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Nº 614 - 6 de septiembre de 2004

 

Ciencia y ficción

Ante un hecho sorprendente, extraordinario o luctuoso las explicaciones racionales no siempre tienen las de ganar. Ante lo incomprensible, el ser humano, tan atávico en muchos de sus comportamientos, suele preferir las explicaciones míticas, esotéricas, fantasmales o conspiratorias a cualesquiera otras. En efecto, las pirámides de Egipto fueron levantadas por extraterrestres gigantescos llegados a nuestro planeta con la intención de jugar a los dados (caven ustedes bajo la de Keops y encontrarán la otra mitad del cubo). En fin, ¿quién no ha visto algún platillo volante? Los científicos ocupan parte de su pre~ cioso tiempo en refutar un sinfín de inventos y teorías inverosímiles.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, un tal Thierry Meyssan publicó un libro titulado La gran impostura en el que sostiene que `este atentado sólo puede haber sido cometido por militares norteamericanos". Semejante patraña se vendio como rosquillas y Meyssan debe (le estar ahora en las Bahamas, sin acabar de contar el dinero que los multitudinarios y estúpidos lectores le metieron en el bolsillo. Lo cual demuestra, una vez más, que una explicación conspirativa tiene mucho más gancho que otra sostenida sobre la lógica y la razón.

En estos días corre por Internet una lección de Historia en la que se resaltan ciertas coincidencias entre los presidentes Lincoln y Kennedy. En electo, fueron elegidos, respectivamente, en 1860 y 1960 y fueron asesinados en viernes de sendos tiros en la cabeza. A Lincoln lo mataron dentro de un teatro llamado Ford y a Kennedy dentro de un coche Lincoln de la marca Ford. la secretaria de Lincoln se apellidaba Kennedy y la de Kennedy se apellidaba Lincoln. Ambos fueron sustituidos por un vicepresidente de idéntico apellido: Johnson. Una semana antes de que lo mataran, Lincoln estuvo en Monroe, y una semana antes de su muerte Kennedy estuvo con Marilyn Mor oe, pero lo mejor esta en la nota ir roductoria que insertan los internautas: "Pídale a un profesor de Historia que le explique esto (a ver si puede)".

La "teoría conspirativa de la Historia" sigue teniendo multitud de adeptos. Lo sorprendente reside, sinembargo, en que un partido político español, el PP, y su grey de manipuladores mediáticos se haya apuntado a dicha teoría en torno, además, a un hecho trágico, como fue la matanza perpetrada por fundamentalistas islámicos el 11 de marzo pasado en Madrid.

"Cuando uno, duran te una discusión, no en cuentra salida por puer tas o ventanas, suele in tentarlo por la chimenea", decía mi difunta abuela, y lo decía a pro pósito de una discusión que su hija, mi tía Julia había sostenido con e cura del pueblo. Mi tía un domingo a la salid¿ de misa, esperó a que el cura, que se llamaba don Fermín Cestona, se despojara de su casulla y saliera a la calle para plantearle no sé qué asunto. Fue el caso que la charla devino en discusión y el tono de las voces subió. Al fin, don Fermín, incapaz de convencerla, pretendió concluir la discusión diciendo:

-Señora, usted no tiene lógica.

-Pues mire, señor cura -contestó mi tía-, Yo, sin lógica, he tenido cuatro hijos.

Yo no sé si los del PP, a falta de lógica, tienen cuatro hijos cada uno, pero sí tienen a Pedro J.
Ramírez que acerca de las tácticas defensivas del calamar sabe más que los de Pescanova. En efecto, ahora va a resultar que los fundamentalistas actuaron manipulados ¿por quién? La respuesta es obvia: por Felipe González. Poco parece importar que el relato carezca de la mis elemental verosimilitud. Cuanto más inverosímil sea una teoría, más atractiva resulta y eso lo sabe bien este imaginativo manipulador. Imaginación que el susodicho aplica tanto a su vida erótica (¡ay, aquel corpiño rojo!) como a su periodismo de investigación. Su desprecio por la verdad es sólo comparable con su tenacidad.

La cosa podría tomarse a broma si no fuera porque el PP se ha agarrado con fuerza a este clavo ardiendo y parece dispuesto a seguir así hasta el final, aunque se abrase los dedos.

Se diría que Faulkner, cuando puso título a su notable novela (El ruido y la furia), estaba pensando en
España país en el cual todo ruido trae uncida su furia y toda furia necesita de ruido. Antaño de sables,
hogaño rnediático. Y ese es el verdadero problema, que el PP desenvaine la espada ílamígera, que nunca dejo descansar del todo, y nos veamos obligados a tomar partido, no acerca de ideas o propuestas, lo
que sería normal y positivo, sino en torno a hechos cuyo margen de interpretación es inexistente o muy estrecho.

"Contra hechos no caben argumentos" es una afirmación certera y atinada que se le atribuye a Tomás de Aquino, pero el PP nunca pareció conforme con la sentencia del Aquinate. Lo demostró con la huelga general, con la catástrofe M Prestige y con la entrada de España en la guerra de Iraq. Actitud coniundidora que llegó al paroxismo entre el 11 de marzo y el 14 de mismo mes de 2004.

No hace falta ser un lince para deducir que la autoría islámica de los atentados podría correlacionarse en las conciencias de los españoles con la presencia de nuestras tropas en Iraq, lo cual podía perjudicar seriamente al PP en las urnas. Es lógico que Aznar y los suyos se hicieran esta reflexión. Reflexión que les llevo a tomar decisiones erróneas por manipuladoras. En un primer mornento, casi todos, desde Ibarretxe hasta los tertul¡anos que estaban en antena, pensamos que los autores de los crímenes pertenecían a ETA. Pero, al rato, con las declaraciones de Otegi y ¡a aparición de la furgoneta en Alcalá, un Gobierno menos entusiasta hubiera girado hacia la prudencia en sus hipótesis y en su afirmaciones, pero no lo hizo. Prefirió atenerse a la vieja conseja castellana de "sostenella y no enmenclalla".

El sábado 13 por la mañana, cuando ya todos los indicios apuntaban al islamismo criminal, El Mundo (olvidando que ese día era de reflexión electoral) publicó una extensa entrevista con Mariano Rajoy. El titular, en primera página, subrayaba que el candidato del PP decía tener la convicción moral" de que ETA era autora de la masacre. Blanco y en botella.

Creo sinceramente que fueron este empecinamiento y esta contumacia quienes excitaron los ánimos de muchos indecisos o abstencionistas y les hicieron acudir a las urnas dispuestos a castigar a los manipuladores.

Tan seguros estaban de su triunfo los del PP que se olvidaron de releer a un autor de la casa, Karl Popper, quien había escrito hace ya tiempo una sentencia algo pesimista: "No se vota para elegir un buen Gobierno, sino para derribar uno malo".

Vicio común entre los humanos es intentar echar la culpa de los males propios sobre hombros ajenos. Es tan humano como necio, pero lo que ya pasa de castaño oscuro es montar un gori mediático de garabatilío con la sola intención de distraer la atención del personal, pero estas estrategias lo son también de la tensión y de la división. Entretanto, ¿a dónde ha ido a parar el derecho a recibir información veraz que la Constitución protege?

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