Hemeroteca Esta semana
Por Juana Vera
(Berlin)
 
Nº 667 - 24 de octubre de 2005

Ko Un, poeta

“ESTOY ENAMORADO DEL MUNDO”

Su voz inauguró la Feria Internacional del Libro de Fráncfort, el evento más importante del mercado editorial, porque Corea, su país, ha sido el invitado de honor. Galardonado con los premios de Literatura más prestigiosos de su país, forma parte de la pequeña lista de los posibles Nobel de Literatura.

Por Juana Vera (Berlín)

Entre 1952 y 1962 fue monje budista y llego a dirigir el Templo Chondung, de Corea del Sur. Durante esa época su poema Tuberculosis dio la vuelta al mundo.  Y su vida daría un gran giro cuando, en el año 1962, publicó Hankook Ilbo, su manifiesto de renuncia a la vida monacal. Acababa de iniciar una etapa que estaría marcada por el nihilismo, el abuso del alcohol y los intentos de suicidio. En los setenta se unió a los grupos de protesta  contra la dictadura, fue encarcelado y torturado, y poco a poco, su poesía se tornó combativa. En 1980, sospechoso de alta traición, fue condenado a cadena perpetua. Dos años más tarde, gracias a una amnistía general, consiguió la libertad, hasta 1990 no obtuvo el pasaporte que le permitiría investigar en  la Universidad de Harvard,  impartir cursos en la de  Berkeley o leer su poema Canción de la paz, en el año 2000, en la ONU. Presidente del Foro por la Paz de la Literatura Coreana y de la Asociación de Escritores del Sur y del Norte de Corea, ha publicado más de cien libros y sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas.  Una piedra en el límite de los campos (México City. Edición Oro de la noche, 1999)  y Diez mil vidas (Verbum, 2004) han sido publicados en castellano,  y Flores de un momento y Garland Sutra: una novela, se hallan en proceso de traducción a nuestro idioma. Su nombre, Ko Un.  Su lucha, la reunificación de Corea. Su ruego, que no se exageren las creencias religiosas.

—Por qué escribe usted?

— La poesía es la razón de mi existencia. La lírica es mi aliento.

—¿Cuándo decidió convertirse en poeta?

—Durante la época colonial, bajo la dominación japonesa, no pude aprender mi lengua materna. Estaba prohibido. Tras la liberación, en 1945, la recuperé. Dos años después inicié mi séptimo curso de Educación Primaria. Recuerdo que tenía que andar cuatro kilómetros para llegar a la escuela. Un día, cuando regresaba a casa, escuché un leve rumor. El sol aún no se había puesto. Oscurecía. De pronto vi algo a un lado del camino. Me acerqué. Lo cogí y era un libro de poesías de Han Ha Un. Alguien debía haberlo perdido. Pero para mí fue como si alguien lo hubiese dejado allí para mí. Aquella noche no dormí. Leí los poemas de un hombre que había sido leproso, que había vagabundeado por todo el país, que había perdido sus dedos. Todo mi cuerpo temblaba mientras leía sus versos. Entonces me juré a mí mismo que sería un poeta leproso como Han Ha Un. Pero un día debí olvidar mi promesa. Al final de la Guerra de Corea, caminé por mi tierra y en algún momento de ese viaje, comencé a escribir. Y aquello que escribí era poesía.

—La naturaleza fue esencial en sus primeros poemas. ¿Sigue siéndolo?

—El libro de la naturaleza es el más importante para mí. Al mismo tiempo, pienso que el libro es parte de la naturaleza. Cuando era joven viví una etapa en la que quemé los libros que poseía y mis propias obras. Entonces, sólo quería ir a través del mundo, ser un vagabundo. Pero luego volví a los libros. La naturaleza es un libro y mi corazón está unido a ese libro, pero también está unido a los mundos que hay en los libros.

—¿De qué tratará su discurso de inaguración de la Feria del Libro de Francfort?

—Todo está impreso pero no puedo decir nada. Sé que será traducido al inglés y al alemán. Pero ya no me acuerdo de lo que escribí.

—¿Qué canta usted en su poesía?

—En mi  poesía intento cantar la búsqueda de la verdad. Intento abrazar el mundo. A las distintas culturas que habitan en él, a las diferenes lenguas, a las distintas verdades que brillan, a través de esas lenguas, como estrellas. Otro tema que me interesa es el Universo, que para mí es una flor muy bella, a la que canto. Por otro lado, hay tres etapas en mi obra. La primera se inicia después de la Guerra de Corea y la muerte y la duda se hallan  en mis versos. Luego comienza la etapa combativa y después la dedicada al hombre.

—¿Qué es el lenguaje?

—El lenguaje es algo vivo en sí mismo. En ocasiones, los hombres pueden hacer algo suyo ese lenguaje, y surje una danza entre ese lenguaje y el que nace del hombre que logró alcanzarlo. Dios es para mí esa danza. En Corea vive Won Hyo, quien dijo que la verdad sólo se alcanza a través del lenguaje y también que la verdad sólo puede ser reconocida cuando uno se aleja del lenguaje.

—De los más de cien libros que ha escrito, ¿cuál es el más importante?

—Olvido la poesía una vez que la escribo. El poema desaparece, me deja, una vez que lo escribo. Puedo decirle, sin embargo, que en estos momentos trabajo en un libro sobre la vida de los hombres: Diez mil vidas. Esta obra se compone de treinta libros. Ya he conseguido escribir veinticinco, de los que se han publicado más de la mitad, alguno en castellano. Cada poema de esta obra trata sobre una persona.

—El mundo mira hacia Corea del Norte, porque supuestamente está fabricando armamento nuclear. ¿Qué le parece a usted esta situación?

—En el Oeste se piensa que Corea del Norte sólo tiene interés en fabricar armas y hacer la guerra, pero esto es parte de la propaganda. Hoy Corea del Norte no se halla en posición de iniciar una guerra ni quiere hacerlo. Estamos en el siglo XXI y hay muchos movimientos para finalizar con la división del país y en mi país, Corea del Sur,  se lucha para conseguirlo. Pero el imperialismo americano trata de impedirlo. Por otro lado, tiene que acabar la idea de que la felicidad de Corea del Sur depende de la infelicidad de Corea del Norte. Todos los países del mundo deben, unidos, intentar resolver los problemas de Corea. En primera línea, los americanos, los chinos y los rusos. En el año 2000, los presidentes de ambas Coreas se encontraron en Corea del Norte y España e Italia se preocuparon mucho de que este encuentro fuera un primer paso hacia la reunificación. Hay dos cosas que deseo para mi país: que las personas que pasan hambre en el Norte dejen de sufrir este mal, y que la mayor libertad que tenemos en Corea del Sur, llegue pronto al Norte.

—Habla usted en contra del imperialismo americano. Sin embargo, aceptó dar clases en la Universidad de Berkeley e investigar en Harvard.

—En general no critico a Estados Unidos. Pero soy crítico hacia una parte de este país. Tengo amigos allí y conozco a intelectuales norteamericanos que piensan como yo.

—¿Con qué sueña usted hoy?

—Sueño siempre. No puedo concretar el sueño. Sueño con el mundo. Me contemplo en el mundo. Posiblemente, a causa de este sueño en el mundo no me cansaré nunca. Imagínese a un niño que mira al horizonte desde la orilla del mar. Así me siento.

—¿Enamorado del mundo?

—Sólo cuando estoy enamorado del mundo pienso que éste puede darme, quizá un poco de amor, amarme un poco, muy poco.

—Un único diccionario para las dos Coreas ya está en marcha. ¿Es una señal de que uno de sus sueños, la reunificación de Corea, está cerca?

—Este año, los escritores del Norte y del Sur se reunieron por primera vez tras dieciséis años de división del país. Había soñado durante veinte años con este momento. Entre todos estamos realizando un diccionario que será usado en toda Corea. Presido este encuentro y este proyecto, que me hace inmensamente feliz.

—¿Qué papel puede jugar la Organización de Naciones Unidas en la reunificación de Corea?

—Pienso que la ONU debería tener más influencia en el mundo, al menos más de la que tiene hoy. El problema es que los americanos quieren tener más poder que los demás. Sin embargo, la ONU es un gran logro de la humanidad, es el primer peldaño hacia la paz perpetua y la unión de los pueblos.

—En Corea del Sur las investigaciones sobre clonación están muy avanzadas y la investigación científica es una de las mejores del mundo. ¿Cómo contempla usted el futuro  bajo la dominación de la biomedicina y de la biotecnología?

—De momento esto es una cuestión de ética, pero quizá dentro de cien años sea un problema de la realidad y no sé qué sucederá entonces. Por otro lado, la civilización nos trae cosas muy positivas, pero en un futuro nos dará cosas de las que los hombres no podrán responsabilizarse. Los clones de seres humanos serán quizá una realidad pero pienso que si hoy hay poderes que pueden renovar y crear de nuevo, en un futuro quizá no se podrá salir adelante con el poder de unos pocos hombres. A pesar de todo, pienso que la tierra no es un lugar de duda, sino de esperanza.

—Asia es objetivo del terrorismo. Recientemente, Bali. ¿Qué papel puede jugar la religión en el presente y en el futuro de la Humanidad?

—La religión ha protegido al hombre y lo ha ayudado a avanzar. Sin embargo, esto no significa que el fundamentalismo sea necesario. En el mundo hay mucha xenofobia y una religión que apoye esto lleva la máscara de religión, pero es una forma de violencia. Con respecto a mi posición ante la religión, me he distanciado de ella aunque me sigue interesando y sigo tomando cosas de ella. De hecho, a veces pienso que soy budista, otras pienso, simplemente, que hay otras cosas.  Sin embargo, cuando fui perseguido no rogué a ningún Dios para que me protegiera. Nunca he rezado cuando he comido algo delicioso o cuando he bebido, algo que hago con mucho gusto, o cuando me he enamorado. Nunca busqué a Buda para que me ayudara en situaciones difíciles, esto me parece muy cobarde. Mi único ruego para el mundo es que no se exagere la creencia religiosa. No acepto que alguien intente imponer una creencia al mundo.

—¿Qué es la muerte para usted?

—Cuando era joven, estuve muy cerca de la muerte. Intenté suicidarme cuatro veces. Pero no lo conseguí. La muerte estuvo muy cerca de mí, hoy estoy distanciado de ella. Sé, por otro lado, que tengo menos días de vida que antes, que la muerte vendrá. No tengo miedo. La acepto como algo natural. Recuerdo que un día escribí que me gustaría morir como una hoja que cae. Pienso que la vida es hermosa porque hay una muerte.

Hemeroteca Esta semana