Nº 668 - 31 de octubre de 2005

 

Ser o no ser

S e cuenta —y si non é vero é ben trovato- que, en un momento dado, al inicio del, así llamado, proceso estatutario, Maragall le dijo a Rodríguez Zapatero: "No te preocupes más del contencioso vasco, que les voy a sacar de los telediarios". Dicho y hecho.

Hace ya tiempo que lo relevante en política no es el ser, sino el estar (en los telediarios). Aunque también el ser es importante, el ser noticia, claro está. ¿Y qué es noticia? Lo raro, lo extravagante, lo sorprendente, lo peligroso, lo conflictivo, lo amenazante... La noticia consiste —entre otras cosas— en convertir lo vulgar, lo ridículo o lo intrascendente en una amenaza con ojos, cara y culo. Si la amenaza (o la desgracia) no tiene cara (por ejemplo, los miles de muertos en las carreteras) entonces no interesa a los medios. Porque para salir en una foto hay que tener rostro y, además, anunciar alguna desgracia o movida. Y, en efecto, Ibarretxe o un muerto a manos de ETA, Mas, Carod y Maragall sí tienen cara.

Las desgracias siempre son noticia, pero los anuncios de desgracias lo son aún más (ahí están las aves averiadas por la gripe para demostrarlo). Los ecologistas se saben muy bien esa lección, por eso se dedican a profetizar todo tipo de males, desde la desaparición de la capa de ozono hasta la explosión de centrales nucleares, desdela eliminación de especies en peligro hasta la desertización. No salen en la prensa porque tengan razón sus argumentos (que, a menudo, la tienen), sino porque son los heraldos negros de múltiples desgracias.

Lo diré de una vez: lo que de verdad encanta a los medios, aquello que les produce un feroz priapismo, no es informar, ni siquiera opinar, sino adelantar acontecimientos. Y si éstos son deplorables, mucho mejor. Es ahí donde reside su atracción fatal.

Las movidas de los nacionalistas ocupan los espacios mediáticos hasta el hartazgo, pero no por la sustancia de sus argumentos, sino por la preocupación o irritación que éstos suscitan. Además, lo que de verdad atrae a los medios, como la miel a las moscas, son los problemas sin solución. Y éste es uno de ellos. "El ámbito vasco de decisión" o "el hecho diferencial" son las expresiones más acabadas y contundentes de este "rollo que no cesa".

Pero al nacionalismo vasco lo tenían muy mal acostumbrado los medios en general y, especialmente, los que se editan en Madrid. No es de extrañar que la aparición del huracán Carod-Maragall, al desplazarlos de los telediarios, les haya sentado muy mal a los herederos de don Sabino Arana. Por eso, para recuperar espacio mediático, han lanzado ahora una propuesta renovada, que va dando sus frutos. Por otro lado, tengo para mí que los nacionalistas vascos creen, en su fuero interno (y el fuero por aquellas tierras es siempre grande y especial, aunque sea interno), que el huracán catalán puede acabar en una tormentilla tropical.

Conviene saber que los frutos mediáticos consisten en reproducir opiniones variadas sobre la cosa y nunca la cosa misma. Así, en este caso, como en todos, los medios no pierden un solo minuto o una línea en reproducir o en explicar el contenido de la propuesta, sino que sus esfuerzos van destinados a recoger las reacciones verbales que la propuesta en cuestión suscita. ¿Qué así se trivializa el debate? Pues claro que sí, pero de eso se trata. De eso y de otros ruidos.

Lo dejó escrito el viejo McLuhan: "El medio es el mensaje". En realidad, hoy la frase de McLuhan debiera expresarse así: "El ruido es el mensaje". Y cuanto más ruido, más mensaje. "El maremágnum de los beligerantes". En eso andamos y por eso la sentencia de Pasqual Maragall que encabeza estas líneas resulta pertinente. Aunque, a decir verdad, la propuesta maragalliana se parece, como dos gotas de agua, a la vieja conseja castellana según la cual "un clavo saca otro clavo". Lo cual es tan cierto como penoso. Penoso, al menos, para quien se preocupe de cómo va a quedar la madera después de tantos clavos y tantos martillazos.

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