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Reunión del G-8
¿CABE ÁFRICA EN LA MENTE DE LOS RICOS?
Nosotros,
gentes normales y corrientes, de poder adquisitivo normal, llenamos el
coche de equipaje (ropas escasas y limitadas para disfrutar el sol y,
previsoramente , alguna prenda de abrigo por si las noches acontecen con
brisa, o nos asiste algún chaparrón), y nos echamos a la
carretera, Sufrimos, eso sí, las incomodidades de los tiempos modernos:
los atascos al cruzar los pueblos o ciudades, las caravanas derivadas
del aluvión de coches en las ajustadas carreteras, los riesgos
del tráfico, las incomodidades generadas por los niños encarcelados
en esa penitenciaría portátil que siempre es un automóvil
cuando el viaje es largo. Gastamos nuestro dinero en gasolina, peajes,
chucherías, y en alguna que otra multa, pero disfrutamos también
del paisaje: montes y desfiladeros al norte, grandes lienzos de trigo
y cereales al centro, tapices vastos de girasoles al sur; a lo largo del
trayecto comentamos, si el cansancio nos lo permite, sobre las agujas
de las torres de las iglesias adornadas con cigüeñas, jugamos
al 'veo veo' con los niños o recordamos pasajes y vivencias de
las vacaciones del año anterior. Y así, como desgranando
las cuentas de un rosario, llegamos al Sur, a los dominios del Sol, allí
donde la lluvia es tan escasa, que deja agostarse a los campos en pleno
mes de Julio. Cuando vamos llegando, las mansiones y urbanizaciones van
apareciéndose como frontones blancos, farallones engalanados con
toallas de colores chillones que franquean, siquiera de modo discontinuo,
nuestra llegada al mar. Y buscamos entre las casas las callejuelas festoneadas
de tiendas (de cosméticos, de bañadores, de revistas, de
paletas y peloteas, de bazares, de ... ) para admirar la inmensidad el
mar y degustar, prematuramente, los quince días de estancia en
el paraíso.
Y bien, poco mas allá, justamente detrás de la bruma, está
el continente de los desheredados, de los parias de la Tierra, de la famélica
legión; allí í está la patria de los que no
la tienen porque su seña de identidad es el hambre y la miseria.
Es cierto que no todos la padecen y que, precisamente por eso, los más
pobres lo son cada vez más, porque son víctimas de las tropelías
de los propios vecinos. África no es el continente negro porque
sea negra la piel de muchos de sus habitantes, lo es porque han perdido
la fe, no esperan grandes progresos y la caridad no les alcanza para sobrevivir.
las fotos de la miseria recorren el mundo en las páginas de libros,
revistas y periódicos. Las imágenes de la pobreza invaden
los hogares de los satisfechos del mundo desde las pantallas de los televisores.
Las cifras de la masacre retumban en las mentes de los civilizados arrancando
muchos más ayes de pena que impulsos de solidaridad. África
es más que un nombre propio en los libros de Geografía,
porque ya es un símbolo de la injusticia y la desigualdad que definen
este mundo que ven próspero, con tanta soberbia como arrogancia,
los dueños de la Tierra.
Algunos datos esclarecedores. De los 700 millones de africanos, más
de 200 padecen desnutrición. La tercera parte de los habitantes
del África subsahariana padece algún tipo de desnutrición
que provoca secuelas graves. La esperanza de vida es 45,6 años
en África, mientras en Europa es de 78,9 años. La mortalidad
infantil es veinticinco veces mayor en África (101 por mil) que
en Europa (4 por mil). Los afectados por SIDA son el 7,2% en África
mientras en Europa solo afecta al 0,3%. Los ingresos por habitante son
500 dólares en África, lo que contrasta con los 22.810 dólares
por habitante en Europa. El consumo eléctrico per capita es en
África doce veces menor que en Europa, lo cual indica la abismal
diferencia en las cotas de bienestar de ambas sociedades. En África
hay más de 11 millones de huérfanos de padre o madre, o
ambos, a causa del SIDA. Hay re giones famosas por ser destino de excursión
nes lujosas y safaris, en las que el 45% de 1 población está
infectada de SIDA. En Angc la hay más minas antipersona enterradas
qu habitantes (13,5 millones). Pero África es tam bién rica:
en petróleo, en coltan (esencial pa ra los teléfonos móviles),
el 80% de las rE servas están en África, en minerales estraté
gicos empleados en centrales nucleares, e¡ caucho, en diamantes.
Grandes extensione de cacao son cultivadas por multinacionales en países
como Sudán o Etiopía, donde e hambre es una lacra generalizada.
África, e¡ fin, es rica en conflictos armados, no siem pre
de origen tribal ni étnico, y en pateras pa ra transportar hambrientos
hacia esa Tiem Prometida que es Europa. ¡Curioso y trágico
contraste!
Los líderes
del G-8, -ese grupo de dirigentes de los gobiernos de los siete países
más ricos del mundo, a los que se ha añadido Putin por el
arte de birlibirloque, aparecen en las fotografías empavonados
y sonrientes cada vez que se reúnen para discutir sobre el mundo.
Su última reunión ha tenido lugar en Gleneagles. Si no hubiera
sido por el atentado terrorista de la víspera, que costó
la vida a muchos ciudadanos (iBlair sabrá el número concreto!)
en Londres, sólo habrían debatido sobre dos asuntos: la
pobreza de África y el cambio climático. Y resulta chocante
que, para hablar sobre esos dos asuntos, tengan que blindarse mediante
la acción de 10.000 policías y dos helicópteros.
El peligro, ¡asómbrense!, es una manifestación de
ciudadanos solidarios M mundo pertenecientes a los movimientos anticapitalistas
que vienen reclamando que la globalización no sea utilizada como
el agente de la colonización del mundo por parte de las multinacionales
y las grandes corporaciones. Pues bien, ya ha finalizado la cumbre sin
que haya habido ningún altercado especial. Claro está que
la protección de los poderosos incluyó un cordón
policial alrededor del hotel en el que se reunieron, en ocho kilómetros
a la redonda. Los poderosos, cada vez se muestran más inaccesibles.
Los líderes del G-8, cuando se ponen el disfraz de 'geochos', tienen
la mirada distante, los pechos herméticos, los semblantes acres
y las manos cerradas. Desgraciadamente sus apariciones públicas
tienen como objetivo más importante mostrar su poder, mucho más
que enumerar sus posibilidades.
Pero lo peor de todo es que se muestren tan sordos ante el clamor de los
humanos. Porque la miseria también tiene embajadores, por cierto,
gentes opulentas en cuanto a patrimonio material, dispuestas a representar
a los que no se atreven a gritar sus injusticias. En vísperas de
la cumbre del G-8, el cantante del grupo U-2, Bono, y el también
músico Bob Geldof se reunieron con Bush. Previamente habían
organizado varios conciertos contra la pobreza en el marco de una campaña
cuyo slogan era contundente: "Convirtamos la pobreza en historia".
Pues bien, se oyeron las voces y los ecos. Corearon los más solidarios
los estribillos de los embajadores y pidieron que "la pobreza se
convierta en justicia". Se pronunciaron los intelectuales del mundo
dando rienda suelta a sus impulsos más esperanzados a favor de
los pobres, en pro de un futuro mejor para todos. El hotel en que se reunían
los poderosos del G-8 se convirtió en la gran montaña de
la famosa fábula de Samaniego que, con grandes alaridos, amenazaba
dar a luz. Todos los hombres y mujeres de buena voluntad, de todos los
confines del mundo, esperamos el resultado y, ¡oh sorpresa!, como
en la fábula, un ratoncil lo asustadizo fue lo que parieron. Porque
el esfuerzo no ha podido ser más endeble, teniendo en cuenta que
se ha tratado de una cumbre dedicada a África. La ayuda anunciada
para África, que llegará a 42.000 millones de euros en el
año 2010, viene supeditada a compromisos que convierten a algunos
gobiernos africanos en rehenes de los países poderosos. la cancelación
de la deuda a 18 países por valor de 33.000 millones de euros sólo
alcanza al 3% de la deuda total. En realidad, han condonado la calderilla
de una deuda que jamás van a cobrar. Y nada más, porque
el propio Blair afirmó que en materia de subsidios agrícolas
que son aplicados en los países ricos, y que deben ser liquidados
para que los países africanos puedan desarrollar su agricultura,
nada se ha avanzado. Por fin, la guinda del pastel: el necio Bush ha sido
capaz de admitir que, en lo referente al cambio climático, "existe
un problema" y que "la idea de que la mano del hombre está
produciendo el calentamiento de la tierra tiene base científica".
¿Cómo debemos entender estas afirmaciones: un logro, toda
vez que EEUU no ha firmado el Protocolo de Kioto, o una estupidez?. Yo
me inclino por lo segundo teniendo en cuenta de quien proceden.
Conviene no pasar por alto la puesta en escena del comunicado final de
la cumbre, porque al anfitrión Blair le rodeaban los líderes
del G-8, el presidente del Banco Mundial y el director gerente del Fondo
Monetario Internacional. G-8, BM y FMI son organizaciones bien poco democráticas,
en todo caso, nadie les ha elegido mediante ningún tipo de sufragio,
porque aunque los líderes del G-8 sean elegidos en el ámbito
territorial de sus Estados o Repúblicas, no son elegidos precisamente
para ejercer ese papel soberbio y absoluto
de gobernadores del mundo. No es extraño que, en tal puesta en
escena no se esbozara la más minina sonrisa. El rostro del poder
suele ser tan pétreo como mezquino. La
mirada de los poderosos suele ser tan penetrante como vacua. Los semblantes
de los omnipotentes suelen ser fríos y marmóreos como
los perfiles de las estatuas.
¿Qué
podemos hacer? ¿Hay algún modo de humanizar
el poder? ¿Qué es más fácil, hacer poderoso
a un humano o humanizar a un poderoso?. Todas estas dudas deben impacientarnos
porque el mundo es cada vez más injusto y, lo que es peor, cada
vez se muestra más tranquilo y cómodo en esa injusticia.
Mientras la miseria crece y las desigualdades son mayores cada vez, el
mundo va quedando en manos de los poderosos que se amparan en Organismos
Internacionales que crean ellos mismos para que les sirvan de defensa.
Chirac, en otro alarde de estupidez, dijo que no creía que hubiera
ninguna relación entre ¡os atentados sangrientos de Londres
y los acuerdos alcanzados en Gleneagles pero ¡les cierto que las
acciones terroristas aumentan nuestra solidaridad". ¿Cabe
concluir de las palabras de Chirac que el terrorismo puede ser útil?
El G-8 no ha aportado grandes soluciones al mal de la pobreza. Europa
sí puede hacerlo, de dos maneras: intensificando con generosidad
su ayuda a África, e induciendo
a los países y organizaciones que vienen
trabajando por la desaparición de la pobreza para que potencien
sistemas democráticos reales, para nada supeditados a balanzas
ni relaciones comerciales con países opulentos.
De procesos colonizadores camuflados tras acuerdos comerciales o de ayuda,
saben mucho los dirigentes del G-8.
Lo que África
necesita ha de llegar cuando el
mundo se rija por parámetros sociales y no por parámetros
estrictamente económicos. El G-8 sólo es un grupo elitista
al que le sobran algunas
monedas para hacer caridad y le fala voluntad para hacer justicia.
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