Nº 652 - 6 de junio de 2005

 

Los carga el diablo

De todos los errores y malos entendidos acumulados en torno al referéndum francés sobre el Tratado Constitucional de la UE, el más grave es, sin duda, haberlo convocado.

A estas alturas debería saberse que un referéndum consiste en que el convocante hace una pregunta a los ciudadanos y éstos le contestan a otras que no les han sido formuladas. Pregunte lo que pregunte el Gobierno convocante, el elector, si vota no, es, entre otras razones, porque no le gusta el Gobierno. Vamos, que todo referéndum tiende a convertirse en plebiscito, además de constituir una ocasión pintiparada para impulsar toda clase de coaliciones negativas. Por otro lado, en el caso de que casi todos estén de acuerdo con el , lo que suele pasar es que una notabilísima parte de los ciudadanos se abstienen de acudir a las urnas, pues a nadie le gusta moverse en pos de lo obvio.

Los dirigentes europeos, convencidos del déficit democrático que la UE padece, siempre han sido proclives a re-legitimarse mediante la consulta directa, lo cual es, sencillamente, un disparate, porque la democracia exige, entre otras cosas, delegación. Vale decir, que los ciudadanos, al elegir a sus representantes, delegan en ellos y esa delegación puede ser revocada. Pero, ¿quién ha delegado, por ejemplo, en el Sr. Barroso? ¿Cómo lo revoca el electorado en su calidad de presidente de la Comisión? Nadie lo sabe.

La coalición negativa que ha impulsado el no francés es tan evidente que apenas merece un comentario. Troskistas y lepenistas, comunistas y escindidos del PS, antigiobalización y anti-todo se han dado cita en el no y se han quedado tan contentos de su éxito, que no les ser virá -ni a ellos ni a nadie- para nada.

Tres personajes: Chirac (el convocante), Giscard (el padre del Tratado) y Fabius (el disidente) son los grandes responsables -los más irresponsables, debiera decirse- de este enorme traspiés. Los tres han seguido el dictado de Fidel Castro quien, dirigiéndose a un político español, le dijo: "Un líder sólo debe pensar en tres cosas: en él, en él y en él",

Este lunes, 30 de mayo de 2005, en el que escribo esta nota, la respuesta de los dirigentes bruselenses de la UE ya ha sido dada: "Seguir adelante con las ratificaciones". Una vez más, estos genios de la política, encerrados entre cuatro paredes, dan muestras de su pensamiento burocrático. ¿Cómo seguir adelante sin Francia, sin el Reino Unido, quizá, sin Holanda? Mejor sería parar el carro y comenzar a barajar de nuevo, tomando nota -de verdad y no sólo retóricamente- del varapalo francés. Olvidarse de referendos e ir a una nueva redacción del Tratado en términos menos abstrusos, que le sobran al que ha sido rechazado en Francia. Ése debiera ser el camino.

Que éste de la UE ha sido el proyecto político común más pacífico y relevante de la Historia de Europa nadie lo pone en duda. Como tampoco cabe duda de que en estos momentos no está en buenas manos. Los gobiernos de Francia, Alemania, Italia... atraviesan gravísimas crisis y Durao Barroso no es Delors... en fin, que las cosas europeas no pasan por su mejor momento. Pero quizá se puedan enderezar con la Presidencia de turno de los más escépticos de todos: pienso en la Presidencia británica. El Sr. Blair, que a estas a¡turas no se le va a ocurrir convocar ningún referéndum, puede ser, paradójicamente, el encargado de echar el freno a tanto disparate. Ojalá que así sea.

Por su parte, nuestros líderes nacionales harían bien en tomar buena nota y convencerse de que los referendos los carga el diablo. Lo digo porque los melones abiertos, el de la Constitución y el de los Estatutos, también incluyen algunas consultas de este tipo. Por ejemplo, en Cataluña, en el País Vasco... y el referéndum constitucional acerca de la sucesión de la Corona. Así, en una encuesta reciente del diario La Vanguardia el 80% de los consultados dijeron que Cataluña no es una nación, aunque en el Parlamento catalán la opinión sea, precisamente, la contraria. Así que menos prisas y más sentido común.

Hemeroteca
Esta semana
Lista La trinchera de papel