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S
e cuenta y si non é vero é ben trovato- que,
en un momento dado, al inicio del, así llamado, proceso estatutario,
Maragall le dijo a Rodríguez Zapatero: "No te preocupes más
del contencioso vasco, que les voy a sacar de los telediarios". Dicho
y hecho.
Hace ya tiempo que lo relevante en política no es el ser, sino
el estar (en los telediarios). Aunque también el ser es importante,
el ser noticia, claro está. ¿Y qué es noticia? Lo
raro, lo extravagante, lo sorprendente, lo peligroso, lo conflictivo,
lo amenazante... La noticia consiste entre otras cosas en
convertir lo vulgar, lo ridículo o lo intrascendente en una amenaza
con ojos, cara y culo. Si la amenaza (o la desgracia) no tiene cara (por
ejemplo, los miles de muertos en las carreteras) entonces no interesa
a los medios. Porque para salir en una foto hay que tener rostro y, además,
anunciar alguna desgracia o movida. Y, en efecto, Ibarretxe o un muerto
a manos de ETA, Mas, Carod y Maragall sí tienen cara.
Las desgracias siempre son noticia, pero los anuncios de desgracias lo
son aún más (ahí están las aves averiadas
por la gripe para demostrarlo). Los ecologistas se saben muy bien esa
lección, por eso se dedican a profetizar todo tipo de males, desde
la desaparición de la capa de ozono hasta la explosión de
centrales nucleares, desdela eliminación de especies en peligro
hasta la desertización. No salen en la prensa porque tengan razón
sus argumentos (que, a menudo, la tienen), sino porque son los heraldos
negros de múltiples desgracias.
Lo diré de una vez: lo que de verdad encanta a los medios, aquello
que les produce un feroz priapismo, no es informar, ni siquiera opinar,
sino adelantar acontecimientos. Y si éstos son deplorables, mucho
mejor. Es ahí donde reside su atracción fatal.
Las movidas de los nacionalistas ocupan los espacios mediáticos
hasta el hartazgo, pero no por la sustancia de sus argumentos, sino por
la preocupación o irritación que éstos suscitan.
Además, lo que de verdad atrae a los medios, como la miel a las
moscas, son los problemas sin solución. Y éste es uno de
ellos. "El ámbito vasco de decisión" o "el
hecho diferencial" son las expresiones más acabadas y contundentes
de este "rollo que no cesa".
Pero al nacionalismo vasco lo tenían muy mal acostumbrado los medios
en general y, especialmente, los que se editan en Madrid. No es de extrañar
que la aparición del huracán Carod-Maragall, al desplazarlos
de los telediarios, les haya sentado muy mal a los herederos de don Sabino
Arana. Por eso, para recuperar espacio mediático, han lanzado ahora
una propuesta renovada, que va dando sus frutos. Por otro lado, tengo
para mí que los nacionalistas vascos creen, en su fuero interno
(y el fuero por aquellas tierras es siempre grande y especial, aunque
sea interno), que el huracán catalán puede acabar en una
tormentilla tropical.
Conviene saber que los frutos mediáticos consisten en reproducir
opiniones variadas sobre la cosa y nunca la cosa misma. Así, en
este caso, como en todos, los medios no pierden un solo minuto o una línea
en reproducir o en explicar el contenido de la propuesta, sino que sus
esfuerzos van destinados a recoger las reacciones verbales que la propuesta
en cuestión suscita. ¿Qué así se trivializa
el debate? Pues claro que sí, pero de eso se trata. De eso y de
otros ruidos.
Lo dejó escrito el viejo McLuhan: "El medio es el mensaje".
En realidad, hoy la frase de McLuhan debiera expresarse así: "El
ruido es el mensaje". Y cuanto más ruido, más mensaje.
"El maremágnum de los beligerantes". En eso andamos y
por eso la sentencia de Pasqual Maragall que encabeza estas líneas
resulta pertinente. Aunque, a decir verdad, la propuesta maragalliana
se parece, como dos gotas de agua, a la vieja conseja castellana según
la cual "un clavo saca otro clavo". Lo cual es tan cierto como
penoso. Penoso, al menos, para quien se preocupe de cómo va a quedar
la madera después de tantos clavos y tantos martillazos.
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