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| Nº 604 - 24 de mayo de 2004 |
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“Los cinco sentidos del periodista”, de Ryszard Kapuscinski LA SABIDURÍA DE UN GRAN REPORTERO Por Juan Cacicedo El escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez puso en marcha hace diez años la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) para contribuir a la formación permanente y al mejor desarrollo de los profesionales de la información. A través de distintos talleres los jóvenes periodistas tienen la oportunidad de conocer de primera mano las reflexiones sobre el ejercicio de este oficio de destacados y prestigiosos profesionales que comparten con ellos sus experiencias y sus conocimientos del oficio. El Fondo de Cultura Económica y la Fundación unen ahora esfuerzos para poner el contenido de estos talleres al alcance de un público más amplio. Para ello lanzan la colección “Nuevo Periodismo”, que agrupará textos divididos en cuatro series: Antología y Diálogos, dirigidos al público en general, y Libros del Taller y Ensayos, dirigidos a los profesionales del periodismo (y, por supuesto, a todos aquellos lectores interesados en la compleja alquimia de la elaboración de las noticias). La colección está dirigida por el periodista y escritor argentino Tomás Eloy Martínez, autor de La novela de Perón o Santa Evita, obras en la estela de ese Nuevo Periodismo en el que la ficción sale al encuentro de la realidad. La iniciativa arranca con un volumen de excepción correspondiente a la serie Libros del Taller: Los cinco sentido del periodista (estar, ver, oír, compartir y pensar), de Ryszard Kapuscinski (Pinks, Polonia, 1932). En él se recogen las ideas y reflexiones que el reportero más prestigioso del mundo dictó en talleres de la Fundación en Cartagena de Indias, Ciudad de México y Buenos Aires. Este primer número de la colección “Nuevo Periodismo” se presenta en edición no venal que profesores y periodistas en activo pueden solicitar gratuitamente a través de la página web del Fondo de Cultura Económica de España (www.fcede.es). Muchas de las reflexiones de Kapuscinski sobre el ejercicio de la profesión y sobre el rumbo que ha tomado ésta en los tiempos actuales las conocemos ya a través de su obra, editada en España en su práctica totalidad por Anagrama. Esto, sin embargo, no resta ningún interés a estos “Cinco sentidos del periodista” que, como señala Tomás Eloy Martínez en el prólogo, “concentra en pocas páginas la sabiduría de un oficio que en Kapuscinski se confunde con la propia vida”. Kapuscinski analiza la evolución del periodismo en las últimas décadas. Para él, el cambio más importante que han experimentado las rutinas de trabajo consiste en que “el producto final que crea un trabajador de los medios masivos no es de su autoría, sino que constituye el resultado de una cadena de gente como él que participó en la construcción de una noticia”. Al mismo tiempo “la relevancia de los medios crece a medida que avanza el siglo” y “ya no existe la censura como tal, con excepción de ciertos países; en su lugar se utilizan otros mecanismos –que definen qué destacar, qué omitir, qué cambiar– para manipular de manera más sutil”. El desarrollo de los medios nos ha llevado a vivir en un mundo con una doble historia: la real y la virtual que conforman los propios medios. El gran problema se presenta, en opinión del reportero polaco, cuando “esta acumulación de construcciones de los medios nos hace vivir cada vez menos en la historia real y cada vez más en la ficticia. Es la primera vez que algo así le ocurre a la Humanidad. Enfrentamos un fenómeno cultural del que no sabemos cuáles podrán ser sus consecuencias”. En resumen, “la gente común conoce la historia del mundo a través de los grandes medios” y “cada vez más historias virtuales ocupan el lugar del mundo real en nuestro imaginario”. Otro de los grandes cambios experimentados por la profesión se deriva de que en el pasado “el periodismo se hacía por ambición o por ideales, pero de repente se advirtió que la noticia era negocio, que permitía ganar dinero pronto y en grandes cantidades. Eso cambió totalmente nuestro ambiente de trabajo”. Como consecuencia de ello la dirección de los grandes multimedia “quedó en manos de personas que no venían del periodismo ni se interesaban en esta profesión, sino que la veían como una mera herramienta, un instrumento para obtener ganancias altas y rápidas. Por eso los reporteros carecen de un lenguaje común con las cabezas de los medios, administradores de negocios que ni siquiera dominan el vocabulario del oficio”. Se queja Kapuscinski de que “en las discusiones sobre el poder de los medios se dedica demasiada atención a cuestiones como las leyes de mercado o la audiencia, y muy poca a los aspectos humanos”. En el contexto actual, muchos periodistas se sienten hoy en día como peones manejados a distancia a los que muchas veces se recurre desde la central para confirmar simplemente una noticia que ha llegado a la redacción por otros medios. Por propia experiencia está convencido de que “los mejores reportajes se escriben cuando la oficina central ni siquiera sabe dónde está uno”. Uno de los capítulos de este manual para buenos periodistas se centra en el fenómeno del Nuevo Periodismo que, como es sabido, surge en la década de los sesenta del pasado siglo, con la obra de escritores como Norman Mailer, Truman Capote y Tom Wolfe, quienes hicieron confluir “los acontecimientos y las personas reales que nutrían al periodismo tradicional” con “las herramientas y técnicas de la ficción que enriquecían la descripción de esos acontecimientos y personas”. El Nuevo Periodismo, en opinión del reportero polaco, presenta nuevos valores e importancia para el lector que piensa y que está interesado en conocer el verdadero sentido de la noticia, “porque es un género capaz de informar y también de explicar, comentar, provocar su reflexión”. Quizás aquí se eche en falta un acercamiento a los aspectos perversos y a las consecuencias de esa mezcla de ficción y realidad cuando la primera no se limita sólo a prestar sus técnicas y termina irremisiblemente engullendo a la segunda. Kapuscinski explica sobre los antecedentes del Nuevo Periodismo que una de sus características ha sido la de “borrar paulatinamente los límites entre los géneros” por lo que centra su contexto de aparición y desarrollo en esos libros “cuyos géneros de pertenencia resultan difíciles de precisar, ya que mezclan varios entre tapa y contratapa”. Cita como un clásico de este nuevo fenómeno Tristes trópicos, del antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, en el que “conviven estudios antropológicos sobre varias tribus indígenas del Brasil con reportajes sobre las aventuras del viaje, con un ensayo sobre las civilizaciones, con un diario personal...”. Y a la hora de hacer relación de los grandes precursores del género no se olvida de Los chuanes, de Balzac; de los Viajes italianos, de Goethe; de los Relatos de un cazador, de Turguéniev, o de las Memorias de la casa de los muertos, de Dostoievski. Ya en el siglo veinte, y sin tratar de ser exhaustivo, ve como precursores del nuevo género a George Orwell, con su Homenaje a Cataluña, y a Curzio Malaparte. Para superar la profunda insatisfacción que le producía el tenerse que constreñir a las ochocientas palabras de los despachos de agencia que durante décadas estuvo enviando desde África, Asia o Iberoamérica, Kapuscinski se vio obligado a “buscar un método mejor para narrar, un modo de superar la expresividad del lenguaje de la agencia de noticias”. De esta búsqueda han surgido sus mejores libros y un estilo inconfundible que integra magistralmente información, opinión y ensayo con un lenguaje literario muy cuidado. Por eso su recomendación para obtener el éxito en la profesión consiste en “tener una doble vida, vivir en estado de esquizofrenia: ser un corresponsal de agencia –o un redactor de periódico– que cumple órdenes y guardar, en algún pequeño lugar del corazón y de la mente, algo para sí, para la propia identidad, para las ambiciones personales”. La última parte de este libro recoge las preguntas que los alumnos formularon a Kapuscinski en los talleres. El maestro polaco desconfía de esa presunta objetividad que presenta los hechos tal como sucedieron separados de análisis o comentarios y que es más propia del periodismo anglosajón.“Esta teoría llamada objetividad –dice– es totalmente falsa y produce textos fríos, muertos, que no convencen a nadie”. “Yo –sentencia– soy partidario de escribir con pasión. Cuanta más emoción, mejor para el lector. No tengo dudas sobre esto: los mejores textos periodísticos han sido escritos con pasión, transmiten que uno está verdaderamente vinculado con el asunto del cual escribe. La emoción da fuerza al texto”. Y es aquí donde reside la clave del éxito del periodismo de Kapuscinski; en esa actitud ante el ejercicio de la profesión y ante la vida que asume que un periodista no puede distanciarse humanamente de los hechos que relata. “El tipo de relación que establezcamos con el otro –añade Kapuscinski– definirá nuestro trabajo”. Lo que explica por qué, en su opinión, los cínicos no sirven para este oficio. La gente de la que depende la información que vayamos a conseguir “nos mira y nos evalúa, constantemente, y advierte la diferencia entre un periodista que pregunta sobre problemas que realmente le preocupan y otro que llegó al lugar para obtener un par de respuestas sin compromiso alguno y partir. Sin empatía, esa habilidad de sentirse inmediatamente como uno de la familia, no es posible compartir los dolores, los problemas y las alegrías de la gente”. He aquí la sabiduría de un gran reportero. |