Nº 524 - 30 de septiembre de 2002

Color local

A estas alturas de la película, pasados casi 30 años de que se cumplieran las Uprevisiones sucesoria?, es decir, una generación después (en el sentido orteguiano) de la muerte del general Franco, nadie podrá negar que la explosión de libertad expresiva y el pluralismo político que se produjo durante la Transición se han ido apagando y, sobre todo, se han ido achicando. En efecto, el "achique de espacios', que teorizó Menotti para el fútbol, es hoy de aplicación estricta a la politica nacional, en el sentido más amplio que pueda dársele al término "nacional". Los tres o cuatro periódicos españoles con vocación galáctica, editados básicamente en Madrid y en Barcelona, aparte de las páginas de asuntos exteriores (Medio Oriente, Torres Gemelas, Bush y pare usted de contar), en lo tocante a "nacionaV no salen de la sota, el caballo y el rey, a saber: Páis Vasco, fútbol y minucias varias que dicen ser del corazón y suelen ser de órganos colocados más al sur dentro del cuerpo humano. Coja usted cualquier periódico de ésos, elimine los seis temas citados y se quedará con la publicidad, las páginas de espectáculos y el terremoto o la inundación de turno.

Los periódicos con menos ambiciones, de ámbito regional o local, tampoco aportan otra cosa, excepto la lupa con la que contemplan la realidad local, lo cual les permite elevar a la categoría de "noticia' las declaraciones de un alcalde pedáneo o la apertura de algún camino vecinal.

Hace ya algún tiempo que los medios de comunicación españoles, atrapados en sus respectivos imperios mediáticos, se apoderaron de la agenda política (agenda: lista de temas de los que se habla o discute) que sólo comparten con el Gobierno. los partidos, privados de oxígeno propio, tan sólo aspiran a ver recogidas sus opiniones acerca del temario previamente decidido por los medios, dueños y señores de la opinión pública, que en su deriva imperial no han dudado ni un momento en ningunear a quienes desean. Por ejemplo, al Parlamento. Primero eliminaron la crónica parlamentaria que desde la Restauración venían incluyendo en sus páginas. Hoy envian a sus redactores al Parlamento no para.que reflejen lo que allí se discute sino para que recojan en los pasillos opiniones, al paso, de ministros y diputados sobre los asuntos que a ellos (a los medios) les interesan, y nunca sobre las iniciativas parlamentarias de aquéllos.

De hecho, las tribunas de prensa y los despachos periodísticos desde donde -en directo y a través de la televisión interior- se pueden seguir los debates en el pleno o en las comisiones

están siempre vacíos, reduciendo así las discusiones parlamentarias a un juego endogámico y autista de¡ que sólo se enteran los participantes, es decir, los propios diputados y senadores. la obligación social que, se supone, tienen los medios de trasladar a sus lectores, radioyentes o espectadores lo que ocurre en el Parlamento no sólo se inctimple sino que se somete a la más férrea de las censuras, la de¡ silencio ninguneador. las voces de los parlamentarios consiguen atravesar ese muro de silencio impuesto si, y sólo si, hablan de un asunto previamente decidido por los medios. Por su parte, los medios de comunicación de propiedad pública, en lugar de romper el oligopol¡o reinante, bastante tienen con defender, sostener y manipular a favor del Gobierno que nombra a sus directivos.

Un panorama desolador después de una batalla en la cual,el primer muerto ha sido la independencia profesional de los periodistas, reducidos a piezas de un engranaje empresarial cada vez más intrincado. Hoy, un periodista, a la hora de publicar una noticia que no sea meteorológica, tiene que enterarse si el afectado por ella tiene que ver directa o indirectamente con la empresa para la que escribe o habla. A la dependencia ideológica o política se ha venido a sumar una dependencia económica compleja, cruzada e inextricable, cuyas aguas turbulentas y cambiantes son de difícil navegación. En tales casos conviene plegar velas y navegar al pairo y eso es lo que hacen los periodistas de a pie. jóvenes sometidos bajo contratos efímeros, cuyo objetivo vital consiste en tragar para sobrevivir. En no "rrieterse en líos" que puedan molestar a cualquiera de los múltiples intereses que se entrecruzan y concurren en la azarosa vida económica y financiera del imperio mediático para el que trabajan.

Un periódico con amplías ventas y, por lo tanto, autofinanciado por ellas y por la publicidad que traen aparejada, puede permitirse el lujo de ser independiente y dar rienda suelta a la actividad profesional de sus periodistas, pero ese mismo periódico, convertido en una pieza más de un imperio mediático, pierde, ipso facto, la independencia. Un imperio de esas características: medios escritos, radios, televisiones en abierto y cerrado, etc., etc., precisa de tal cantidad de apoyos financieros, políticos, económicos y clientelares que no puede plantearse tocar en sus informaciones los intereses que están detrás de esas apoyaturas. El mejor refugio consiste, pór supuesto, en incrementar la tendencia natural a la trivialidad pero también al espectáculo inocuo, Pondré dos ejemplos de estos días sólo con la intención de ilustrar lo escrito más arriba: 1. Noticias de Madrid; 2. Bolsa y pensiones.

1. A nadie se le oculta que Madrid es una gran ciudad con enormes problemas, desde el tráfico a otros desórdenes urbanos. Pero me fijaré tan sólo en aquél que es seguramente el más sangrante: el precio de las viviendas a causa de la especulación del suelo.

Es sabido que no llega a la decena el número de operadores (así se les llama ahora a los especuladores) que controlan el mercado de¡ suelo en la capital de España. Mucha gente sabe sus apellidos y dónde y cómo operan, pero jamás se verán sus nombres en 'los papeles". Son demasiado poderosos firíancieramáte cómo para tocarles un pelo. Así que, abierta la larguísima campaña electoral municipal, ese asunto seguírá siendo tabú. Es mucho más relevante elucubrar acerca de si la chaqueta con la que aparecerá una de las candidatas en la publicidad electoral es de cuero o de algodón.

.2. Bolsa y pensiones. Se nos dijo (y era verdad) que dada la evolución demográfica, la seguridad social con su sistema "de reparto' tendría dificultades para sostener en el futuro el actual nivel de cobertura de las pensiones de jubilación. Se nos recomendó que fuéramos suscribiendo fondos de pensiones privados, incentivándonos para ello mediante sustanciosas deducciones fiscales. Naturalmente, el negocio financiero que ese cambio crucial trajo consigo fue de los que hacen época.

Pues bien, metimos nuestros cuartos en esos fondos y ahora, cuando el globo bursátil viene perdiendo gas de manera inequívoca, nadie nos dice dónde han ido a parar nuestras pensiones. Í "Nadie nos dice", se refiere aquí a los medíos que se han callado como dicen que se callan las putas. Será quizá para no crear "alarma social". Ellos, a quien tanto les gusta apretar los timbres de to­das las alarmas, ocultan esa negra realidad. Ellos, que siempre han sostenido que sólo son noticia las malas noticias, se olvidan de ésta que es malísima y afecta directamente a millones de ciudadanos. Todo ello no es sino un fraude a los lectores.

Un ataque directo contra el derecho constitucional que tienen los españoles de estar informados.

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