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Nº
484- 19 de noviembre de 2001
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Carlos
Martí, presidente de la Unión de Escritores y Por Silvestre Pérez Laguna Debe llamarnos a la reflexión el hecho de que el 11 de septiembre, cuando morían más de 5.000 personas inocentes en las Torres Gemelas, también dejaban de existir 30.000 niños por hambre en todo el mundo. Así lo asegura Carlos Martí, poeta y presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Además de haber donado sangre para socorrer las víctimas del atentado, los artistas cubanos estarían dispuestos a actuar, si fuera necesario, para recaudar fondos para los damnificados. Participamos de una tradición solidaria, humanista, antibelicista, pacifista que es una tradición de resistencia y lucha por la emancipación de los pueblos, y por lo tanto, como se ha hecho por otros tantos pueblos en el mundo, estaríamos igualmente dispuestos a hacerlo por el de Estados Unidos, añade Carlos Martí con ocasión de su visita a España como parte de los preparativos para la celebración, el próximo año, del centenario del nacimiento del célebre poeta cubano, Nicolás Guillén. La UNEAC agrupa a más de 6.000 miembros en cinco asociaciones nacionales: de cine, radio y televisión, música, artes plásticas y artes escénicas. Martí es licenciado en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de La Habana y tiene publicados varios libros de poesía: El hombre que somos, En las manos nuestras, Te llamaré Logor, traducidos a varios idiomas. En 1978, fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía de su país Julián del Casal. ¿Qué posición ha asumido la intelectualidad cubana respecto a los actos terroristas del 11 de septiembre y cuáles son sus actuaciones concretas al respecto? Los intelectuales cubanos, los escritores y los artistas, históricamente hablando, han mantenido una posición unánime contra todo hecho violento, y sobre todo la guerra, como solución a los conflictos internacionales, particularmente denunciando los ataque terroristas a nuestra patria. Recuerdo, por ejemplo, la actitud de nuestros intelectuales ante el acto terrorista al buque La Coubre en 1960, hecho notable que provocó alrededor de un centenar de muertos entre cubanos y marinos franceses. Posteriormente, estuvimos condenando, como se sabe, el secuestro y desvío de aviones en pleno vuelo, siendo el más espectacular el atentado contra un avión de la línea Cubana de Aviación en Barbados, en el que perecieron más de 70 personas. Al cabo de 25 años de este suceso, nos reunimos en la plaza de la Revolución de La Habana en un acto al que acudió más de un millón de compatriotas. En esa tribuna participamos un importante grupo de intelectuales y expresamos la condena al terrorismo, y me permitió a mí decir, por ejemplo, que si se hubiera escuchado a Cuba hace 25 años y se hubieran tomado medidas contra el terrorismo internacional, tal vez no hubieran ocurrido los hechos del 11 de septiembre y tampoco la guerra que se está desarrollando contra Afganistán. Nos anima una vocación de concordia, de paz , de solución de los problemas internacionales que provocan estos hechos como son los problemas sociales, la diferencia entre ricos y pobres. Abogamos por soluciones pacíficas y humanistas, no la guerra. Debe llamarnos a la reflexión el hecho de que el propio 11 de septiembre, cuando morían más de 5.000 personas inocentes en las Torres Gemelas, dejaban de existir también más de 30.000 niños por hambre en todo el mundo, según cálculos de las organizaciones internacionales. Pienso que la única solución es resolver los problemas del mundo y consolidar un proyecto humanista que integre la cultura en función del desarrollo de los valores y de la ética que el ser humano ha sido capaz de crear y fomentar en su existencia. En el momento en que ocurrieron los hechos del 11 de septiembre había un grupo de artistas cubanos en Estados Unidos para participar en los premios Grammy, ¿qué actitud asumieron? Los artistas que fueron a la entrega de los premios Grammy no sólo se manifestaron contra ese acto brutal, salvaje, vandálico y miserable contra las Torres Gemelas sino que incluso donaron sangre para ofrecerla al pueblo norteamericano que estaba sufriendo el impacto de esa verdadera catástrofe. ¿Estarían dispuestos los artistas cubanos a actuar a favor de recaudar fondos para las víctimas en Estados Unidos? Por su puesto, los artistas cubanos participamos de una tradición solidaria, humanista, antibelicista, pacifista, que es una tradición de resistencia y lucha por la emancipación de los pueblos y, por lo tanto, como se ha hecho por otros tantos pueblos en el mundo, estaríamos igualmente dispuestos a hacerlo por el de Estados Unidos. Realmente lo sentimos así. Hemos aprendido desde José Martí que una cosa es el pueblo de Estados Unidos, la sociedad norteamericana, su cultura, su literatura, su arte y pensamiento más avanzado y otra cosa son las aspiraciones de dominación imperial de grupos de poder dentro de ese país. Hablando de otros asuntos, no ha dejado de verse como una contradicción el concepto de libertad de creación y una expresión atribuida a Fidel Castro y conocidas como palabra a los intelectuales a principios de la Revolución, según las cuales el límite a la libre creación se enmarca en dentro de la revolución todo, contra la revolución nada ¿Cómo interpreta este tema en la situación actual del movimiento intelectual cubano? Recientemente, celebramos un aniversario del memorable acto en el que Fidel se dirigió a los intelectuales y yo tuve ocasión de volver a las palabras expresadas por Fidel en aquellas circunstancias, y nos quedamos perplejos de la manipulación a que se ha visto esa intervención que en ocasiones posteriores se pretendió usar para una aplicación dogmática de determinadas políticas. La realidad ha demostrado que todo dogmatismo en política cultural está condenado al fracaso. En Cuba se celebró en el año 1998 el Congreso de la Unión de Artistas y Escritores, fue un congreso histórico, no sólo porque se volcó sobre el ámbito de la sociedad cubana, sino porque pudo reformular conceptos de política cultural que tienen que ver con la más amplia y absoluta libertad de creación posible. ¿Y qué repercusión práctica han tenido estas conclusiones? Llamo a cualquier lector sagaz, a cualquier crítico, a cualquier especialista que revise la narrativa cubana contemporánea, la de los jóvenes y la de los no tan jóvenes, y que me digan qué tema crítico o problemático de la sociedad cubana actual no está en nuestra literatura, periodo especial incluido, sobre vivencia incluida, presencia de turismo y sus consecuencias. Que me digan qué no está tratado y publicado. A mí me es particularmente interesante oír estas expresiones, porque precisamente hace muy poco aquí se ha dado a conocer la autobiografía de un escritor cubano del exilio, Reinaldo Arenas, obra que también se ha llevado con éxito al cine, en la que el autor denuncia ser víctima de falta de libertad de creación y represión por sus ideas. ¿El momento actual en Cuba es diferente al aquel en el que se desarrollaron los acontecimientos que narra Arenas? De eso es de lo que estamos hablando, porque Cuba, como en todo país, la obra la realizan los hombres y mujeres que como seres humanos tienen posibilidades de cometer errores. Somos un país que hemos tenido que salir de nuestros propios errores, de los errores que cometieron algunas instituciones y hombres en la aplicación de una política cultural que en esencia, como hemos dicho, era la correcta, pero no exenta de errores. Hubo dogmatismo en los que se pudo afectar a algunos intelectuales y de hecho ocurrió, pero lo que no se dice generalmente es que Cuba ha sabido analizar esa mala trayectoria, que duró un quinquenio aproximadamente, y ha podido, a partir de ahí, de esas desviaciones, crear un espacio cultural absolutamente libre. Además, en estos momentos, puede vanagloriarse de algo de lo que no pueden vanagloriarse otros países, y es que nuestra creación no depende del mercado, elemento que se ha convertido en uno de los principales manipuladores de la cultura en el contexto mundial. ¿Y cuáles fueron esos cinco años de errores de la política cultural cubana? Se habla del quinquenio gris, eso está más que dicho, se habla de la segunda mitad de los años 70, y esos son los años a los que se refiere Reinaldo. Ahora nosotros hemos hecho un esfuerzo extraordinario para publicar todo lo valioso de literatura cubana que haya en el mundo: de Severo Sarduí, Gastón Vaquero, del propio Reinaldo Arenas, de Guillermo Cabrera Infante, cuyas posiciones políticas son deleznables absolutamente, sin embargo, es un escritor de notable y excelente literatura, cuyo premio Cervantes nosotros felicitamos en la Gaceta de la Unión de Escritores. |