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Por
David Alvarado
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| Nº 648 - 9 de mayo de 2005 |
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“El islamismo político en Marruecos: Retrato desde dentro”, de Francisco Soto Nuestros vecinos del Islam Nadie puede negar que el fenómeno del ‘islamismo’, en general, sea uno de los temas de actualidad que más preocupa a la opinión pública mundial y a la española en particular. Al hilo de desgraciados acontecimientos en diferentes partes del globo, este tipo de posturas ideológicas han saltado a la palestra, siendo objeto de numerosos estudios y debates, desde diferentes perspectivas y desde heterogéneas disciplinas. Recientemente publicado, el ejercicio periodístico que ha hecho nuestro compañero de El Siglo, Francisco Soto, se nos antoja una aportación harto novedosa dentro del panorama bibliográfico actualmente existente sobre la materia. Tras una intensa experiencia en Marruecos, Soto, quien durante casi cuatro años realizó impecables aportaciones para El Siglo desde el país magrebí, haciendo ahora lo propio desde Cataluña, nos presenta con este volumen una contribución harto significativa y de un enorme valor, ya que, sin profundizar demasiado en cuestiones teóricas o históricas, lo que hace es dar la palabra a personas muy cualificadas del panorama académico, político, asociativo y a representantes destacados dentro campo islamista marroquí, como Nadia Yassine, portavoz del movimiento Justicia y Caridad, o Saâd Eddine El Othmani, recientemente elegido secretario general de Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD). Son ellos todos, hábilmente entrevistados por Paco Soto, quienes nos ayudan a intentar comprender mejor una cuestión sobre la que existen muchos equívocos y muchas falacias. Es de esta forma como, a través de13 entrevistas y varios capítulos de análisis de nuestro propio compañero, nos encontramos con suficientes elementos de juicio como para ver un fenómeno confuso que no sólo asusta a ‘occidente’ sino también a amplios sectores de la sociedad marroquí y del conjunto de área musulmana. Uno de los equívocos fundamentales, al respecto de este particular sujeto, nos lo encontramos en la definición de ‘islamismo político’. Como indica el propio Soto, “a grandes rasgos el islamismo político es un movimiento no estrictamente religioso: utiliza la religión únicamente como coartada ideológica, como referente cultural y social para defender determinados objetivos políticos, como pueden ser la conquista del poder, sea por vía pacífica o violenta, para establecer un régimen teocrático o bien una islamización paulatina de la sociedad”. En lo que respecta al caso de Marruecos en particular, continúa el veterano periodista, “existen dos grandes corrientes islamistas, a saber, Justicia y Espiritualidad, que se inspira del sufismo (corriente mística del Islam) y que defiende llegar al poder por la vía de las islamización social y cultural; y el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) quien, a su vez, presenta también ciertas divisiones internas. En mi opinión, dentro de este último, existiría una corriente adicta al régimen o muy cercana al poder y otra corriente que intenta jugar un cierto papel opositor. En el campo del islamismo político del país, además, existen grupos menores y luego la corriente del denominado salafismo combatiente, de inspiración wahabita (corriente ideológica de origen egipcio que propugna una vuelta a un supuesto pasado idílico del Islam, con ramas más radicales y con otras más moderadas) y de donde han surgido grupos muy violentos, autores materiales de varios atentados terroristas, como los de Casablanca del 16 de mayo de 2003”. Con todos estos actores y ramificaciones es por lo que Soto puntualiza que “es más correcto hablar de islamismos políticos, porque el movimiento es complejo, contradictorio y existen diferencias políticas e ideológicas notables dentro del mismo”. Interpelado sobre las causas del fenómeno, este alicantino de nacimiento sostiene que “el auge político y social de los movimientos islamistas marroquíes no es de orden socioeconómico sino ideológico y cultural. Los problemas socioeconómicos son un buen caldo de cultivo para el desarrollo de todo tipo de vectores políticos, pero no una condición sine qua non para ello. El factor subjetivo, las ideas, la cultura, la ideología, es determinante en este caso para el auge de los islamismos y más en este país, donde la masa crítica es todavía muy frágil, donde los valores tradicionales y el peso del conservadurismo actúan como factores que favorecen el auge de corrientes reaccionarias, del tipo que sean”. Varios de los entrevistados se refieren en sus declaraciones a la responsabilidad del estado marroquí en el surgimiento y en el auge de este tipo de corrientes contestatarias, así como en la propia responsabilidad de ‘occidente’. Nuestro colega también lo tiene claro: “es evidente que el estado marroquí tiene una gran responsabilidad en todo esto porque ha favorecido una enseñanza profundamente antidemocrática, donde no se acostumbra a los jóvenes a pensar y a reflexionar, utilizando de forma perversa conceptos como los de modernidad y tradición. Además, cuando le ha interesado, el propio poder ha manipulado a determinados grupos islamistas contra la izquierda y a colectivos salafistas (pretenden la vuelta al pasado, de forma más o menos violenta) contra aquellas corrientes islamistas que amenazaban los intereses de la monarquía”. Por lo que respecta al rol de ‘occidente’, Soto considera que “este preferiría un Marruecos en manos de barbudos integristas antes que un Marruecos verdaderamente democrático y estable. Es evidente que hay diferencias entre países y gobiernos, pero hasta ahora esta ha sido la estrategia fundamental de occidente: contraponer los islamistas a regímenes represivos y corruptos, lo que no es ninguna solución y no hace más que empeorar la situación”. Analistas destacados han querido ver en el auge actual de los islamismos en el mundo arabe-musulmán el fracaso de otras formas de representación política, que no han sabido servir de intermediarios válidos entre la gente y el poder. En Marruecos se mira directamente hacia los partidos políticos, los cuales no habrían estado a la altura de las circunstancias, no empatizando en ningún momento con las aspiraciones y con las inquietudes de su pueblo, y no sabiendo articular mecanismos válidos para actuar políticamente. En este sentido, nuestro antiguo corresponsal en Rabat, tiene claro este punto y para él “los movimientos antisistema se aprovechan de los errores de los demás para ganar terreno en la sociedad, influenciar a capas importantes de la población y acumular fuerzas”. El problema, como este bien nos señala, “es que no veo en los grandes movimientos islamistas marroquíes una verdadera capacidad de construir una alternativa política sólida. Señalas los problemas, los denuncia con habilidad, aunque con una buena dosis de demagogia y de populismo, pero luego no consiguen dar verdaderas respuestas a los problemas políticos, culturas, educativos y económicos. De alguna forma, los islamistas son movimientos que canalizan el descontento y las frustraciones del pueblo, lo que no es ni bueno ni mal. También el nazismo lo consiguió en Alemania y los fascismos y los comunismos hicieron lo propio en distintos países. Otra cosa es afirmar que es un movimiento de transformación profunda de la sociedad y, además, en clave democrática. Tengo mis dudas, lo que no quiere decir que no puedan surgir algunas corrientes conservadoras, tradicionalistas pero genuinamente democráticas, en Marruecos”. Interpelado sobre como manejar esta situación, sobre qué hacer en un futuro con estos islamismos, Soto nos hace participe de sus dudas a este respecto y de cómo “es muy complicado hacer afirmaciones tajantes sobre si hay que dialogar con ellos o reprimirlos. Es evidente que a los que ponen bombas hay que meterlos en la cárcel y que el peso de la ley tiene que caer sobre los que defienden posturas racistas o violentas. Ahora bien, teniendo en cuenta que Marruecos no es todavía un país democrático y con unas reglas de juego más o menos claras, creo que en la etapa actual hay que dejar que la gente se exprese y ejercer la crítica política. Sin libertad de expresión y crítica política de poco va a servir diabolizar a los islamistas para que pierdan fuerzas e influencia social y política”. Como conclusión, al respecto del futuro próximo de este tipo de corrientes ideológicas, Paco Soto postula que “eso dependerá de numerosos factores, tanto factores internos como externos. Entre ellos, en primer lugar, que Marruecos evolucione o no democráticamente y que pueda generar más riqueza con una cierta justicia social. En segundo lugar dependerá de qué tipo de fuerzas democráticas y modernistas pueden consolidarse en el país y si de verdad consiguen construir una alternativa razonable y viable al os problemas del país. Tampoco hay que olvidar el factor externo, lo que hace referencia a cómo van a evolucionar y resolver sus graves problemas los países del área musulmana y qué papel podría jugar Occidente en el futuro. Marruecos vive inmerso en el mundo en general, en el área arabomusulmana en particular, si bien no hay que olvidar que es un país muy vinculado a Europa”. |