con el objetivo de derivar fondos a sus benefactores. Oficinas creadas para intervenir en las mafias de la droga se han convertido, a su vez, en mafias.

Etc.

La ONU precisa una profunda transformación que la haga más democrática. Debe modernizarse porque ya no se puede aceptar que cinco países puedan ejercer algún tipo de veto a los 185 restantes. Cada uno de los siete secretarios de la ONU, hasta ahora, ha sido salpicado por corrupciones a las que no ha respondido con diligencia. Lie, Hammarskjold, Uthant, Waldheim, Pérez de Cuéllar, Butros-Galli y Kofi Annan, ninguno de ellos de nacionalidad norteamericana, han sucumbido al poder del Imperio. Jamás han denunciado nada que les pareciera denunciable y han practicado la ley del silencio en demasiadas ocasiones.

Si la ONU no se transforma no sirve para el futuro de la Humanidad.

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