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| Nº 566 - 28 de julio de 2003 |
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Mentiras
La mentira, aparte de pecado, es un mal inherente a la condición humana, que en su parte virtuosa también sabe decir mentiras piadosas, pero la mentira en política recibe muy distintas penitencias según el país donde se lance: anglosajón o latino. En los Estados Unidos o en el Reino Unido la mentira comprobada suele tener efectos fulminantes contra el mentiroso, sobre todo cuando se ha mentido al Parlamento. Los calvarios que están pasando Bush y Blair a cuenta de las tan publicitadas "armas de destrucción masiva", que ellos atribuyeron al sátrapa iraquí y que ahora no aparecen por ningún lado, forman parte de esa buena cultura politica. En esta vieja península ibérica no deja de extrañar, sin embargo, que americanos y británicos fueran tan ingenuos como para creerse, meses atrás, que aquellas declaraciones de sus dirigentes pudieran contener algo más que propaganda bélica. Mas, sea como sea, los dos lideres anglosajones pasan hoy por muy malos momentos, mientras que el tercero de las Azores, José Maria Aznar, que sostuvo con igual contundencia la existencia de aquellas terribles armas, no tiene necesidad alguna de dar explicaciones en los medios de comunicación ni ante el Parlamento. Parecería que Aznar piensa, y él sabrá por qué, algo así como: "para qué voy a dar explicaciones si todo el mundo sabía en España que les estaba contando una rnilonga". Por estos lares, mentir, tergiversar, manipular la opinión pública en el Parlamento y fuera de él se ha convertido en un deporte nacional sin riesgo. Las ¡das y venidas del Prestige, la guerra de Iraq o el accidente del avión donde perdieron la vida 62 militares españoles han sido hechos rodeados de falsedades y engaños gubernamentales sin que nadie se haya puesto colorado. De dimitir, ni hablamos. El trilerismo
estadístico con que manejan los datos económicos y sociales
los ministros, especialmente los de¡ área económica,
en donde brilla con especial fulgor el "gran trilero del Reino",
de nombre Rodrigo Rato, forma parte de este ambiente nacional y espeso
donde toda trola tiene su asiento. Para qué hablar de las televisiones
controladas por el PP y su Gobierno. Eso sí, causa estupor entre
los españoles, esta vez por admiración, que una televisión
pública, la británica, se atreva a denunciar las manipulaciones
de su Gobierno en el asunto de las citadas armas de destrucción
masiva, pero nadie es perfecto. La muerte del Dr. Kelly, cualquiera que
haya sido la causa de su fallecimiento, ha dejado a los pies de los caballos
al Gobierno de Blair y al grupo parlamentario laborista que presionaron
al doctor sin piedad. Aunque tampoco la BBC queda libre de mancha En primer
lugar, por la sospecha de haber revelado sus fuentes y, en segundo, por
haber exagerado, es decir, manipulado, los datos que les filtró
el científico muerto. Una muerte que no podía dejar indiferentes
a los británicos. Las mentiras-profecías son de este tenor: "Simancas saldrá elegido con los votos de los tránsfugas" (Esperanza Aguirre dixit) o "El PSOE está negociando con Balbás para que los tránsfugas dejen sus escaños" (ABC, citando fuentes del PP). La profecía no se cumple, pero da igual, nadie va a pedir cuentas. El diario ABC tiene, hay que reconocerlo, una larga tradición en estas noticias anson-brosas. Quién no recuerda aquellos añosos titulares de "José María Pemán, próximo premio Nobel u otra más sabrosa: "Beria en La Mancha". El cierre de filas conduce inexorablemente a otras mentiras, las "verdades oficiales" que cada partido construye a su gusto, generalmente, con el mayor de los desprecios para con la lógica elemental. Así, en el escándalo provocado en la Asamblea de Madrid, el PP, contra la evidencia de múltiples llamadas teiefónicas y tactos de codos que afectan a sus afiliados y dirigentes, niega y sostiene, como un solo hombre, que el asunto afecta exclusivamente al PSOE, importándole una higa implicar a una institución benéfica y prestigiosa (El Hogar del Empleado) tratándola de especuladora, y poco importa que ésta, El Hogar del Empleado, se defienda mediante sólidos argumentos de una injuria de tal calibre, la "verdad oficial", es decir, esa gran mentira, se sigue propagando por boca de ministros o a través de la letra impresa en los periódicos adscritos al PP. Por su parte, la dirección del PSOE también ha elaborado su "verdad oficiaV, que se argumenta así: "éstos son dos corruptos que se nos han colado en nuestras listas y ahí se acaba el asunto. Con su expulsión y la de José Luis Balbás (y señora) queda asumida plenamente la responsabilidad politica que nos correspondía". Que Balbás llame desde su incansable móvil a las 9 horas y 57 minutos del día de autos (10 de junio de 2003), es decir, tres minutos antes de la fuga, a un miembro de la Comisión Ejecutiva Federal poco importa. Éste responde al periodista que le pide explicaciones lo siguiente: Talbás y yo hablamos de intereses comunes, como las nuevas tecnologías..." y luego, es de suponer, el citado dirigente socialista se fumó un puro. Cualquiera que conozca a Balbás sabe que es un gran mentiroso, pero no existe ningún mentiroso que no diga alguna verdad. En este caso, por ejemplo, el relato de reuniones documentadas en los más notables despachos de la calle Ferraz, no 70, donde se decidieron relevantes candidaturas, el pago asumido por él de las cuotas para el partido de conocidos afiliados y un largo etcétera de hechos que, perjudicando a unos y beneficiando a otros, merecerían alguna explicación, al menos en el ámbito interno. Pues no, aquí pasó lo de siempre, que han muerto cuatro romanos y cinco cartagineses, y mañana será otro día. Entre las mentiras gubernamentales, la actitud elusiva de buena parte de la Judicatura (¡qué gran pacto el de la justicia!), el cemento armado con que adorna su rostro el fiscal general, la prensa cada vez más sectaria... y las "verdades oficiales" se compone un panorama deprimente que afecta ¡y de qué forma! a las instituciones, a los medios de comunicación y a los partidos, es decir, a toda la politica. Y ahora la pregunta del millón: ¿Qué les digo yo a mis hijos para convencerlos de que vayan a votar? Y sin embargo, la política no sólo es necesaria, es, además, uno de los pocos reductos donde existe la igualdad, pues el derecho al voto es igual para todos. No obstante, la democracia representativa, la delegación y la responsabilidad, que es la única realidad imaginable de democracia, pone en manos de los partidos unos derechos y obligaciones que no deben administrarse de forma endogámica, so pena de reducir la calidad de la democracia. Por ahí debiéramos empezar si se quiere regenerar la política. |