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Nº 612 - 19 de julio de 2004

 

No es la vivienda. Es el suelo

El disparatado precio que han alcanzado las viviendas en España cuando se aborda E como problema, suele traer aparejado una gavilla de silencios y mentiras. Para empezar, en España no hay un problema de vivienda ni por la escasez (el Censo de 2001 contabilizó tres millones de viviendas vacías) ni por coste (las constructoras españolas trabajan con costes perfectamente competitivos). El problema, por llamarlo de esa manera, está en el precio del suelo, que hoy puede llegar a representar, según en qué sitios, hasta el 60 o el 70% del precio final de la vivienda. lo cual, mírese corno se mire, es un atraco.

La política expansiva realizada desde las posiciones, diz que neo-liberales, tiene su sostén legal e ideológico en la vigente Ley del Suelo. Una ley (Ley 6/913 de 2,3 de abril "Sobre régimen del suelo y valoraciones") donde se lee: "La presente Ley pretende facilitar el aumento de la oferta de suelo, haciendo posible que locio el suelo que todavía no ha sido incorporado al proceso urbano, en el que no concurran razones para su preservación, pueda considerarse como susceptible de ser urbanizado". Corno es obvio, la ley pretendía aumentar la oferta del suelo i base de recalificaciones masivas... y ya se sabe: cuando crece la oferta, bajan los precios, aunque para ello hubiera que cargarse el concepto mismo de planteamiento. los resultados ahí están: en los últimos ocho años se ha multiplicado la oferta por 2,7 en el sector de la construcción y por 5,1 en los servicios ligados a las actividades inmobiliarias, y los precios sin enterarse, sube que te sube.

En la Villa de Madrid, paradigma delurbanismo neo-liberal, acceder a una vivienda cuesta hoy un Perú y el suelo, tan generosamente recalificado, multiplicó por siete su precio antes de que se pusiera en pie una sola nueva vivienda. Pero los neo-liberales españoles, como todos los ideólogos fundamentalistas, nunca se equivocan, sino que, tras el espectacular fracaso de sus políticas, siguen erre que erre. Encastillados en la ciudadela de la citada ley (a todas luces inconstitucional), se aprestan ahora a la defensa numantina de sus posiciones.

Una batalla que tiene indudable interés ideológico y político y que, de momento, van ganando ellos, pese a que el PSOE traía en su programa una nueva ley que pretendía recuperar la sensatez, el planeamiento y el artículo 47 de la Constitución ("Los poderes públicos regularán la utilización del suelo de acuerdo con el interés general").

¿Por qué, creo yo que van ganando la batalla?

Por los indicios significativos que se vienen observando. Así, ante situación insostenible, el Gobierno ha anunciado, como se dice ahora, "un paquete de medidas", todas ellas lubricadas con dinero público... Pero nadie ha citado, que yo sepa, la necesidad de una nueva ley del suelo. Vale decir, nos disponemos a resolver un problema generacio por los especuladores sin atacar la fuente en la que estos insaciables dromedarios se beben el país sin medida y sin tregua.

Un mercado, el del suelo, oligopolístico, que esta manejado por un grupo reducidísimo de operadores (así les gusta llamarse) a cuyas prácticas antisociales (donde se incluyen las subastas de suelo público practicadas por muchos ayuntamientos de variopinta raíz política nadie parece sentirse capaz de poner coto. Estos operadores incluyen en su nómina a grandes constructores y también a notables entidades financieras, y tienen colocados en todo el abanico político a sus peones, disfrazados ora de ideólogos, ora de técnicos.

Los hechos, que suelen ser tozudos, han echado por tierra los argumentos ideológicos en el Peor sentido de la palabra ideología- según los cuales las recalificaciones masivas harían bajar los precios del suelo, lo cual ha dado paso a otro argumento, esta vez colateral y macroeconómico: el riesgo de un desplome del sector a causa de una hipoté,tica caída de los precios de la vivienda, que, por cierto, durante el último año tan sólo han crecido el 13,8%. Según estos jeremías, la supuesta crisis afectaría también a todo el sistema financiero al hacer inviables los créditos concedidos.

Como se ve, todos los caminos conducen a Roma, es decir, a dejar las cosas cual están. En otras palabras: los especuladores picien, como Groucho Marx, "más madera", más recalificaciones, hasta conseguir urbanizar el parque del Retiro (que es de lo poco que va quedando) y el último metro de costa. Nos lo temíamos: no se trata de la mano invisible, es la mano que aprieta.

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