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Nº
533- 2 de diciembre de 2002
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Con mano izquierda de Gemma Zabaleta y Denis Itxaso, con prólogo de Victoria Camps Otra lectura de la realidad de Euskadi Por Eduardo Sotillos Un ensayo sobre Euskadi en cuyas primeras páginas los autores ya reclaman su derecho y su deber a dudar; un libro en el que se afirma de entrada la convicción de que el final de la violencia será dialogado y que ello habrá de comportar algunas renuncias en los programas de las fuerzas que protagonizan la confrontación en el País Vasco, tiene muy pocas probabilidades de convertirse en un éxito de ventas ni de críticas. No creo que Gemma Zabaleta y Denis Itxaso, dos socialistas vascos, guipuzcoanos, que están en el punto de mira de ETA, pero que no están dispuestos a abandonar ni su compromiso político ni su tierra, vayan a ser exaltados en los grandes medios de comunicación ni invitados a dar a conocer sus ideas en las mismas o parecidas tribunas que Savater o Juaristi. De hecho, este ensayo del que hoy me ocupo ha llegado a mis manos por una extraña serie de circunstancias a las que no es ajena mi peregrinar por Cataluña en el intento de dar a conocer un libro propio. Con mano izquierda no consigue hacerse ver entre las columnas de volúmenes de las memorias de García Márquez o Vizcaíno Casas por supuesto, del ganador y finalista del Planeta o de la recopilación de artículos de Jiménez Losantos sobre Aznar. Se trata, sin embargo, de un trabajo de lectura imprescindible para tantos miles de personas que se expresan a diario sobre la tragedia vasca desde polos de incomunicación, desde posturas radicales y estériles. Los autores no se recrean en describir el laberinto vasco, sino que quieren ayudar, con sus reflexiones, a salir de él. No son páginas escritas desde la resignación y el victimismo, aunque Zabaleta e Itxaso se reconozcan víctimas de ETA. Pero no admiten que la moneda de cambio por su angustia del día a día, sea recibir compasión, una palmada en la espalda, y la renuncia consecuente a investigar nuevas vías para encontrar soluciones. Se preguntan cómo es posible que tantos políticos hayan consumido sus largos años de gestión y hayan pasado a la reserva sin haber rozado con sus dedos la paz en Euskadi... y se trata de una pregunta bien oportuna. No podemos legar a las futuras generaciones este perpetuo drama que nos deja sin energía para contribuir a los nuevos desafíos del mundo y mutila nuestros mejores sentimientos haciéndonos retroceder en el reloj de la historia.[...] Hoy, cuando la política vasca se ve embarcada en una huida hacia delante, la izquierda está llamada a gestionar su complejidad y exhumar la esperanza. Hace falta mucho coraje no solo intelectual para introducir matices en los discursos dominantes, enfrentados por la divisoria nacionalismo-constitucionalismo, y ensuciados por la acción terrorista que distingue muy bien a sus víctimas preferentes: los representantes políticos del PP y del PSE-PSOE. Zabaleta e Itxaso parecen tener sobradas reservas de ese coraje cuando, tras reproducir la literalidad de las palabras utilizadas como armas arrojadizas por Aznar-Arzalluz con ocasión de la promulgación de la Ley de Partidos, un lenguaje preñado de mensajes belicistas, se arriesgan a escribir: Ante esta conflictividad agobiante, ante este agotamiento de la política para afrontar con rigor y valentía la Euskadi pendiente, se impone una auténtica muda de la cultura democrática. Buena parte de las doscientas páginas de este ensayo se dedican a analizar las causas de fondo del terrorismo de ETA, prioridad comprensible cuando se denuncia que ya no queda nada, ningún espacio de la política institucional o social, que no se vea contaminado por el terrorismo. Queda claro para los autores que ETA no se muestra capaz de aceptar la realidad del pluralismo vasco y la necesidad, consecuente, de renunciar a imponer su proyecto, pero se resisten a una especie de fatalismo que conduciría a la izquierda vasca a aceptar acríticamente la línea impuesta por el PP, renunciando a sus rasgos de identidad que la obligan a la búsqueda de las explicaciones de los fenómenos desde la libertad del pensamiento. Ese análisis de las causas exige para no tener que soportar el acoso y la descalificación de quienes disparan la acusación de filoterrorista contra cualquiera que se aparte un milímetro de la doctrina oficial insistir hasta el aburrimiento en que no significa lo mismo la palabra causa que las palabras razón o justificación. No hay razones ni justificaciones para el terrorismo, pero sí es lícito investigar en las causas, para intentar erradicarlo desde el origen. La izquierda, también en el caso de la respuesta al terrorismo que soportan otros pueblos, está renunciando a construir su propia fórmula a causa de la necesidad de presentar un frente común con los partidos conservadores aun a riesgo de diluir su mensaje propio. Detectado ese peligro, Gemma Zabaleta y Denis Itxaso, reivindican un análisis independiente desde la izquierda de las causas que inoculan el germen de la violencia en los jóvenes vascos. Tras admitir metodológicamente las conclusiones de los estudios sociológicos que mencionan el entorno familiar, el social y el escolar, como determinantes para esas actitudes, los autores de este ensayo se atreven a cuestionar afirmaciones tan universalmente aceptadas como que las ikastolas ocupen la posición de vanguardia en la responsabilidad de fabricar terroristas. Aun aceptando que son ciertos algunos comportamientos permisivos con la violencia, que deberían ser perseguidos con la ley en la mano, Zabaleta e Itxaso dan, y esa es la tónica de su planteamiento global, un paso hacia delante al alertar contra el gravísimo riesgo que supondría criminalizar en su conjunto la tarea de las ikastolas, por lo que ello supondría de ensanchar el foso que separa actualmente las dos grandes comunidades culturales reconocibles en el País Vasco y entregar el monopolio de lo euskaldún no ya a los nacionalistas, sino a los terroristas. Mayor influencia que al entorno educativo se concede en este libro al ambiente familiar, a partir del dato de que nada menos que un 16% de quienes practican la violencia afirman que pertenecen a familias en la que ya ha habido algún detenido. Una buena terapia disuasoria del victimismo y la retroalimentación familiar sería para los dos autores de este ensayo cuestionarse la utilidad de las medidas de dispersión y el alejamiento de los presos. Lo plantean, en todo caso, como un interrogante: ¿Puede ser efectivo evitar toda una caravana de autobuses hacia los diversos centros penitenciarios de España rutas en las que sin lugar a dudas germinan el odio y el fanatismo, caldo de cultivo de la violencia en una especie de ritual sagrado?. No parece que la mera exhibición de unas dudas comprensibles sobre los mejores métodos para atacar las raíces de la violencia debiera aparejar ningún tipo de sospecha sobre la existencia de veleidades en la descalificación del terrorismo, pero a buen seguro que las reflexiones que se ofrecen en Con mano izquierda excitarán la inquina tanto de los que no están dispuestos a admitir otra política que la que está en curso, como de los que puedan pensar desde la trinchera terrorista que este tipo de actitudes pudiera demostrarse eficaz a la hora de mermar las bases de apoyo a la violencia. Es oportuna la cita que se hace del sociólogo Javier Elzo: ...una política antiterrorista supone preguntarse con rigor cómo es posible que, tras encerrar en la cárcel a cinco terroristas, haya 25 chavales dispuestos a coger su relevo. La filosofía subyacente en todo este ensayo es la confianza en la fuerza de las ideas democráticas y la necesidad de buscar todos los caminos posibles para establecer puntos de encuentro para el debate. Encuentro muy sugestivo el modo de enfrentarse, desde una perspectiva no secesionista, a las recientes propuestas del lehendakari Ibarretxe, y concretamente, a la hipótesis de celebración de una consulta popular con el objetivo de la autodeterminación: Si aceptamos que la realidad vasca es mestiza, que las identidades son cambiantes y diversas, que por lo general la mayoría de los ciudadanos se mueven en posiciones eclécticas que distan mucho de los radicalismos al uso, entonces no podemos abocar a la sociedad vasca a elegir entre seguir como estamos o dar un giro independentista que rompa amarras con todo lo construido hasta ahora. Ofrezcamos nuevos métodos y nuevos contenidos que desmitifiquen el conflicto vasco en sus actuales coordenadas, y transformémoslo en una locomotora de oportunidades que nos permita coger el tren del futuro aprovechando las potencialidades de las nuevas realidades supraestatales. He comentado este libro con personas a las que reconozco larga experiencia en el irresuelto problema vasco. La mayoría no habían leído todavía el ensayo y ni siquiera tenían noticia de su existencia. Casi todos, no obstante, me han reconocido la digna trayectoria cultural y política de los autores, representantes de una corriente minoritaria en el socialismo vasco. Alguno me los ha definido como unos ingenuos cargados de buena voluntad. Yo no los conozco, pero su libro ha contribuido a algo tan importante como obligarme a tener en cuenta, al menos, otras interpretaciones distintas a las que circulan como dogmas por las tribunas públicas. Ojalá que esta reseña sirva para incorporar las ideas de Gemma Zabaleta y Denis Itxaso a un debate en libertad, y ojalá, también, que fuera cierta la cita de Gerry Adams que encabeza uno de los capítulos del libro: Es mucho más difícil matar a aquel al que conoces y con el que hablas. Lamentablemente, muchos pistoleros de ETA han superado esa dificultad. l |