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Nº
513- 17 de junio de 2002
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Javier Roiz, escritor y catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense EL
SUR DE EUROPA TIENE QUE APORTAR UNA NUEVA VOZ Por Teresa Larraz Uno de los pensadores más innovadores en España, Javier Roiz, presenta en su primera novela el contraste entre la cultura latina y la anglosajona. Catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense, puede presumir de conocer ambos mundos tras haber enseñado en algunas de las universidades americanas más importantes y reivindica el valor de la temperies latina frente a la supremacía calvinista. Autor de obras fundamentales para el pensamiento innovador, como El gen democrático o La democracia vigilante y con Foro Interno, un anuario de teoría política recién puesto en marcha, Viaje a la gloria y la intemperie supone su interesante y profunda inmersión en el mundo de la novela. Qué le ha llevado a lanzarse a escribir una novela? Hay una razón científica: en el siglo pasado no hubo una teoría política genuina, todas las teorías actuales socialismo, sociedad de mercado tienen su origen en siglos anteriores, y estoy trabajando con un grupo de investigación para investigar por qué ha sido así. Trabajamos sobre los grandes maestros como Leo Strauss, todavía vivo, o Hanna Arendt y llegamos a encontrar el mundo de la retórica. Nos hemos dado cuenta de que la retórica no es lo que pensamos, el arte de hablar y de persuadir, sino el de decir, y a veces sin palabras. La retórica no puede existir más que en la democracia, pero esa profunda tradición antiautoritaria ha sido tergiversada; hoy estamos recuperando ese hilo de la temperies latina que ha sido calumniado como si significara ser un lorito. El sur de Europa tiene que aportar una voz al mundo actual y no lo ha hecho y, sin embargo, nuestra forma de vida es maravillosa. Para esta reconstrucción estamos yendo a la música de cámara, donde esas voces no han sido heridas: Scarlatti, Bocherrini, Paisiello, etc. Sin embargo, los calvinistas, cuando hablan del mundo moderno, ignoran todo eso, como si el descubrimiento de América, la música, la filosofía o el pensamiento no tuvieran nada que agradecernos, y eso es una fobia injusta. En su novela parece traslucir una admiración por Inglaterra. ¿No es una contradicción si quiere reclamar la cultura latina? Sí, es verdad, pero no queremos reivindicar lo latino en plan castizo, sino salir donde están la ciencia y los adelantos, absorber la ciencia norteamericana, la tradición política inglesa, para luego aportar nuestra propia identidad. El personaje de mi novela va a Londres, que es la gloria para él, pero poco a poco, en su foro interno es decir, en la ciudad que lleva dentro le empiezan a salir las grandes cosas que tiene detrás, de sus padres y abuelos, y se da cuenta del mundo tan extraordinario que está saboreando y vive desde dentro, pero desde el que empieza a brotar su propia tradición, hermosa y grandísima. Freud o Hanna Arendt también asimilaron el mundo alemán pero en la madurez les salió su tradición rabínica. Al personaje también, se llama Macabías, un nombre judío, y le sale su Sefarad España en hebreo, la sabiduría que hay en el sur, y en ese diálogo de igual a igual entre las culturas, viene la gloria y la intemperie. Cae de la gloria a la intemperie, idealiza aquéllo, pero luego se da cuenta de que no son sentimientos verdaderos. ¿Qué rasgos positivos diferencian nuestra cultura de la sajona? Creo que la cultura latina, que empieza en Nápoles, salta a España y luego a América Latina, es una cultura universal que, además, puede aportar mucho en las relaciones personales, diarias, en la visión de la trascendencia; no es ni mejor ni peor, sino una voz distinta. Es un país que, a pesar de haber tenido también un pasado salvaje, ha contribuido al mundo moderno de una forma extraordinaria en la música, en la plástica, en los viajes, aunque algunos países calvinistas no lo quieren ver así, lo cual es un empobrecimiento del mundo. Nuestra labor es recomponer ese mundo y aportar algo, no para decir que somos los mejores, sino estando completamente abiertos a otras cosas. Hoy esta generación española no tiene complejos, lo puede hacer. ¿Cómo ve el panorama del pensamiento español actual? Es un momento precioso, hay muchos autores a punto de salir y aportar esa voz, también en todo el mundo latinoamericano, aunque creo que habría que empezar por Nápoles. La música es una forma de discurso muy profundo, la usamos siempre en nuestro seminario, hay que restaurar lo que ha dañado el fundamentalismo con una nueva generación, aquí y en Latinoamérica. No tenemos que importar pensadores violentos y trasnochados como los dos o tres que hemos traído al Parlamento. Estados Unidos es un país fenomenal, pero nosotros podemos aportar nuestras cosas, por ejemplo, la parte catalana, que también influye mucho en el personaje del libro, porque se protege y resguarda en esta lengua, la temperies latina no es sólo el castellano. Hay un maestro español muy sabio que vive en Suecia desde hace muchos años y ha recuperado esta tradición retórica, se llama José Luis Ramírez; luego hay muchas personas valiosas, en España los jóvenes están muy preparados, mientras en Latinoamérica hay muchísimo nivel, por ejemplo en Venezuela y México. ¿Qué opina de la situación en España? Creo que España se ha situado en un momento excepcional, hemos salido de muchos años de fundamentalismo religioso y autoritarismo político hasta situarnos como una democracia equiparable a cualquiera en Europa, lo que me parece maravilloso. La derecha española, tan rígida y egoísta, ha conseguido dar una generación de políticos profesionales, eficaces, dialogantes, prestigiosos, y la izquierda también se ha hecho más sensible, ha dejado los gritos y la violencia. Sin embargo, también habría que pensar en un nuevo método, porque éste se está agotando. Hay un relevo asegurado, con gente joven muy preparada en la administración y la universidad, con la apertura a la inmigración, el éxito de las autonomías, es un momento dulce. Quizá ahora este Gobierno, a cuyo presidente yo admiraba por haber dicho que se iba, me está decepcionando, porque creo que se está dejando llevar por todo lo que tiene dentro, parece que está sacando todo el genio que se había tenido que tragar porque ya se va. Es muy desafortunado, podría haberse ido dando un ejemplo maravilloso al saber limitarse, en vez de enfrentarse con todo el mundo. ¿Cree que los pensadores deben tener una actitud de compromiso con estos problemas?¿Usted dónde se situaría? Yo no lo creo, en nuestra teoría política hay un foro externo y otro interno, y el posicionarse en público está bien, pero si es lo que haces luego en tu vida pública, cuando tienes que comprometerte en tu profesión. Creo que hoy empieza a verse mucho el vivir como si , algo que decía Freud, decir algo de cara a los que te ven y luego hacer otra cosa distinta. La población queremos que la política pase el test del día a día y también es muy importante la elección de los miembros de un partido, que hoy todavía conservan un lenguaje demasiado militar. Yo siempre me he considerado una persona progresista, pero ahora es difícil decir, porque los partidos tienen unas posiciones muy militantes, pero no deberían perder el sentido de la construcción de la ciudadanía. Uno de los principales problemas en nuestras sociedades es la inmigración. ¿Cree que la convivencia es posible? Yo creo que sí, la inmigración es buenísima, es una de las cosas que ha cambiado España para bien. Se pueden entender culturas distintas, aunque sea difícil. La inmigración es económicamente necesaria y culturalmente imprescindible y, en un país que ha sido tan cerril y rígido como el nuestro, es terapéutico recibir forasteros. Creo que nos estamos jugando mucho, de cómo sepamos tratar a los inmigrantes va a depender nuestra autoestima en los próximos años. Si los maltratamos nos va a producir una sensación de autorrechazo y depresión y nos va a envilecer. Los políticos tienen que ser muy cuidadosos en el trato que le dan a ese tema porque va a dar nuestra altura moral. ¿Qué le parece George Bush, auténtico representante del calvinismo? Creo que la sociedad americana ha perdido un poco el rumbo, y eso que soy su admirador, allí he encontrado a mis maestros, me ha tratado muy bien, pero ese país, con unas tradiciones democráticas tan profundas, empieza a tener la sensación de que están siendo desbordadas por un aparato económico enorme que tienen problemas para controlar. Uno de mis maestros, Sheldon Wolin, lo llama el Mega Estado, las instituciones no pueden con las fuerzas económicas, en un desbordamiento de todas la magnitudes que hace necesario otro tipo de fórmula política. La hegemonía de Estados Unidos, que es exagerada, esconde detrás el problema de lo nuclear, una amenaza de la que no se habla, pero que marca nuestra época. Yo estoy convencido de que vamos a vivir una catástrofe nuclear y Chernobil ya fue un aviso. Este mundo se está quedando pequeño, los países se parecen cada día más, la antiglobalización esconde una sensación de claustrofobia, y tendrán que salir nuevas ideas, porque no se puede mantener que la mitad de la población mundial se encuentre en un estado catastrófico. |