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| Nº 592 - 1 de marzo de 2004 |
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La reiteración de la palabra "programa" fue el leit motive de Julio Anguita que, sin embargo, en su política diaria no tuvo empacho en hacer como "los teros, que en un lao pegan los gritos y en otro ponen los huevos", juntando sus fuerzas a las del PP, cuyo programa estaba muy alejado de aquél que decía defender el político cordobés. Un programa electoral podría definirse como el conjunto articulado de propuestas en torno a las competencias políticas airibuidas legalmente al órgano institucional, cuyos miembros se van a elegir. Al programa se le debe exigir coherencia y ha de contener en su seno prioridades. Coherencia ideológica y también coherencia económica y prioridades, pues no todas las propuestas tienen la misma relevancia política y Social. Pero la realidad, en los tiempos que corren, es muy otra. Aunque estas próximas elecciones son parlamientarias, es decir, que en ellas se eligen diputados y Senadores, Sin embargo, se presentan como si fueran elecciones presidenciales. Se habla de candidatos a la presidencia del Gobierno cuando, como se sabe, el presidente es fruto de una elección en el Parlamento y no de una elección popular directa. Lo mismo ocurre en los ayuntamentos: tampoco se eligen directamente los alcaldes, sino concejales, que son los que votan al Alcalde. El programa se suele presentar despiezado y en píldoras, lo cual es una forma de avenirse a las exigencias medialicas y publicitarias. En la práctica, ¿hasta que punto ¡mportan los programas? Los publicitarios, que se han apropiado hace ya tiempo de la gestión política y, en consecuencia, de las campañas electorales, sostienen que Ios progrimas no los lee nadie". Sin entrar a discutir semejante axiorria, sí conviene recordar que los jefes de campaña no son nada proclivesa esa lectura programática, que ellos niegan sin más, de ahí que renieguen de, su publicación y descuiden cada vez más la coherencia económica y también la ideológica de los programas. A este proposito, veamos lo que hace unos días proponía un experto en campañas electorales, Xavier Roig: "Las campañas electorales no son más que un vehículo para la transmisión de un mensaje... La centralización de las campañas electorales en el mensaje supone una apuesta por la tecnificación y la profesionalización". Obsérvese que dice "Un mensaje", 'El mensaje" y no un conjunto de mensajes o un discurso. Uno solo, es decir, un eslogan. Ello, nos dice Roig, "ha creado cierta inconiodidad en al gunos partidos socialislas europeos ante lo que podía ser visto como una simplificación excesiva y una cierla banalización del debate polílico". La edulcorada frase "podía ser visto" deja en el aire la duda acerca de si esta "tecnología electoral" simplifica o trivializa el discurso político. Digámoslo de una vez: sí, lo simplifica y lo trivializa y, por lo tanto, lo reduce. Niega la complejidad de la política, y al negarla jibariza el debate. Por otro lado, dado que un programa complelo jamás será noticia, los partidos, rendidos a las exigencias mediáticas, buscan la noticia" y para ello proceden al despiece del programa, procurando que se resalle en cada "pieza" lo novedoso y, a ser posible, lo sorprendente, pues solo la novedad y la sorpresa pueden aspirar al podio de la noticia. Sería fácil demostrar que un programa despiezado carece de coherencia interna y anula las prioridades. En manos de los medios y de la publicidad, que siempre son "manos unidas", los mensajes políticos se debil¡tan y tienden a sustituirse por "la imagen", la imagen del líder, claro esta. Y ésa es otra, pues el término "imagen", que es publ¡citario de pleno derecho, encierra la mayor de las trivialidades. ¿Alguien apostaría hoy por la "imagen" de Manuel Azaña, calvo, gordo, feote y con una verruga en la mejilla? Si en los años treinta del siglo pasado la política hubiera estado, como lo está ahora, en manos de la publicidad y de la televisión, Azaña, probablernenle, se hub¡era jubilado corno funcionario del Ministerio de Justicia. "Desde,
Eisenhower, no ha habido en los Estados Unidos un presidente, calvo...
Almunia perdió su oportunidad por ser demasiado Calvo y Fel¡pe
González ha pervivido por la razón opuesta", escribía,
entre bromas y veras, VicenteVerdú hace unos días. "El
pelo es hoy crucial... Gallardon sigue gobernando gracias a la garra de
astracán que va del hueso frontal al occipital y de un parietal
al otro", añadía Verdú. Pues eso: programa,
programa, programa. |