LOS DOS LADOS DE LA TRINCHERA
Un
maldito embrollo
La andadura del Nuevo Estatuto de Cataluña (NEC) representa, al
menos para muchos socialistas de mi generación, una gran decepción.
Una decepción respecto a las personas (especialmente en lo tocante
a los líderes del PSC, pero no sólo) y una decepción
histórica (¿adónde vamos por este camino?). Mas,
sea cual sea el final jurídico-político de esta malaventura,
lo que ha quedado demostrado, una vez más, es que 1) las peores
trampas son aquellas que uno se pone a sí mismo y 2) los tácticos,
lo sepan ellos o no, acaban fabricando estrategias.
Ya sea por ignorancia, por falta de luces o por comodidad, muchos políticos
(y cada vez son más numerosos), creen que las únicas referencias
válidas para su navegar por esas procelosas aguas son dos: la
referencia mediática y la foto que salga en las encuestas, es decir,
"la opinión pública" en su sentido más
trivial. Y dado que esa "opinión pública" es
tan manipulable como cambiante, para qué preocuparse; si uno se
equivoca con un eslogan, mañana lo sustituye por otro y en paz.
Pero conviene saber a este propósito que las palabras no siempre
se las lleva el viento. Uno empieza jugando con términos como "la
España plural" y acaba con el NEC encima de la mesa, es decir,
en las Cortes españolas.
En contra de, lo que se lee y escucha en muchos ámbitos, el NEC
no plantea sólo cuestiones ligadas a las competencias, a la financiación
o a la denominación de Cataluña (nación sí,
nación no). Lo que de verdad plantea el NEC es una concepción
del Estado que, desde luego, no cabe en la Constitución, pero
tampoco cabe en la cabeza de la inmensa mayoría de los españoles
ni en la de cualquiera que no esté pensando en la secesión
(los nacionalistas) o en la colonización del resto de España
por parte de Cataluña (los catalanistas).
El NEC pretende establecer una relación bilateral con "los
pueblos de España" (Preámbulo) y no con el Estado,
ni siquiera con "el resto de los pueblos de España".
Y ésa es la filosofía subyacente que se concreta en un chorro
de artículos en los cuales queda claro, más que el agua
clara, que "lo mío, mío (incluidos todos los impuestos)
y lo tuyo, a pachas". La palabra España aparece siete veces
en el NEC y siempre por razones gramaticales: "pueblos de España",
"Banco de España", etc., pero nunca como nación,
sociedad, cultura, etc. Eso sí, la palabra "Estado" aparece
244 veces. Y eso lo han auspiciado, consentido y apoyado los representantes
políticos de una buena parte de quienes emigraron a Cataluña
desde el resto de España y que ahora votan al PSC. Que deben de
ser, esos inmigrantes y sus hijos, los que más empujan, supongo,
para que Cataluña sea considerada una nación o para que
el uso del castellano sea erradicado, definitivamente, del foro público
incluidas las tiendas de comestibles.
En el franquismo la lengua catalana fue expulsada del foro público,
reduciéndose su uso al ámbito privado, lo cual resultaba
intolerable, pero hoy y más con el NEC es el castellano
el expulsado y su uso reducido al ámbito privado, lo cual resulta,
se pongan
como se pongan los catalanistas y los nacionalistas, igualmente intolerable,
además de inconstitucional.
Vistas las cosas como son, no es de extrañar que los proponentes
del NEC y sus consentidores no quieran ni hablar ni que se hable de las
concreciones que sí aparecen en el NEC.
A este espeso silencio se le suele añadir una coda esperanzada:
"confiemos en lo que salga, al final, de las Cortes". Aceptada
la petición, a uno le asaltan serias dudas de que, vía enmiendas,
se pueda transformar el agua en vino.
Aun así, el debate acerca de cómo convertir el texto actual
en constitucional es otro falso debate, un señuelo que pretende
llevar el agua al terreno de los técnicos en constitucionalismo
y "despolitizar" la discusión. Una misión imposible
porque el debate es político y se trata de saber, en primer lugar,
si el texto nacional-catalanista es o no es democrático y, desde
luego, no lo es. Y no lo es porque pretende decidir sobre asuntos que
no le corresponden. No lo es porque hace mangas y capirotes de la multilateralidad,
concepto intrínseco a cualquier Estado compuesto (federal o de
otro tipo). No lo es porque su sistema de financiación, caso de
generalizar-se, simplemente, haría desaparecer el Estado. No lo
es, porque pretende crear catalanes de primera (los que hablan la lengua
propia) y catalanes de segunda. No lo es porque como dijo en privado
un líder de Izquierda Unida "no estamos ante un proyecto
de Ley, sino ante un acta de rendición". Ése es el
gran problema que está detrás de este maldito embrollo.
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