Internacional/Análisis
Nº 678
16/1/2006
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Schröder deserta después de devaluar el ideario del SPD

¿DEBACLE EN EL SOCIALISMO ALEMÁN?


Más de un mes tardaron los partidos mayoritarios alemanes, Partido Socialdemócrata (SPD), Unión Cristiano Demócrata (CDU) y Unión Social Cristiana (CSU), en decidir que Angela Merkel sería la nueva canciller de Alemania después de que las elecciones depararan una ajustada victoria del partido conservador CDU, liderado por ella. El socialdemócrata Schröder cultivó una derrota nimia que tenía
sabor de victoria teniendo en cuenta que partió con diez puntos de desventaja en las encuestas.


Por Josu Montalbán

EI resultado final no sorprendió demasiado porque el débil liderazgo de Merkel chocó contra el populismo del ex canciller Schröder. Para ganar las últimas elecciones que ganó, Schröder necesitó la actuación de la Providencia en forma de inundaciones. En aquella ocasión se calzó sus botas de goma, se atildó su buzo de plástico y se metió en el barro para comprobar el alcance de la tragedia y prometer unas ayudas generosas. En esa actitud radicó su victoria electoral. A partir de aquel momento su acción de gobierno se empeñó en reformar el modelo político y social alemán en lo que muchos intelectuales han denominado "desmontaje del Estado del Bienestar alemán".

Schröder protagonizó junto a Chirac la estrategia del eje francoalemán para enfrentarse al formado por Blair y el mismo Durao Barroso, alineados con Bush en la definición de la geopolítica mundial. Sin embargo, su paso por la gran cancillería ha derivado en una progresiva devaluación ideológica de la socialdemocracia alemana y en la desmembración del SPD. Su vergonzosa huida delmapa político alemán, después de abocara la socialdemocracia a una gran coalición con la derecha alemana, supone un acto de soberbia y de cobardía que prima al nacionalismo alemán frente a la creación de un gobierno progresista con el Partido de la Izquierda (PDS) de su ex compañero de formación Oskar Lafontaine, y Los Verdes. Sólo la rivalidad y las enemistades forjadas en el seno del SPD, con Lafontaine (que fue ministro de su gobierno y dimitió de su cargo), explican la actitud del ex canciller.

En enero de 2005 entró en vigor la nueva legislación sobre ayudas a desempleados en Alemania. Comenzaba de ese modo una revisión a la baja del Estado del Bienestar alemán. Ante la inminente entrada en vigor de las nuevas normas revisionistas, cada lunes del otoño inmediatamente anterior se habían producido manifestaciones de protesta. El año 2004 fue un año terrible para la clase trabajadora alemana: grandes empresas volvieron a la semana de 40 horas con el mismo salario, en otras se suprimió el suplemento por trabajar el fin de semana, comenzaron a no cobrarse las horas extraordinarias, se redujeron o se suprimieron las pagas de Navidad. La patronal, con la aquiescencia del Gobierno, pedía constantemente medidas para el abaratamiento del despido y pactaba con los sindicatos congelaciones salariales. Todas estas medidas eran tomadas a pesar de que los beneficios empresariales habían subido más de un 60% en los últimos diez años. En este desmontaje del Estado del Bienestar alemán Schröder tenía la última palabra. Y la ejerció con tanto descaro que forzó las elecciones para dar una segunda vuelta de tuerca que, ahora, se ha encargado de forzar por medio del programa que va a desarrollar la gran coalición.

Recientemente, el eurodiputado alemán adscrito al grupo de Los Verdes Daniel Cohn-Bendit escribió: "Mientras haya alternativas políticas al estancamiento que supone la gran coalición, habría que aprovecharlas". Cohn-Bendit hacía estas afirmaciones en un artículo en el que criticaba que la política se siga haciendo desde los aparatos de los grandes partidos y no desde parlamentos abiertos en los que el ecologismo sea la vanguardia. No obstante, nadie le hizo caso suficiente. Que no le hiciera caso Angela Merkel era lo esperado, pero el comportamiento del SPD, marcado por la exclusiva voluntad de Schröder, ha dejado mucho que desear.

La formación del gobierno alemán ha abierto muchas incertidumbres y muy pocas expectativas. ¿Para qué sirve la gran coalición? ¿Qué dimensiones tiene la crisis alemana a la que han dicho que responde Merkel y Schröder? Incluso, ¿existe tal crisis? ¿Quién va a resentirse con el programa diseñado por la gran coalición? ¿Cómo puede definirse dicho programa: de izquierdas, de derechas, de centro, social-liberal, conservador-liberal, liberal a secas, nacionalista alemán? ¿Ha sido diseñado para responder a las necesidades de los alemanes o para potenciar a la nación llamada Alemania en el contexto de Europa
Las derechas europeas han optado por el populismo nacionalista. La alemana no es una excepción. La primera decisión del nuevo gobierno alemán ha sido embarcarse en una campaña de propaganda nacionalista por todo el país, a través de veinte diarios, cuarenta revistas, once televisiones, 1.860 cines y más de 2.000 paneles en las calles que, según sus impulsores, sólo pretende crear un pensamiento positivo. Personajes famosos entre los que se cuentan deportistas, actores, músicos, artistas, etc., dicen a los alemanes: "Tú eres Alemania". Y dicen que las ideas alemanas han cambiado el mundo. Y dicen a quienes les escuchan acomodados en los sillones de sus casas: "Tú eres Einstein" o "Tú eres Beethoven", o "Tú eres Goethe". ¿Forma parte del programa de la gran coalición este alarde de propaganda nacionalista que sigue las mismas o parecidas líneas que ya habían utilizado los fascistas? Nada dicen de todo ello ni Schröder ni los actuales mandatarios del SPD.

La formación del actual gobierno de la Sra. Merkel ha obedecido a los deseos y prejuicios de Schröder y se ha caracterizado por tres aspectos u objetivos fundamentales: el arrinconamiento del Partido de la Izquierda de Oskar Lafontaine, la consecución de las medidas revisionistas del Estado del Bienestar con las que encaró las elecciones y la recuperación de un lugar predominante para Alemania en Europa a cualquier precio. Ninguno de estos objetivos podía lograrse sin pagar peaje. Arrinconar a Oskar Lafontaine se ha llevado por delante al propio SPD, que ha sufrido una crisis importante que ha obligado a cambiar su dirección en dos ocasiones en dos meses. La revisión del Estado del Bienestar alemán bien puede suponer la revisión a la baja de la socialdemocracia europea. La recuperación del predominio de Alemania en Europa, que ha tenido lugar de la mano de la derecha francesa, supone la recuperación del eje francoalemán, además de la consolidación del deteriorado Chirac y la primeriza Angela Merkel. Por su parte, Schröder ha hecho mutis por el foro con una sonrisa propia del perro del hortelano.

El proceso de formación del Gobierno pasó por muchas vicisitudes y adversidades. El secretario general del SPD decía a últimos de septiembre que "la melodía base en la sociedad alemana es socialdemócrata". Benneter exigía entonces que las negociaciones para lograr la gran coalición se hicieran en igualdad de condiciones. Mientras tanto, Angela Merkel aseguraba que "hay total consenso en que el mandato de formar Gobier-no recae sobre mí". Al final, la disyuntiva para ocupar la Cancillería se convirtió en una condición que puso en peligro el éxito de la operación, sin embargo, Schröder, cuando aún estaban pendientes las elecciones en un distrito de Dresde, ya aseguraba que la gran coalición era inevitable y garantizaba la estabilidad. El Presidente del SPD, Muntefering, aseguraba que el SPD no estaría en un gobierno liderado por Merkel porque es "el símbolo del recorte social". Se barajó también que la condición propuesta por el SPD pasaba porque ni Schröder ni Merkel fueran canciller, porque la continuidad del ex-canciller en la política activa sólo sería posible si continuara en su lugar. Desde las filas del SPD se barajó la propuesta de forzar nuevas elecciones.

Lo único claro era que el partido de Lafontaine no contaba para nadie, lo cual era tan lógico para los democratacristianos como ilógico para el SPD. La lucha por ocupar las mayores cotas de poder en el nuevo Gobierno se fue acrecentando conforme fue declinando la batalla por la Cancillería. Schröder empezó a publicitar los cuatro puntos que debían ser los retos del futuro Gobierno: reformar el federalismo, continuar las reformas socioeconómicas, mayor inversión en investigación y desarrollo, y eliminar las trabas inversoras. No era extraño que Angela Merkel considerara exitosa la primera reunión.
El 10 de octubre se despejan las dudas más importantes: Merkel será la primera mujer canciller, con un gobierno formado por siete democratacristianos de su partido CDUy de su partido hermano CSU, y siete social-demócratas del SPD. Comienza la discusión del programa de gobierno. La farsa estaba servida porque resultaba evidente que la gran coalición, invalidaba durante toda la legislatura a Los Verdes, al Partido de la Izquierda y a los liberales. Se abría un melón importante: ¿qué hacer con Schröder?
Paralelamente se desencadena una crisis en el SPD, sólo dos semanas antes de la celebración del Congreso de su partido. Andrea Nahles se convierte en la nominada para secretaria general del SPD tras derrotar al candidato oficial propuesto por Muntefering, que, a su vez, renuncia a seguir en la Presidencia del partido. La crisis desatada parece suponer un giro a la izquierda que contrasta con la tesis mantenidas por Schröder. De hecho, pocos días después se sella un acuerdo para gobernar en el que están contenidos casi todos los recortes sociales que llevaron al canciller Schröder a convocar elecciones antes de tiempo: aumento del IVA, reducción a la mitad del mínimo exento en la fiscalidad por los ahorros, reducción de la cotización del seguro de desempleo, flexibilización del despido, ampliación del período de prueba de los trabajadores de seis meses a dos años, recortes en los gastos del subsidio a los parados crónicos, subida de la edad de jubilación, congelación del nivel de las pensiones, etc.... Puede que un Gobierno en mayoría de Schröder no hubiera elaborado un programa muy diferente.

Y, ¡claro!, Schröder ha anunciado su retirada. Se va triunfante tras vencer en su batalla contra la izquierda. Desde que Oskar Lafontaine abandonó su Gobierno en protesta por lo que consideraba una traición a la social-democracia, Schröder sólo buscó un objtivo: ningunear a Lafontaine. Ahora, Schröder ha desertado dejando la nave (SPD) casi a la deriva, involucrada en un Gobierno conservador y ultraliberal, sojuzgados bajo el débil liderazgo de la primera mujer canciller de la historia de Alemania. Pero él se va, soberbio y orgulloso de haber convertido la socialdemocracia en puro pragmatismo.



El futuro de Schröder

¿Qué va a hacer el ciudadano Schrüder?. Dijo Felipe González que los ex presidentes son como los jarrones chinos, que tienen mucho valor, pero estorban en todos los lados. ¿Dónde va a estorbar Schrüder?
Ha afirmado que desea volver a su carrera de abogado (22 de noviembre). Va a escribir un libro sobre sus vivencias en la Cancillería, que se publicará a finales de 2006, con el que espera recaudar millones en abundancia. El grupo editorial Ringier, con sede en Suiza, anunció la contratación como asesor de Schröder porun sueldo aproximado de 750.000 euros anuales. También tiene derecho a cobrar tres mensualidades de 16.870 euros, tres años cobrando 8.435 euros mensuales y, posteriormente, su jubilación de más de 6.000 euros al mes por su condición de ex canciller.

Asimismo, según información de los últimos tiempos, ha sido nombrado presidente del Consejo de Vigilancia del consorcio ruso-alemán NEGP, que construye y explotará el gasoducto entre Rusia y Alemania. Tal será su descaro, en caso de que llegue a producirse.

"Nadie quiere que Schröder se hunda en apuros económicos, pero tampoco nadie duda en Alemania y fuera de ella de que para evitarlo le era innecesario convertirse en empleado de lujo de un consorcio dominado por una empresa pública del muy poco transparente Estado que preside Putin", así se ha pronunciado en su editorial un importante diario español. Opinión que comparto.

Con todo, parece que la deserción y el futuro convierten a Schrüder en el más reciente azote de la izquierda europea.

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