Nº 616- 23 de septiembre de 2004

 

 

Minorías e incordios

Los gobiernos españoles "en minoría", es decir, aquellos gobiernos -siempre monocolores- formados sin que el partido gobernante tuviera en el Congreso mayoría absoluta, han abundado desde que en junio de 1977 se celebraran las primeras elecciones democráticas (desde las de febrero (le 1936 que ganó el Frente Popular Los dos gobiernos de UCD (1977 y 1979), el último del PSOE (1993), el primero del PP (1996) y ahora, otra vez, el actual del PSOE (2004) se han formado en esas condiciones. ¿Es bueno o malo? Simplemente, es.

Lo curioso del caso español es que, a nivel nacional, nunca, desde 1977, ha habido coaliciones de gobierno, quizá porque los dos grandes partidos estén más cómodos gobernando solos, pero también porque los partidos que podían completar el apoyo parlamentario veían mas inconvenientes que ventajas en la participación gubernamental (PNV y, sobre todo, CiU). Sin embargo, esos gobiernos en minoría nunca han dado la sensación de inestabilidad, aunque sus dineros les habrá costado.

Los partidos minoritarios, por razones obvias, y los medios de comunicación, interesados en todas las inestabilidacles (que dan más noticias), se han preocupado de crear una imagen negativa de las mayorías absolutas, a la que han contribuido quienes confunden, estando en el Gobierno, la mayoría absoluta con el poder absoluto. Mas, sea como sea, la inestabilidad de los gobiernos en minoría que hemos conocido en España desde 1977 es una broma si se compara con la auténtica ingobernabilidad a la que fueron sometidas las democracias europeas en los años veinte y treinta del siglo pasado. Alemania y su República de Weimar, Italia, Francia... y España, vieron cómo la pureza ideológica de algunos grupos (especialmente de los partidos socialistas), que no quisieron contaminarse en gobiernos de coalición, creó la ingobernabilidad y, al final, el colapso político que dio paso a tipos como Mussolini, Hitler o Franco.

Mi experiencia personal (fui presidente de la Comunidad de Madri durante tres legislaturas, de 1983 a 1995, dos de ellas en minoría parlamentaria) me indica que:

Los gobiernos en minoría aumentan los déficits.

Se pierde gran cantidad de tiempo en templar gaitas.

Los grupos parlamentarios de la oposición pretenden gobernar desde el Parlamento, cosa que la Constitución prohíbe.

Por eso, cuando ningún partido consigue la mayoría por sí mismo, soy partidario de gobiernos de coalición, que es la forma más correcta de que impere la responsabilidad Concepto éste, el de la responsabilidad, que separa la democracia de la tiranía y del caos.

La posición del CDS tras los comicios municipales y autonómicos de 1987, al no querer niojarse en gobierno alguno en aras de su sacrosanta independencia, dejó sin mayorías absolutas a una buena cantidad de gobiernos municipales y autonómicos y la cosa acabó como el rosario de la aurora, también para el CDS, que no sobrevivió a tanto jeribeque.

En la legislatura de 1991-95, el PP sacó más votos en la Asamblea de Madrid, pero PSOE e IU tuvieron a mayoría. Intentamos entonces que IU entrara en el Gobierno, pero en contra del criterio favorable del Grupo Parlamentario de IU, se, impuso el de Anguita, metido por entonces en la aventura de la pinza. Estrategia que habría de dar sus mejores frutos con la llegada de Aznar al Gobierno.

En resumen: el bipartidismo imperfecto que el sistema electoral procura a nivel nacional ha dotado hasta ahora de estibilidad al sistema de Gobierno, pero no ha ocurrido lo mismo en otros niveles (municipales y autonómicos) en los cuales es frecuente que el rechazo a entrar en los gobiernos por parte de los partidos menores haya provocado situaciones inestables -incluso ingobernables- para desgracia de los ciudadanos que, cuando votan, delegan en los liartidos para que éstos gobiernen y no para que se dediquen a incordiar.

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