Nº 457- 16 de abril de 2001

¿Qué se puede hacer para que la globalización no ataque al hombre?



José GARCÍA ABAD
Esta es la preocupación que moviliza a Anthony Giddens y Will Hutton y otros pensadores de la izquierda de hoy, denominación que prefiero a la de "nueva izquierda" que se queda obsoleta nada más nacer. Admitida la globalización, que no es que sea inevitable sino que ya está aquí, se advierten multitud de matices, desde aquéllos que, como Giddens, la encuentran positiva hasta otros que, como Hutton, piensan que en el fondo es lo de siempre, como permanente sigue siendo la diferencia entre la izquierda y la derecha.
Estas son básicamente las posiciones que se enfrentan en el debate entre ambos que introduce y concluye el interesante libro que los dos intelectuales han editado bajo el titulo de En el límite y el subtitulo: La vida en el capitalismo global. Acompañan a los dos pensadores británicos en este empeño Manuel Castelis, Paul A. Volcker, George Soros, Jeff Faux, Larry Mishel, Vandana Shiva, Arlie Russell Hochschild, Robert Kuttner, Ulrich Beck, Richard Sennett y Polly Toynbee. Todos ellos coinciden en que el liberalismo puro y duro ha dejado de ser la ideología de curso legal, la doctrina que sustenta la globalización. Todos proponen rectificaciones, controles y regulaciones y todos reconocen que la vieja izquierda, la izquierda tradicional, que debería ser una contradicción de términos, ya no sirve.
No están todos los que son, por supuesto. Habría que añadir a tantos otros que analizan críticamente las consecuencias observadas en la global¡zación y que se adentran en la búsqueda de una izquierda actual: Norberto Bobbio, Alain Touraine, Philip Pettit, Vivienne Forrester, René Passet, Susan George, Perry Anderson y tantos otros.
Cada cual aporta su visión, su análisis personal de lo que está pasando y de lo que nos está pasando; los hay catastrofistas y optimistas; hay quien concreta y quien no desciende un ápice de un alto nivel de abstracción, pero casi todos coinciden en una negación: se niegan a aceptar la indiferencia respecto a las consecuencias de la dinámica globalizadora sobre los seres humanos, desconfían de] automatismo fatalista y rechazan la ideología liberal que garantiza el mayor bien para el mayor número que se desprende de las acciones libres de los agentes del mercado. No obstante predomina el reconocimiento de que el impuls básico hacia la justicia de be partir más de la libertad y de las iniciati vas sociales que de la actuación de las buro cracias públicas, Se de tecta además una nota ble coincidencia en que las soluciones sólo pue den ser globales; se percibe una acusada sensibilidad común ante el deterio del medio ambiente así como un firme rechazo a la existencia de paraísos fiscales que proporcionan opacidad y, por tanto, impunidad a las prácticas abusivas de los negocios y una notable preocupación ante las mafias organizadas, aunque no todos atribuyen la misma importancia a este fenómeno. Hutton estima, por ejemplo, que la mafia rusa puede desestabilizar al capitalismo mundial mientras Giddens señala que no hay para tanto. La mayoría estima, por otra parte, que los estados nacionales disponen de uIon cierto margen de autonomia que deben aprovechar en beneficio de sus ciudadanos.


El mano a mano entre Giddens y Hutton



Las discrepancias no son muy grandes. Ambos se reconocen en el mismo bando, pero los matices son tan importantes y el genio de ambos tan vivo que no se ahorran réplicas fuertes y en alguna ocasión hasta calificaciones personales ligeramente por encima de lo que se acostumbra en una discusión académica.
Anthony Giddens es el teórico de la Tercera Via que ha inspirado a Tony Blair. Ha escrito Was allá de la izquierda y la derecha", "La Tercera Vía" y "La Tercera Vía y sus criticos`. Es el rector de esa institución admirable que es la London School of Economics. Will Hutton dirige y ha levantado desde una situación crí~ tica el prestigioso dominical The Observer de Londres. Ha escrito el libro El Estado en que nos encontramos y, entre otros numerosos escritos interesantes, documentales para la BBC.
Ambos se enzarzan en una discusión que encabeza el libro y que ocupa sus primeras 80 páginas. Lo mejor que puede hacer el lector de EL SIGLO es leer el libro. Yo he preferido no tratar de resumir sus ideas sino recoger alguna frases pronunciadas por cada uno de estos pensadores que, supongo, servirán de acicate para una detenida lectura de la obra:
HUTTON: ¿Cómo hemos llegado a la conclusión de que está pasando algo tan fundamental en las estructuras económicas y sociales que la vieja distinción entre derecha e izquierda ha quedado anticuada? Es algo mucho más profundo que toda la palabrería sobre la tecnologia de la información, la comunicación por satélite y los mercados financieros.
GIDDENS: Me parece que nuestra era es, en ciertos aspectos, profundamente distinta del pasado, una mezcla de nuevas oportunidades y enormes amenazas y dificultades.
H: Es un capitalismo mucho más duro, más móvil, más implacable y más seguro de lo que necesita para avanzar. Edward Luttwak lo llama turbocapitalismo.
Creo que estamos viviendo una suprema orgía de autodestrucción.
G: El capitalismo sin comunismo es un animal muy distinto al de antes. En mi opinión, no es tan salvaje y peligroso como lo pintas, y está más cargado de posibilidades positivas, en lo material y en lo social.
H: La pregunta es en qué medida podemos modificar el capitalismo para que pueda convivir con otros valores como la igualdad y la justicia social.
G: Deberíamos esforzarnos para construir una sociedad civil y un marco legal de alcance mundial, deberíamos pensar en posibles formas de democracia transnacional.
H: Coincidimos en que hay cambios importantes y que existe un fenómeno llamado globalización: identificamos las mismas características y parecidas consecuencias; queremos más regulación para todo
el mundo y la creación de una sociedad civil mundial. En lo que discrepamos es en la importancia que asignamos a los posibles motores de este cambio, Yo hago hincapié en el carácter del capitalismo contemporáneo; tú das más peso a la ciencia y lo que denominas economía del conocimiento.
En lo que discrepamos es en que tú haces la generalización de que todo se ha transformado y que las reglas de juego capitalista han cambiado.
La clase obrera sigue existiendo; trabaja en el sector de los servicios, lleva traje y es más difícil organizarla en sindicatos. Tal vez no es tan solidaria, pero, no porque sea más difícil reconocerla debemos descartar su existencia. Sus relaciones con el trabajo y el poder son muy similares, en los aspectos criticos, a las de la vieja clase obrera.
G: Las circunstancias económicas y las actitudes políticas de los trabajadores conectados a su ordenador son muy diferentes a las de la vieja clase obrera.
H: Por debajo del cambio tecnológico vuelven a establecerse ciertas realidades capitalistas puras y duras, que el capitalismo de los mercados de valores está acabando con la variante más participativa y que bajo el brillo de la modernidad, mucha gente está expuesta, como siempre, a las brutalidades.
G: Creo firmemente en la necesidad de desarrollar marcos legales más eficaces para la responsabilidad empresarial, tanto internacionales como nacionales. Un refugio fiscal debe considerarse como un Estado irresponsable; hay que condenarle al ostracismo
hasta que entre en razón.
H: Manuel Castells denomina a los mercados financieros el Autómata. No son benévolos. Tienen su propia ideología. Y están estrechamente vinculados a¡ dólar y los intereses económicos de Estados Unidos.
Bajo todo el oropel sigue habiendo un puro ejercicio de poder.
G: Si el neoliberal ismo también está en declive, tenemos que buscar algo distinto: una tercera vía.
Los valores de la izquierda -la solidaridad, la justicia social, la protección de los débiles y la convicción de que para lograr todo eso es necesario que haya un Gobierno activosigue siendo fundamental en el mundo contemporáneo. Pero las viejas estrategias e instituciones, incluidas las estructuras existentes del Estado del bienestar, ya no son capaces de llevarlos a la práctica.
H: Creo que estás siendo un poco malo. Sabes muy bien que no soy de la "vieja izquierda"; pero si me quedo con el sambenito, mis argumentos perderán legitimidad y los tuyos la ganarán. Las injusticias que quieres corregir no son independientes del capitalismo que admiras, sino que son resultado directo de sus actividades. A veces has acabado deseando, al mismo tiempo, más regulación y más capitalismo.
G: ¿Globalización es lo mismo, en definitiva, que americanización? Dicho en términos más amplios, ¿La globalización es una serie de procesos dominados por los países occidentales para su propio beneficio? Mi respuesta sería un "no" con matices en ambos casos.
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