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Nº
499 - 11 de marzo de 2002
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El movimiento antiglobalización va tomando forma. De una reacción anárquica, improvisada y violenta, que recordaba la actitud de los sindicatos ingleses contra las maquinas de la revolución industrial, se avanza hacia una cierta organización, sui generis, inorgánica pudiéramos decir, a un cuerpo doctrinal un tanto difuso, a un olimpo de santos, profetas, doctrinarios y apóstoles, de analistas, propagandistas y hombres de acción y a unas técnicas de lucha modernas e imaginativas que tiene poco que ver con las prácticas de los partidos convencionales. Por J. G. A. El nuevo movimiento tiene hasta un congreso anual: la cumbre social de Porto Alegre (Brasil), que permite la reflexión doctrinal la formulación de objetivos, estrategias y tácticas que ya han superado la etapa de los cristales rotos, y la consagración de líderes. El movimiento, en la medida que toma forma, que se respetabiliza, pierde inevitablemente parte de la exaltación romántica de los primeros tiempos y se enfrenta con uno de sus peligros: la integración, que es la principal arma del capitalismo maduro. Formaciones convencionales como el Partido Comunista de España, lo ha tomado oficialmente como bandera en su último congreso; los socialistas catalanes, con Pascual Maragall a la cabeza, han anunciado su presencia en la manifestación frente a la Cumbre europea de Barcelona, y hasta parece que el denostado Fondo Monetario Internacional (FMI) está dispuesto a subvencionarlo. La protesta está, pues, bien globalizada. Al mismo tiempo, se van formulando propuestas concretas que se centran en la denuncia de la explotación de los trabajadores del Tercer Mundo, de la lucha contra el trabajo esclavo o abusivo, se produzca éste en Corea del Sur, en Singapur o en la República Popular China, la explotación infantil, los atentados contra el medio ambiente y la desigualdad de trato a la mujer. En esta misma sección me he ocupado de algunos de los líderes del movimiento, y entre ellos de tres combativas féminas del mismo: Susan George, activista norteamericana afincada en Francia autora de Informe Lugano, supuesta conspiración del estado mayor del capitalismo; Susan Strange, catedrática norteamericana de Ciencia Política, recientemente fallecida, que estudió con bastante rigor la retirada de los estados frente al creciente poder de las multinacionales, y ahora llamo la atención sobre Naomi Klein, periodista canadiense, participante en la Cumbre de Porto Alegre y autora de un libro, No logo, subtitulado el poder de las marcas, que se ha convertido en uno de los textos de cabecera del joven movimiento. CARRERA HACIA LA INGRAVIDEZ Naomi Klein ha analizado el estatus actual del capitalismo mundial caracterizado por el predominio de las marcas. En su opinión, quien verdaderamente detenta el poder económico y un considerable poder político no son los productores sino los poseedores de las marcas. Se está separando la producción y la comercialización y quien manda es la marca, el logo, que es la concentración de mucho dinero en publicidad y márketing en busca de la reputación. Es una carrera hacia la ingravidez: la que menos cosas posee, la que tiene la menor lista de empleados y produce las imágenes más potentes, y no productos, es la que gana, comenta la autora. Los productos son más o menos iguales, lo que importan son los espíritus. El espiritualismo ha triunfado sobre el materialismo de las cosas; lo que se vende son estilos de vida, comuniones, modas. Los gurús de las marcas lo han explicado claramente: Polaroid no son cámaras, sino un lubricante especial; IBM no vende ordenadores, sino soluciones empresariales; Swatch no se ocupa de relojes, sino de la idea del tiempo; y según confesó a la autora, Anita Roddick, la fundadora de The Body Shop, sus tiendas no dependen de lo que venden, sino que son vehículos de una gran idea: una filosofía política sobre las mujeres, el medio ambiente y la ética de la economía. Nike subcontrata la producción de sus zapatillas deportivas con fabricantes coreanos o pakistaníes, pero las zapatillas no son un mero producto sino un concepto mítico, avalado por ídolos como Michel Jordan, por las que los adolescentes pueden matar y que inculca en quien las compra la sensación de pertenecer a una cofradía de iniciados. El poder de estas marcas lleva implícita su debilidad, y el movimiento ha golpeado a Nike, acusándola de la explotación de niños del Tercer Mundo, de admitir condiciones de trabajo inhumanas en las factorías que le suministran. La revista Life publicó fotografías de niños pakistaníes que recibían un salario de seis centavos de dólar por hora inclinados cosiendo balones de fútbol que llevaban el inconfundible logo de Nike, Adidas, Reebok, Umbro, Mitre y Brine. Es también el caso de la Shell, en lo que al medio ambiente se refiere, que tuvo que dar marcha atrás respecto al achatarramiento en el mar de una vieja plataforma petrolífera. O el de Gap, que tras sus esfuerzos por lavarse la cara se le ennegreció de nuevo a raíz de la revelación de que tenía una fábrica ilegal en El Salvador . Al Ratón Mickey de Walt Disney le cazaron al descubrirse que un contratista haitiano fabricaba pijamas de Pocahontas en condiciones tan míseras que los obreros se veían obligados a alimentar a sus hijos con agua azucarada. A Matel, cuando se descubrió que los menores de Indonesia y China trabajaban en condiciones de semiesclavitud para que las niñas estadounidenses puedan poner bonitos vestidos a sus muñecas. Igualmente están en su punto de mira The Body Shop, Gap, Ikea, McDonald´s, Monsanto, Carlsberg, Heineken, Pepsi, Chevron, Toys R Us, Nestlé , McLibel, Wall-Mart y tantas otras. Los movimientos ciudadanos de boicot han obligado a las grandes marcas a gastar mucho dinero y lo mejor de sus recursos humanos a defenderse contra los nuevos activistas. LA TÉCNICA DEL JUTIJSU Se ha desplegado imaginación en las técnicas de lucha. Rodríguez de Gerarda, un prestigioso publicitario se ha aplicado a la piratería publicitaria que consiste en parodiar los anuncios y en asaltar las vallas callejeras para alterar sus mensajes; crean así contramensajes que se apoderan de los métodos de comunicación de las propias empresas. Con una sola bofetada dice Kalle Lasn, editor de la revista Adbsuters de Vancouver valiéndose de la técnica del jujitsu, haces caer de espaldas al gigante. Nosotros utilizamos la fuerza del enemigo. El Frente de Liberación de las Vallas Publicitarias pegó sobre la mayor valla de San Francisco donde figuraba un gigantesco cartel de Levi´s, el rostro de Charles Manson, el asesino múltiple, porque los vaqueros son fabricados por prisioneros chinos y vendidos a las instituciones penitenciarias de todo Estados Unidos. Negativland lanzó el disco Dispepsi, parodiando sus jingles con letras de protesta: Mi patrón me despidió. Pepsi. O Clavé a Cristo en la cruz. Pepsi. El asqueroso olor de las fábricas. Pepsi. Yahoo! Ya tiene una página oficial de piratería publicitaria en Internet. El Movimiento Recuperar las Calles que surgió en mayo de 1995 ha acuñado el lema: Bajo el cemento un bosque, en referencia al eslogan del 68 en París: Bajo el empedrado... una playa. Londres, Sidney, Helsinki, Tel Aviv, Valencia, en los lugares más apartados del mundo cada fiesta tenía una organización propia, pero con la ayuda de listas de correo electrónico y de páginas de Internet, los militantes de distintas ciudades podían leer los informes sobre los acontecimientos similares que se celebraban en todo el mundo, intercambiar estrategias para desorientar a la policía, compartir métodos para cortar el trafico y para dar a conocer los carteles, los informes de prensa y las octavillas de los demás. Los ciclistas de Critical Mass, que confluían en determinadas calles imponiéndose sobre los automóviles; los lanzadores de tartas a políticos y empresarios (Brigada de la Cocción Biótica), que han lanzado sus dulces mensajes sobre Bill Gates, presidente de Microsoft; Robert Shapiro, de Monsanto; Ken Der, de Chevron; Renato Ruggiero, director de la Organización Mundial del Trabajo, y Miton Fridman entre otros. EL PODER MULTINACIONAL ¿Tiene alguna formulación política general esta batalla?: Lo esencial de esta convergencia de la militancia contra las empresas y las investigaciones sobre ellas concluye Naomi Klein es el descubrimiento de que las corporaciones son mucho más que suministradoras de los productos que todos necesitamos; también son las fuerzas políticas más poderosas de nuestra época. En línea con las conclusiones de las otras damas citadas, Klein llama la atención sobre el hecho de que siglos de reformas democráticas que habían logrado crear gobiernos más transparentes se revelan de pronto ineficaces en el nuevo clima de poder multinacional: ¿Para que sirven un parlamento o un congreso abiertos y responsables, si unas empresas impenetrables deciden tantas cuestiones de la política mundial en la trastienda?, nos pregunta y se pregunta la autora, quien es optimista en la respuesta, en la capacidad de hacerles frente puesto que la imagen de marca, fuente de tanta riqueza para las empresas, también constituye su talón de Aquiles. |