Nº 512 - 10 de junio de 2002

Antonio Tabucchi, escritor

“HAY QUE ENCONTRAR ARRUGAS EN LA INTERPRETACIÓN PLANA DEL MUNDO”

Por Jairo Máximo y Lois Valsa

El escritor Antonio Tabucchi (Vecchiano, Toscana, 1943) ha estado recientemente en Madrid para presentar su libro Se está haciendo cada vez más tarde, mientras el Teatro de La Abadía presenta en la capital durante todo este mes de junio su espectáculo Revés, que ya se pudo ver en Barcelona el año pasado. En esta entrevista con El Siglo aborda sus preocupaciones éticas frente al mundo actual, su rebeldía ante la imposición de una interpretación “plana” de la realidad y su interés por transmitir inquietud a su público lector.

Quién persigue a quién?   

—Mire... Yo... ¿Se acuerdan de que en la conferencia en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, cuando lanzaba mi libro Se está haciendo cada vez más tarde y hablábamos del escritor que normalmente tiene como oficio el de espiar la vida...

El problema es que la cosa es recíproca porque la vida también nos está espiando. Yo creo que es una especie de círculo vicioso. El escritor observa la vida como escritor. Y la vida lo observa. Creo que hay un gigantesco microscopio cósmico monstruosamente grande debajo del cual nosotros estamos como pequeñas bacterias. ¿Quién nos está mirando en este gigantesco microscopio universal? Ésta es la pregunta que tenemos que hacernos porque hay alguien ahí...

—¿Quién nos espía y para qué nos espía?

—El fin de este espionaje es bastante difícil de esclarecer: ¿Quién es el que nos está espiando? Había, digamos, una especie de teoría, una creencia que nos dejaba tranquilos hasta ahora, durante toda la sucesión de la cultura occidental, porque estábamos convencidos de que quien nos observaba era Dios y no necesitaba de microscopio universal. Después, los filósofos, los intelectuales y los pensadores del final del siglo XX nos han convencido de que Dios murió. ¿Y quién ha tomado la decisión?

—¿La decisión...?

—Sí. ¿Y quién ha ocupado ahora el lugar de Dios? ¿Quién está en su lugar para observarnos? Hay una máquina universal creada por todo este sistema de comunicación monstruoso, que tiene un terminal, digamos, que llega a alguien que nos ve, nos escucha...

—¿Silvio Heliogábalo Berlusconi, quizás?

—No. Este Silvio Heliogábalo Berlusconi es demasiado pequeño. Él también es observado.

—Es terrible esta maquinaria.

—Sí.

— Y que se presta a una manipulación mediática tremenda.

—Y, sobre todo, hay un banco de información, digamos, que acaba en alguien –en algún lugar– donde en un desierto del globo está una casita, donde caben todas las informaciones. ¿Y qué van hacer con esto? Por lo tanto, ¿quién espía a quién? ¿Quién observa a quién? ¿Quién persigue a quién?

—¿Y a nosotros qué nos queda? ¿Quizás una posición intermedia, de resistencia cultural?

—Sí. Y a nosotros nos quedaría también una cosa que podría ser una defensa, que sería observar al observador. Porque si la mirada es doble, ella es un poco más profiláctica, digamos. Es importante detectar al observador. De cualquier modo, digamos, es rechazar ser observado. Quiero decir, cuando nos damos cuenta que alguien nos observa tenemos que observarle también.

—Y cuando tú miras y ella desvía la mirada... ¿Cuál es el sentido del gesto?

—[Silencio] Probablemente que no es una mirada limpia.

—Entonces, en esta posición ética, habría una ocupación de los espacios y los tiempos para resistirse a esta mirada sobrecogedora.

—Sí. Yo creo que sería necesario encontrar unas arrugas, porque si la superficie es demasiada plana –sin arrugas– es muy problemático, porque estamos expuestos a la mirada del contrario. Me acuerdo, a este propósito, de una frase del filósofo neopositivista inglés Ludwig Wittgenstein (1889-1951), que en su vejez, después de haber escrito el Tratado Lógico Filosófico, que es una especie de superficie plana, de una lógica absolutamente implacable, se da cuenta de que esta lógica es peligrosa. Y tiene una frase que dice: “Por favor, deme una superficie arrugada”. Tenía miedo de deslizarse en la superficie plana que había creado con su lógica implacable. Esto es un poco la respuesta que da Wittgenstein a todo el proceso, digamos, cartesiano, lógico, científico...

—Es como replantear todo este proceso de razón...

—Y ustedes están viendo, si nosotros pensamos en términos lógicos, clásicos, cartesianos, nos damos cuenta que la lógica no es suficiente porque, por ejemplo, en su funcionamiento el sistema nazi de exterminio de los judíos tenía una lógica perfecta. Empezaba en la a, continuaba en la b, llegaba a la c, hasta llegar al extremo, hasta la zeta... La eliminación. Como un sistema de lógica es matemáticamente perfecto, pero la lógica matemática no es suficiente para la visión del globo.

—¿La justicia infinita y la libertad duradera no intentan también hacer plano todo el planeta?

—Sí. ¿Se acuerdan ustedes de cuando estábamos juntos en el Liceo y había una disciplina que se llamaba diseño geométrico? El profesor nos ponía un sólido en la mesa y decía: “Bueno… Ahora, este sólido, transferirlo en diseño”. Y tú transformabas una cosa que tenía varias facetas en una figura plana. La intención era la misma. Ahora, vivimos en un globo que es una esfera, que te dicen “mira: ahora esta esfera no es una esfera, es un diseño geométrico en el papel completamente plano”.

—Pero aquí hay dos metáforas. Una que es la de Charlie Chaplin (1889-1977) representando al gran dictador, pegando patadas al Globo. En cambio, este proceso de ahora ya no es sólo pegar patadas al Globo y sí es poner el Globo plano.

—Sí. Le están pasando como una plancha antigua. Hay un planchador enorme que hace chuumm... Claro. Entonces, éste es ya el mundo perfecto para ser observado desde este microscopio del desierto, que ya quiere ver todo plano.

—¿Cuál sería la alternativa a esta propuesta ética? ¿Sería también proponer géneros mestizos? ¿Proponer puntos de vistas diferentes?

—Yo creo que hay varias maneras de obstaculizar el proceso de esta planificación, de esta transformación en una superficie llana, de lo que es un sólido. Hay que encontrar fisuras.

—Frente a las mordazas.

—Sí, recusar la lógica binaria. Porque todo el sistema que él quiere instaurar se funda sobre una lógica binaria. Recordad cuando nos dicen: “¿Masculino o femenino? ¿Caliente o frío?...”. Hay una lógica binaria y si usted entra dentro de esta lógica no escapa. Tenemos que encontrar la salida y las posibilidades son infinitas.

—Con relación al tiempo, es común que la gente diga: “Yo no tengo tiempo”. ¿Qué contestaría a esta gente?

—Que ellas no están disfrutando del Tiempo. Lo importante es estirar el tiempo, es decir: “No tengo tiempo, pero me lo tomo porque el Tiempo es nuestro”.

—Y volviendo a recuperar espacios y tiempos, a reconstruir puntos de vista, a crear, digamos, otras redes diferentes, decisivamente no podemos dejar que conviertan nuestro tiempo en negocio.

Me parece que uno de los grandes escritores del siglo XX, el que señaló esta lógica perversa en la cual el sistema actual nos quiere hacer prisioneros, fue George Orwell (1903-1950), y esto podemos constatar en el libro 1984, donde él había intuido este sistema que ustedes dicen, donde las escrituras humanas obedecen a un mecanismo que tienen una terminal en un computador (ordenador).  Hay un mando en el ordenador. Y la criatura humana tiene que ejecutar todos los actos de su vida cotidiana como si fuera determinada por una programación informática. Bueno, esta es la manera y por esta razón, continuando con esta metáfora, me parece que una de las posibilidades de resistencia, de las cuales hablábamos antes, es introducir un hacker en el sistema para infectar la programación de la máquina.

—Pero hemos detectado que los mejores hackers trabajan para el Estado.

— Sí, pero también hay hackers individuales, clandestinos, libertarios... Y, continuando aún más las metáforas, digamos que hay también muchas inteligencias y muchos intelectuales trabajando para el Estado.

—Y, en este proceso de indagación, ¿usted no siente algunas veces un cierto desasosiego e incertidumbre?

—Sí, claro, muchísimas. Yo recibo mucha incertidumbre y siento mucho desasosiego. Y también quiero introducir esto en vosotros. Y quiero lanzar mi mensaje, que no sea un mensaje consolatorio, pero que sí tienda una punta de inquietud para inquietar a otro también… ¿Se acuerdan ustedes de una gran película titulada Fahrenheit 451?

—La película de François Truffaut (1932-1984) basada en una novela de Ray Bradbury. De la quema de los libros. Un futuro sin libros.

—Sí. Los bomberos servían para incendiar los libros. Y, como acto de resistencia o rebelión, él aprende de memoria un libro. Cada uno se queda con un libro. Y en el bosque ellos se lo cuentan personalmente uno a otro. El libro está en su cabeza. Y cada persona es un libro. Esto es una forma de rebelión o resistencia. Y esto es muy importante.

 

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