![]() |
||
|
Nº
508 - 13 demayo de 2002
|
|
Por José GARCÍA ABAD Hannah Arendt ha sido invocada esta quincena dramática para explicar la contrarrevolución francesa de Le Pen. Es curioso que Arendt, tachada de pensadora excéntrica e incalificable se haya convertido, un cuarto de siglo después de su muerte en referencia obligada para explicar nuestros problemas mas peliagudos. La filósofa-politóloga alemana, que no se consideraba ni filósofa ni politóloga trasterrada a Estados Unidos y nacionalizada en este país tras 17 años de huida de Hitler y exilio por su condición de judía estudio a fondo los movimientos totalitarios que distan mucho de desaparecer de la faz de la tierra, quizás obedeciendo a algo parecido a una ley sobre el desplazamiento perpetuo de los movimientos totalitarios. Arendt se dentro a fondo en el nazismo de Hitler y en el comunismo de Stalin, en una equidistancia en el análisis y la condena de nazis y comunistas que le valió a Arendt, situada en la izquierda, la excomunión de los intelectuales comprometidos. Ese es su mayor mérito y la fuente de sus actuales poderes; tuvo el coraje de pensar libremente y de expresarse con frescura, sin las muletas académicas al uso y, con frecuencia, recreándose en la provocación frente al pensamiento establecido, sin concesiones frente a lo que hoy designamos como políticamente correcto. A esta frescura de juicio hay que añadir su espíritu radicalmente demócrata que la ha convertido en musa de la nueva izquierda, o al menos de los que se esfuerzan en actualizar el pensamiento progresista poniendo el énfasis en la profundización de la democracia. LA REBELIÓN DE LA MASA INDIFERENCIADA Tras el respiro de la segunda vuelta de las elecciones francesas no tranquiliza que la ultraderecha haya cosechado mas votos que en la primera como tampoco que el voto antisistema, de la izquierda y de la derecha, represente un treinta por ciento del electorado. El pensamiento de Arendt ilustra algún aspecto muy relevante y poco comentado sobre este fenómeno y el del ascenso de la ultraderecha en otros lugares de Europa como Austria, Dinamarca e Italia. Me refiero a sus reflexiones sobre un malentendido: la supuesta adhesión tácita de una masa de ciudadanos no votantes, de ciudadanos no diferenciados como solemos llamarlos, al sistema. La siguiente cita que recojo de Los Origenes del totalitarismo es muy larga pero creo que debo transcribirla en su integridad en lugar de parafrasearla para que no se escapen matices de la lúcida exposición de la autora: El éxito de los movimientos totalitarios entre las masas significó el final de los espejismos de los paises gobernados democráticamente, en general y de las Naciones-Estados europeas y de su sistema de partidos, en particular. El primero consistía en creer que el pueblo en su mayoría había tomado una parte activa en el Gobierno y que cada individuo simpatizaba con su propio partido o con otro. Al contrario, los movimientos mostraron que las masas políticamente neutrales e indiferentes podían ser fácilmente mayoría en un país gobernado democráticamente, que, por eso, una democracia podía funcionar según normas activamente reconocidas solo por una minoría. El segundo espejismo democrático, explotado por los movimientos totalitarios, consistía en suponer que estas masas políticamente indiferentes no importaban, que eran verdaderamente neutrales y no constituían mas que un fondo indiferenciado de la vida política de la nación. Entonces hicieron evidente lo que ningún otro órgano de la opinión pública había sido capaz de mostrar, es decir, que el Gobierno democrático había descansado tanto en la aprobación téctica y en la tolerancia de secciones indiferentes e indiferenciadas del pueblo como en las instituciones y organizaciones diferenciadas y visibles del país. Así, cuando los movimientos totalitarios invadieron el Parlamento con su desprecio por el Gobierno parlamentario, parecieron sencillamente inconsecuentes; pero en realidad lograron convencer al pueblo en general de que las mayorías parlamentarias eran espúreas y no correspondían necesariamente a las realidades del país, minando así el respeto propio y la confianza de los Gobiernos que también creían en la regla de la mayoría mas que en sus constituciones. SICOLOGÍA DEL ULTRADRECHISTA Mantiene también vigencia su brillante análisis sobre la caída de los factores legitimadores, de los valores de adhesión de los ciudadanos, de la ruptura o bien del no sentirse concernido por el contrato social por el que el ciudadano atribuye la soberanía al Estado. Igualmente vienen a cuento sus reflexiones sobre la sicología del votante de ultraderecha. Por ejemplo sobre la curiosa contradicción entre el proclamado y cínico realismo de los movimientos totalitarios y su evidente desprecio por todo el entramado de la realidad lo que parece estar pensado para Le Pen y su absurdo programa sobre la Unión Europea o los impuestos. También resulta de aplicación inmediata al líder francés la naturaleza de la relación del líder totalitario con la masa: La sociedad se muestra siempre inclinada a aceptar inmediatamente a una persona por lo que pretende ser, de forma tal que un chiflado que se haga pasar por genio tiene unas ciertas probabilidades de ser creído. En la sociedad moderna, con su característica falta de discernimiento, esta tendencia ha sido reforzada de manera que cualquiera que no solo posea opiniones, sino que las presente en un tono de convicción inconmovible, no perderá fácilmente su prestigio aunque hayan sido muchas las veces en que se haya demostrado que estaba equivocado. Arendt invoca el descubrimiento hecho por Hitler de que se podía superar lo disparatado de su discurso adhiriéndose a una de las muchas opiniones corrientes con inquebrantable firmeza. Esta aterradora arbitrariedad de semejante fanatismo concluye Arendt ejerce una gran fascinación en la sociedad porque (...) se ve liberada del caos de opiniones que constantemente genera (Los orígenes del totalitarismo). Tampoco importa demasiado que cometan maldades siempre que las perpetren con habilidad. EL DÉFICIT PARLAMENTARIO Estos día se ha escrito mucho mas sobre las insuficiencias del régimen parlamentario y los defectos del procedimiento de representación un problema que tiene una larga tradición en la ciencia política. Nuestra pensadora echó tambien su cuarto a espadas con su rigor y elegancia característicos y ha insistido con vehemencia sobre la necesidad de llenar de participación real y en definitiva de política todos los ámbitos de decisión colectiva. El mismo sistema representativo dice Arendt refiriéndose a Estados Unidos se halla hoy en crisis, en parte porque ha perdido, en el curso del tiempo todas las instituciones que permitían la participación efectiva de los ciudadanos y en parte por el hecho de verse afectado por la enfermedad que sufre el sistema de partidos: la burocratización y la tendencia de los dos partidos a representar únicamente a su propia maquinaria. Por otro lado sigue siendo, en mi opinión quien mejor ha analizado los mecanismos totalitarios que ella diferencia de las dictaduras y que siguen vigentes para comprender como mantienen el poder regímenes donde vive la mayoría de la población mundial. EL ANTISIONISMO Y OTROS RACISMOS Hay también en el pensamiento de Arendt sobre el racismo algunas aportaciones útiles, aunque ella se haya centrado en el racismo antijudío o en los prejuicios contra los negros en Estados Unidos y no haya podido prever el racismo antimusulmán que es el que hoy se prodiga, especialmente en Europa. Aparentemente son racismos opuestos: el antisemistismo representa un cierto complejo de inferioridad ante una supuesta conspiración de personas que se supone han acaparado abusivas posiciones de riqueza y poder mientras que la xenofobia respecto al mundo árabe indica cierta superioridad frente a desarrapados que amenazan con robarnos la cartera. A pesar de que Arendt es judía y sufrió persecución por ellos resulta refrescante su posición contraria al estado de Israel y especialmente meritorio que lo hiciera desde antes de la creación de dicho estado. Señala, además, elementos interesantes sobre la mitología racista sobre la creación de unos imaginarios que pueden desembocar en actitudes igualmente hostiles de inseguridad. Está muy en su línea provocativa el elogio que dedica a los prejuicios que son peligrosos y eficaces en la medida en que siempre ocultan un pedazo del pasado, pues encierran un juicio que en su día tuvo un fundamento legítimo en la experiencia y que se convirtió en prejuicio al ser arrastrado sin el menor reparo ni revisión a través de los tiempos. Si queremos disolver los prejuicios receta primero debemos redescubrir los juicios pretéritos que contienen, es decir mostrar su contenido de verdad. Si esto se pasa por alto, ni batallones enteros de ilustrados oradores ni bibliotecas completas de folletos pueden conseguir nada. Quizás sean de mas inmediata aplicación sus consideraciones sobre la cuestión negra en los Estados Unidos, que admite una traslación a los racismos europeos. ....como la violencia necesita siempre justificación observa Arendt en Crisis de la República - una escalada de violencia en las calles puede dar lugar a una ideología verdaderamente racista que la justifique. (...) Podría, desde luego, provocar una reacción blanca realmene violenta, cuyo mayor peligro consistiría en la transformación de los prejuicios blancos en una completa ideología racista para la que la ley y el orden se convertirían en una pura fachada. En este caso todavía improbable el clima de opinión en el país podría deteriorarse hasta el punto de que una mayoría de ciudadanos deseara pagar el precio del terror invisible de un estado policiaco a cambio de contar con la ley y el orden en las calles.
|