Hemeroteca Esta semana
Nº 657 - 11 de juLio de 2005

Luis Melero, autor de ‘La desbandá’

 

“MILES DE PERSONAS HAN SIDO OFENDIDAS POR 68 AÑOS DE SILENCIO”

 

Por P. A. N.

La desbandá’ se ha convertido en un fenómeno editorial de primera magnitud. La novela escrita por Luis Melero ha sido el libro de ficción más vendido en Andalucía durante las últimas semanas, por encima incluso del imbatible El código Da Vinci. La primera edición se agotó el primer día de su puesta a la venta. En ella, a lo largo de casi 600 páginas, el autor narra un periodo de nuestra historia  (1934-1937) en Málaga, que concluye con la masacre de miles de civiles por parte de la armada hispano-italiana y de los aviones de la Luftwaffe alemana que apoyaban a Franco. Ante la llegada de las tropas franquistas a la ciudad, se forzó el éxodo de más de 100.000 personas hacia Almería por la carretera de la costa. Durante esa huída que el general golpista Queipo de Llano había autorizado, prometiendo que no se atacaría a la población civil, más de 10.000 de los integrantes de esta caravana fueron abatidos por las baterías de los buques y las ametralladoras de los aviones, en uno de los más terribles episodios de la contienda civil, comparable al bombardeo de Gernika. El autor malagueño, que pronto cumplirá 64 años, ahora prepara otra novela situada en la época napoleónica.

—¿Cómo surge esta desbandá?

—Esta novela gira en torno a un suceso que marcó a mi generación. Yo soy un niño de los cincuenta y el hecho estaba bastante próximo como para que el terror padecido hubiera dejado importantes secuelas. Fui un niño de la época franquista, en la que todos los estímulos externos a tu ambiente, a tu familia, movían a creer lo contrario. Llegó un momento en que dudé de aquel dramatismo que se contaba. Pasaron los años y fui a vivir a Latinoamérica e iba con frecuencia a Estados Unidos. Un día en Nueva York me encontré a las puertas del New York Times y me dio por entrar a consultar en su hemeroteca. Allí encontré una nota terrible fechada en 1937 sobre el hecho. A partir de ahí me di cuenta de que había dado de lado injustamente a esta historia. Me puse a investigar y comprendí que había que contar lo sucedido, porque, además había un silencio absoluto al respecto en los medios españoles. Sentí la necesidad de reivindicar el sufrimiento y la dignidad de aquella gente que pasó esa pesadilla. La novela ha pasado por seis redacciones y ésta es la definitiva.

—¿Es cierto que todo el proceso le ha llevado 26 años?

—Sí. El proceso de investigación se llevó a cabo en los dos primeros. Lo que sucede es que yo,en aquel momento me dedicaba a la publicidad, pero era un inexperto en la literatura. La primera redacción no era publicable; la leyeron algunas personas en Málaga, como Manuel Alcántara, que me aconsejó ciertos cambios. Mientras tanto, me fui formando en la narrativa. Escribí un montón de cuentos y también novelas –tengo otras nueve por publicar-, fui finalista en el Premio Café Gijón con otra historia que nada tiene que ver con ésta y que está escrita con posterioridad a la primera versión de “La desbandá”. También fui finalista en 1992 en el Premio Ateneo de Sevilla con otra obra que tampoco está relacionada. Pero yo estaba pensando en esta novela; fue un proceso en el que me fui enamorando de los personajes, que ya forman parte de mi vida.

—Para confeccionarla también se valió de más de 270 entrevistas personales con afectados y familiares.

—El hacerlo conllevó muchísimo sufrimiento. Recuerdo el caso concreto de un marinero ya mayor, con voz aguardentosa, que estaba sentado a puerta de su chamizo en la punta más oriental de la bahía de Málaga. Este señor me señalaba con la mano la torre de la catedral. Me contaba que se acordaba de cuando tenía siete años y veía esa misma torre negra sobre un fondo rojo. Era como la escena esa famosa del cartel de “Lo que el viento se llevó”. Esa silueta negra sobre fondo rojo era una llamarada. Recordaba el hombre cómo su padre le tocó en el hombro y le dijo: “¡Niño!, vamos a echar a correr, porque mira la desbandá que viene de Málaga”. Se marcharon de allí a toda prisa y sus padres le llevaban de la mano. Al pasar los kilómetros, pasado Torre del Mar, aquel niño que va aferrado a las dos manos, de repente no puede seguir, y se da cuenta de que han muerto los dos. Me contaron el horror de una embarazada trabada entre los cadáveres ensangrentados. Te pones a llorar sin poder remediarlo y, a veces te cuesta narrar con la distancia debida.

—¿Cómo considera su obra, más como una novela o como un ejercicio de investigación histórica?

—Había, sobre todo, el propósito de hacer un alegato muy apasionado contra la guerra. Pero, además hay una necesidad de homenajear a unas personas que han sido ofendidas por el silencio durante 68 años. Por último, está la necesidad de contar una historia tan silenciada, pero, en definitiva, es literatura, una novela en la que los personajes creados son muy reales y sufren unas peripecias terribles, aunque muy atractivas literariamente hablando. Creo que cuando un narrador se acerca a la historia, debe hacerlo como narrador, no como historiador.

—Es una novela coral.

—Sí, aunque he elegido a un niño para ser el centro de la narración. Porque me importaba mucho, en razón de los testimonios a los que tuve acceso, que ese niño no tuviera una visión condicionada por una militancia política o por un interés familiar. Resultaba útil e interesante que el niño sufriera todas las perplejidades propias de un muchacho desde los 11 hasta los 14 años, que ese es el periodo en el que se desarrolla la historia. Pero él está contando lo que le está sucediendo a su familia, a la gente que le rodea. Es coral en ese sentido, aunque  el protagonismo es del niño inocente, que no juzga, sino que, simplemente cuenta lo que pasa.

—Parece que estamos ante un boom literario sobre sucesos de nuestra Guerra Civil.

—Puede ser. Esta novela narra un hecho terrible de la guerra, pero también una vida malagueña, dificilísima, desde la Revolución de Octubre de 1934, hasta el levantamiento franquista. Para mí es, sobre todo, un melodrama muy universal. No sé si merece ser incluida en ese boom, aunque, inevitablemente narra uno de los hechos más tremendos de la Guerra Civil.

—¿Es posible que esa proliferación se deba a que el tema de la memoria de aquellos años sea un asunto aún no bien resuelto hoy en día?

—Definitivamente no está bien resuelto. Y desde el punto de vista literario, tampoco. Hay novelas muy interesantes sobre la guerra civil norteamericana. Los españoles conocemos mejor la guerra civil norteamericana que la nuestra, porque se ha narrado a través de buena literatura y también de buenas películas. Esa memoria se conserva mejor cuando se puede inventar buena literatura. Yo aspiro a haber desarrollado una historia muy poderosa sobre la guerra civil.

—¿Ha llegado el momento de pagar esa deuda histórica? ¿Está este país preparado?

—Me parece que más que saldar deudas, hay que mantener la memoria viva para  evitar repetir lo que no se conoce. Me preocupa que en este 2005 ocurren cosas como las que ocurrieron en 1934 en España. Tenemos una serie de personajes públicos que se jactan de no cumplir las leyes. En eso hay bastante semejanza con 1934. Me preocupa y me inquieta. Esos políticos que todos tenemos en la cabeza quiénes son.

—¿Qué opinión le merecen los movimientos por la recuperación de la memoria histórica?

—Me parecen necesarios. La reivindicación de la memoria histórica es indispensable,por muchas razones; para saber quiénes somos, a qué aspiramos.

—¿Qué opina de ese movimiento del revisionismo histórico del que puede ser cabeza visible Pío Mora, que defiende la responsabilidad de la II República en el desencadenamiento de la Guerra Civil?

—Hay que revisar la historia con respeto. Pero la realidad constante en todos los ámbitos es que las historias que se cuentan están desarrolladas por aquellos a quienes han pagado los vencedores. Es muy difícil que una historia contada por el vencedor o por el que ha sido pagado por éste se aproxime a la realidad. Hablar de culpas no es sensato en estos procesos históricos y, además es injusto. Es cierto que España era un país invivible e irrespirable, no durante toda la República, pero sí durante un periodo prolongado. Los franquistas dicen que hacía falta cirugía, pero yo no lo creo. Hacía falta un presidente dispuesto a hacer cumplir las leyes. No se puede tratar a alguien que tiene una enfermedad, matándolo. Culpar a la República, ¿de qué? Ese revisionismo es erróneo. Explicar la Guerra Civil con buenos y malos es imposible. Casi todos los malos estuvieron en el lado de Franco, pero en el otro lado también había malos.

—Usted tiene una obra relativamente extensa, aunque, también relativamente reciente.

—Mi primera obra es de 1992. Pero ahora he publicado dos novelas muy seguidas que han tenido una cierta repercusión, “La desbandá” y “Oro entre brumas”, que también es una novela histórica, aunque sobre un hecho muy diferente y ubicado en otra época, la batalla de Rande, la flota de la plata, en 1702. Ahora ultimo otra novela, también histórica, sobre un grupo guerrillero en el Valle de Arán, los cátaros, durante la ocupación napoleónica.

Hemeroteca Esta semana