Nº 560 -16 de junio de 2003

 

El juego de las adivinanzas

Pretender hacer una proyección electoral para unas elecciones generales tomando como base los resultados de unas municipales es un ejercicio incierto y arriesgado. lo único que puede hacerse es calcular el número de diputados que arrojarían en cada provincia y para cada partido los votos en el conjunto de los municipios con los que cuenta esa provincia. Según este cálculo, el PSOE, que ganó al PP las elecciones en toda España con una ventaja de, aproximadamente, 100.000 votos, obtendría menos diputados que el PP. Pero estos cálculos carecen de todo valor predictivo, aunque también es cierto que los resultados municipales apuntan un cambio de tendencia en el sentido de que el PSOE supera en votos al PP por primera vez en muchos años. Este hecho hace pensar en unas elecciones generales muy disputadas.

El triunfo de la izquierda en la Comunidad de Madrid se ha visto seriamente dañado con el escándalo de dos "tránsfugas", empujados por impulsos aún desconocidos pero que nada tienen que ver con la política. Cuando esto escribo, aún no se vislumbra qué salida podrá tener la crisis. Una crisis que afecta seriamente al PSOE, pero también al conjunto de la Cámara madrileña, cuyos equilibrios políticos quedan ahora en manos de estas personas, cuya dignidad y moral pública son fácilmente descriptibles.

De hecho, se abre en el horizonte la posibilidad de nuevas elecciones que el PSOE arrostraría con una tara, la de los dos traidores que iban en su lista. Ha sido un golpe injusto, una puñalada por la espalda para Rafael Simancas, uno de los firmes y nuevos valores del PSOE. Una persona con decencia y talento políticos.

En todo caso, haya o no nuevas elecciones en la Comunidad de Madrid, este "accidente" tendrá su influencia en los próximos meses, pero no tiene porqué convertirse en un elemento determinante de cara a las elecciones generales. En éstas influirá, en primer lugar, el cambio de candidato que presentará el PP en el otoño de 2003. Se trata de una decisión siempre arriesgada, que de no resolverla adecuadamente puede producir un serio desgaste en el empuje del partido hoy en el Gobierno. Ahora bien, si el PP acierta y consigue enterrar en el pasado sus claros defectos de Gobierno: incapacidad gestora (Prestige, accidentes ferroviarios, accidentes aeronáuticos, etc., etc.), politica laboral y social (decretazo, contratos laborales efímeros, marginalidad social, precio del suelo ... ) e incluso la creciente inseguridad o los bandazos en política exterior, entonces mantendrá sus posibilidades en un notable nivel.

Las expectativas económicas que se apuntan en el horizonte tampoco se presentan con brillo y éstas suelen influir en la confianza que los electores depositan a ~ en el partido que está en el Gobierno; sin embargo, a mi juicio, lo más determinante es la capacidad para generar confianza que tengan los proyectos políticos y los líderes. Cualidades que son muy difíciles de medir pero que suelen jugar un papel muy relevante. En este momento es conocido el líder que presentará el PSOE: José Luis Rodríguez Zapatero, que llegará a las elecciones "rodado" y con una larga campaña (municipales y autonómicas) a sus espaldas. Queda por saber quién será la persona del PP que vendrá a medirse con Rodríguez Zapatero. Por eso el "cambio de caballo" que ha de producirse en el partido gobernante resulta especialmente significativo.

La campaña será largái quizá demasiado, pero no será baladí. En ese sentido, puede asegurarse que las cartas aún no están echadas y esperemos, para bien de todos, que no estén marcadas.

Un domingo de primavera, por Fernando Fdz de Trocóniz

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