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Schröder
deserta después de devaluar el ideario del SPD
¿DEBACLE
EN EL SOCIALISMO ALEMÁN?
Más de un mes tardaron los partidos mayoritarios alemanes,
Partido Socialdemócrata (SPD), Unión Cristiano Demócrata
(CDU) y Unión Social Cristiana (CSU), en decidir que Angela Merkel
sería la nueva canciller de Alemania después de que las
elecciones depararan una ajustada victoria del partido conservador CDU,
liderado por ella. El socialdemócrata Schröder cultivó
una derrota nimia que tenía
sabor de victoria teniendo en cuenta que partió con diez puntos
de desventaja en las encuestas.
Por Josu Montalbán
EI
resultado final no sorprendió demasiado porque el débil
liderazgo de Merkel chocó contra el populismo del ex canciller
Schröder. Para ganar las últimas elecciones que ganó,
Schröder necesitó la actuación de la Providencia en
forma de inundaciones. En aquella ocasión se calzó sus botas
de goma, se atildó su buzo de plástico y se metió
en el barro para comprobar el alcance de la tragedia y prometer unas ayudas
generosas. En esa actitud radicó su victoria electoral. A partir
de aquel momento su acción de gobierno se empeñó
en reformar el modelo político y social alemán en lo que
muchos intelectuales han denominado "desmontaje del Estado del Bienestar
alemán".
Schröder protagonizó junto a Chirac la estrategia del eje
francoalemán para enfrentarse al formado por Blair y el mismo Durao
Barroso, alineados con Bush en la definición de la geopolítica
mundial. Sin embargo, su paso por la gran cancillería ha derivado
en una progresiva devaluación ideológica de la socialdemocracia
alemana y en la desmembración del SPD. Su vergonzosa huida delmapa
político alemán, después de abocara la socialdemocracia
a una gran coalición con la derecha alemana, supone un acto de
soberbia y de cobardía que prima al nacionalismo alemán
frente a la creación de un gobierno progresista con el Partido
de la Izquierda (PDS) de su ex compañero de formación Oskar
Lafontaine, y Los Verdes. Sólo la rivalidad y las enemistades forjadas
en el seno del SPD, con Lafontaine (que fue ministro de su gobierno y
dimitió de su cargo), explican la actitud del ex canciller.
En enero de 2005 entró en vigor la nueva legislación sobre
ayudas a desempleados en Alemania. Comenzaba de ese modo una revisión
a la baja del Estado del Bienestar alemán. Ante la inminente entrada
en vigor de las nuevas normas revisionistas, cada lunes del otoño
inmediatamente anterior se habían producido manifestaciones de
protesta. El año 2004 fue un año terrible para la clase
trabajadora alemana: grandes empresas volvieron a la semana de 40 horas
con el mismo salario, en otras se suprimió el suplemento por trabajar
el fin de semana, comenzaron a no cobrarse las horas extraordinarias,
se redujeron o se suprimieron las pagas de Navidad. La patronal, con la
aquiescencia del Gobierno, pedía constantemente medidas para el
abaratamiento del despido y pactaba con los sindicatos congelaciones salariales.
Todas estas medidas eran tomadas a pesar de que los beneficios empresariales
habían subido más de un 60% en los últimos diez años.
En este desmontaje del Estado del Bienestar alemán Schröder
tenía la última palabra. Y la ejerció con tanto descaro
que forzó las elecciones para dar una segunda vuelta de tuerca
que, ahora, se ha encargado de forzar por medio del programa que va a
desarrollar la gran coalición.
Recientemente, el eurodiputado alemán adscrito al grupo de Los
Verdes Daniel Cohn-Bendit escribió: "Mientras haya alternativas
políticas al estancamiento que supone la gran coalición,
habría que aprovecharlas". Cohn-Bendit hacía estas
afirmaciones en un artículo en el que criticaba que la política
se siga haciendo desde los aparatos de los grandes partidos y no desde
parlamentos abiertos en los que el ecologismo sea la vanguardia. No obstante,
nadie le hizo caso suficiente. Que no le hiciera caso Angela Merkel era
lo esperado, pero el comportamiento del SPD, marcado por la exclusiva
voluntad de Schröder, ha dejado mucho que desear.
La formación del gobierno alemán ha abierto muchas incertidumbres
y muy pocas expectativas. ¿Para qué sirve la gran coalición?
¿Qué dimensiones tiene la crisis alemana a la que han dicho
que responde Merkel y Schröder? Incluso, ¿existe tal crisis?
¿Quién va a resentirse con el programa diseñado por
la gran coalición? ¿Cómo puede definirse dicho programa:
de izquierdas, de derechas, de centro, social-liberal, conservador-liberal,
liberal a secas, nacionalista alemán? ¿Ha sido diseñado
para responder a las necesidades de los alemanes o para potenciar a la
nación llamada Alemania en el contexto de Europa
Las derechas europeas han optado por el populismo nacionalista. La alemana
no es una excepción. La primera decisión del nuevo gobierno
alemán ha sido embarcarse en una campaña de propaganda nacionalista
por todo el país, a través de veinte diarios, cuarenta revistas,
once televisiones, 1.860 cines y más de 2.000 paneles en las calles
que, según sus impulsores, sólo pretende crear un pensamiento
positivo. Personajes famosos entre los que se cuentan deportistas, actores,
músicos, artistas, etc., dicen a los alemanes: "Tú
eres Alemania". Y dicen que las ideas alemanas han cambiado el mundo.
Y dicen a quienes les escuchan acomodados en los sillones de sus casas:
"Tú eres Einstein" o "Tú eres Beethoven",
o "Tú eres Goethe". ¿Forma parte del programa
de la gran coalición este alarde de propaganda nacionalista que
sigue las mismas o parecidas líneas que ya habían utilizado
los fascistas? Nada dicen de todo ello ni Schröder ni los actuales
mandatarios del SPD.
La formación del actual gobierno de la Sra. Merkel ha obedecido
a los deseos y prejuicios de Schröder y se ha caracterizado por tres
aspectos u objetivos fundamentales: el arrinconamiento del Partido de
la Izquierda de Oskar Lafontaine, la consecución de las medidas
revisionistas del Estado del Bienestar con las que encaró las elecciones
y la recuperación de un lugar predominante para Alemania en Europa
a cualquier precio. Ninguno de estos objetivos podía lograrse sin
pagar peaje. Arrinconar a Oskar Lafontaine se ha llevado por delante al
propio SPD, que ha sufrido una crisis importante que ha obligado a cambiar
su dirección en dos ocasiones en dos meses. La revisión
del Estado del Bienestar alemán bien puede suponer la revisión
a la baja de la socialdemocracia europea. La recuperación del predominio
de Alemania en Europa, que ha tenido lugar de la mano de la derecha francesa,
supone la recuperación del eje francoalemán, además
de la consolidación del deteriorado Chirac y la primeriza Angela
Merkel. Por su parte, Schröder ha hecho mutis por el foro con una
sonrisa propia del perro del hortelano.
El proceso de formación del Gobierno pasó por muchas vicisitudes
y adversidades. El secretario general del SPD decía a últimos
de septiembre que "la melodía base en la sociedad alemana
es socialdemócrata". Benneter exigía entonces que las
negociaciones para lograr la gran coalición se hicieran en igualdad
de condiciones. Mientras tanto, Angela Merkel aseguraba que "hay
total consenso en que el mandato de formar Gobier-no recae sobre mí".
Al final, la disyuntiva para ocupar la Cancillería se convirtió
en una condición que puso en peligro el éxito de la operación,
sin embargo, Schröder, cuando aún estaban pendientes las elecciones
en un distrito de Dresde, ya aseguraba que la gran coalición era
inevitable y garantizaba la estabilidad. El Presidente del SPD, Muntefering,
aseguraba que el SPD no estaría en un gobierno liderado por Merkel
porque es "el símbolo del recorte social". Se barajó
también que la condición propuesta por el SPD pasaba porque
ni Schröder ni Merkel fueran canciller, porque la continuidad del
ex-canciller en la política activa sólo sería posible
si continuara en su lugar. Desde las filas del SPD se barajó la
propuesta de forzar nuevas elecciones.
Lo único claro era que el partido de Lafontaine no contaba para
nadie, lo cual era tan lógico para los democratacristianos como
ilógico para el SPD. La lucha por ocupar las mayores cotas de poder
en el nuevo Gobierno se fue acrecentando conforme fue declinando la batalla
por la Cancillería. Schröder empezó a publicitar los
cuatro puntos que debían ser los retos del futuro Gobierno: reformar
el federalismo, continuar las reformas socioeconómicas, mayor inversión
en investigación y desarrollo, y eliminar las trabas inversoras.
No era extraño que Angela Merkel considerara exitosa la primera
reunión.
El 10 de octubre se despejan las dudas más importantes: Merkel
será la primera mujer canciller, con un gobierno formado por siete
democratacristianos de su partido CDUy de su partido hermano CSU, y siete
social-demócratas del SPD. Comienza la discusión del programa
de gobierno. La farsa estaba servida porque resultaba evidente que la
gran coalición, invalidaba durante toda la legislatura a Los Verdes,
al Partido de la Izquierda y a los liberales. Se abría un melón
importante: ¿qué hacer con Schröder?
Paralelamente se desencadena una crisis en el SPD, sólo dos semanas
antes de la celebración del Congreso de su partido. Andrea Nahles
se convierte en la nominada para secretaria general del SPD tras derrotar
al candidato oficial propuesto por Muntefering, que, a su vez, renuncia
a seguir en la Presidencia del partido. La crisis desatada parece suponer
un giro a la izquierda que contrasta con la tesis mantenidas por Schröder.
De hecho, pocos días después se sella un acuerdo para gobernar
en el que están contenidos casi todos los recortes sociales que
llevaron al canciller Schröder a convocar elecciones antes de tiempo:
aumento del IVA, reducción a la mitad del mínimo exento
en la fiscalidad por los ahorros, reducción de la cotización
del seguro de desempleo, flexibilización del despido, ampliación
del período de prueba de los trabajadores de seis meses a dos años,
recortes en los gastos del subsidio a los parados crónicos, subida
de la edad de jubilación, congelación del nivel de las pensiones,
etc.... Puede que un Gobierno en mayoría de Schröder no hubiera
elaborado un programa muy diferente.
Y, ¡claro!, Schröder ha anunciado su retirada. Se va triunfante
tras vencer en su batalla contra la izquierda. Desde que Oskar Lafontaine
abandonó su Gobierno en protesta por lo que consideraba una traición
a la social-democracia, Schröder sólo buscó un objtivo:
ningunear a Lafontaine. Ahora, Schröder ha desertado dejando la nave
(SPD) casi a la deriva, involucrada en un Gobierno conservador y ultraliberal,
sojuzgados bajo el débil liderazgo de la primera mujer canciller
de la historia de Alemania. Pero él se va, soberbio y orgulloso
de haber convertido la socialdemocracia en puro pragmatismo.
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El
futuro de Schröder
¿Qué
va a hacer el ciudadano Schrüder?. Dijo Felipe González
que los ex presidentes son como los jarrones chinos, que tienen
mucho valor, pero estorban en todos los lados. ¿Dónde
va a estorbar Schrüder?
Ha afirmado que desea volver a su carrera de abogado (22 de noviembre).
Va a escribir un libro sobre sus vivencias en la Cancillería,
que se publicará a finales de 2006, con el que espera recaudar
millones en abundancia. El grupo editorial Ringier, con sede en
Suiza, anunció la contratación como asesor de Schröder
porun sueldo aproximado de 750.000 euros anuales. También
tiene derecho a cobrar tres mensualidades de 16.870 euros, tres
años cobrando 8.435 euros mensuales y, posteriormente, su
jubilación de más de 6.000 euros al mes por su condición
de ex canciller.
Asimismo, según información de los últimos
tiempos, ha sido nombrado presidente del Consejo de Vigilancia del
consorcio ruso-alemán NEGP, que construye y explotará
el gasoducto entre Rusia y Alemania. Tal será su descaro,
en caso de que llegue a producirse.
"Nadie quiere que Schröder se hunda en apuros económicos,
pero tampoco nadie duda en Alemania y fuera de ella de que para
evitarlo le era innecesario convertirse en empleado de lujo de un
consorcio dominado por una empresa pública del muy poco transparente
Estado que preside Putin", así se ha pronunciado en
su editorial un importante diario español. Opinión
que comparto.
Con todo, parece que la deserción y el futuro convierten
a Schrüder en el más reciente azote de la izquierda
europea.
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