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| Nº 624 - 15 de noviembre de 2004 |
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Bush y la vieja Europa Cuando Rumsfeld dijo aquello de la "vieja a Europa", no podía imaginar que los resultados victoriosos, del 2 de noviembre mostrarían hasta qué punto la vieja y la nueva USA estaban enfrentadas. La percepción que se tiene a este lado del Atlántico respecto a los EE UU viene, lógicamente, de la nueva, vale decir, de Nueva York, Washington, Boston o San Francisco. Los EE UU de la Cultura y de la Ciencia, también de la productividad económica, pero, como se ha visto, esta parte de aquella gran nación es, demográficamente, minoritaria y ésta es la Norteamérica que ha perdido las eleciones. Bush ha ganado,
cosa que no ocurrió un el año 2000, pero la sociedad norteamericana
ha quedado Vue un espejismo el que llevó a la v¡eja Europa a confundir sus deseos con la realidad, a pensar que el senador Kerry tenía ganada la partida, pero Kerry ha perdido las elecciones, tanto en votos populares (tres millones, de diferencia) como en Es cierto que a posteriori todos somos muy listos, pero puedo jurar que nunca entendí por qué John Kerry se dejó comer el terreno de la firmeza contra el terrorismo y lo dejó en manos de Bush. ¿Acaso no era Bush el presidente, es decir, el responsable de prevenir y evitar la matanza de las dos torres de Nueva York? ¿No ha sido Bush quien ha tomado la decisión de invadir Iraq, donde han encontrado una muerte absurda miles de soldados? ¿No sigue Bin Laden vivito y coleando? ¿Cómo ha evolucionado durante el mandato de Bush el contencioso palestinoisraelí? La Europa franco-alemana, el motor más relevante de la UE, donde se inscribe España, ha perdido las elecciones norteamericanas y debe asumir esa derrota en cabeza ajena. Para empezar, habrá de reconocer que, ahora, la iniciativa la tiene el presidente recién reelegido, y de poco vale consolarse diciendo, como algunos repiten, que apenas existen diferencias entre lo que pueda hacer Bush y lo que pensaba hacer Kerry. Un consuelo, básicamente, mentiroso, pues ambos contendientes pertenecen a dos culturas políticas muy diferentes. No se trata de que Bush Ir. sea un reaccionario, lo peor es que es un reaccionario de nuevo tipo, manejado por una ideología agresiva y, democráticamente peligrosa: la de los neocons. Y es en este terreno donde las cosas pueden ponerse verdaderamente mal y, en contra del ideario progre, se pondrán peor si los norteamericanos se embarrancan en Iraq. Conviene recordar, al respecto, que cuando la guerra de Vietnam no tuvo otra salida que la derrota inminente de los norteamericanos... apareció Nixon para "arreglarlo". Desengañémonos, lo peor que puede pasar es que el Ejército norteamericano y sus aliados militares salgan de Iraq con el rabo entre las piernas. ¿Y qué pude hacer la vieja Europa? Sobre todo, rezar, pero también intentar, por ejemplo, un acuerdo acerca del papel y del funcionamiento de la ONU. ¿No puede Europa conseguir algo tan, aparentemente, simple como un acuerdo para relanzar la llamada hoja de ruta. Mientras el contencioso paleslinoisraelí siga en la situación inviable en que ahora se encuentra, difícilmente podrá aspirarse a una estab¡lidad (¡ojalá que democrática!) en esa amplia y estratégica zona del mundo. Los palestinos son rehenes de una situación imposible, pero, además, se han convertido en el pretexto privilegiado del terrorismo islamista. ¿No habrá un Powell en la nueva administración republicana capaz, esta vez sí, de verlo y de decirle cuatro verdades a esa máquina infernal que se llama Ariel Sharon? En cualquier caso, nadie podrá negar que el papel de Blair ha quedado ipso facto revalorizado en el seno de la UE y los demás líderes europeos no debieran hacer oídos de mercader ante el discurso del británico. Europa (la vieja y la nueva), aparte de esta encrucijada, tiene ante sí otras no menores, por ejemplo, la ratificación de su Constitución. Y no va a ser cosa fácil, pues la Carta Magna es para unos demasiado y para otros demasiado poco. |