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Juan
F. López Aquilar, ministro de Justicia
"VAMOS A REMOVER TODAS LAS BARRERAS DE DESIGUALDAD"
En su cartera
están los cambios sociales de mayor calado que prometió
Zapatero y por eso está teniendo que hacer frente a las críticas
de los sectores más reacios a ellos, principalmente la Iglesia
y la derecha judicial. No obstante, se muestra entusiasmado con la tarea
ya que asegura sentirse arropado por la sociedad española, mucho
más tolerante de lo que algunos pretenden. Al Consejo del Poder
Judicial le pide que cumpla sus funciones constitucionales y deJe de confrontar
con el Gobierno, y a los obispos, sosiego, ya que el Ejecutivo quiere
seguir cooperando con la Iglesia aunque por ello no va a dejar de cumplir
su programa.
Por Inmaculada
Sánchez
Obispos, jueces, algunas feministas... ¿Pensaba usted que iba
a tener tantos frentes en sus primeros0 ros seis meses como ministro?
Trabajamos cuatro años para llegar al Gobierno y no fueron fáciles.
Y sabíamos que, una vez en él, todo iba a ser aún
más difícil. Pero lo estamos haciendo con motivación
porque sentimos el aliento de muchísima gente todos los días.
Puede haber dificultades a la hora de sacar adelante iniciativas transformadoras
o de cambio pero somos conscientes de que cumplimos con nuestro deber
y nuestro compromiso y que, además, la mayoría de la sociedad
española las está apoyando.
-Uno de los frentes más activos en estos momentos es el del
Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Desde él acusan al Gobierno
de querer dinamitarlo, y desde el PP de pretender nombrar jueces afines.
¿Cuáles son los objetivos de los cambios propuestos en la
forma de seleccionar los jueces del Supremo y de los Tribunales autonómicos?
-El Consejo General del Poder Judicial está definido en la Constitución
por sus funciones ejecutivas. Adopta decisiones relativas a nombramientos,
inspecciones, régimen disciplinario y sanciones, con una composición
colegiada que describe mayorías y minorías. Por consiguiente,
está abocado a dar cuenta de su pluralidad interna. Hemos observado
que el Consejo ha ido derivando en el curso de su actual mandato de cinco
años en un funcionamiento mecánico: ¡a mayoría
adopta sus decisiones sin diálogo ni negociación con la
minoría. El Gobierno lo que quiere es incrementar y reforzar los
acuerdos precedidos de diálogo y de consenso para adoptar nombramientos.
Creemos que ciertas declaraciones exageradas están fuera de lugar
y de razón. Desde luego las que alegan defectos de constitucionalidad",
porque no los hay por ninguna parte. Y también las que pretenden
que esto es una `ruptura de las reglas de juego" para ocupar el Poder
judicial, cuando lo que se está haciendo, pre cisamente, es asegurar
una regla por la que se invite a los 20 miembros del Consejo, como mínimo,
a deliberar conjuntamente antes de decidir nombramientos que, de otra
manera, quedan enteramente resueltos por una misma mayoría mecánica,
la de los vocales propuestos por el PP.
-¿Ha querido, entonces, el Gobierno dar la vuelta a un mapa
judicial heredado con predominio de jueces cercanos al PP?
-El PSOE y su Gobierno han distinguido siempre entre el Consejo del Poder
Judicial y el poder judicial. A menudo, el lenguaje periodístico
confunde uno con otro. No son lo mismo. El Poder Judicial en este país
está residenciado en todos y cada uno de los 4.000 jueces y magistrados
que ponen sentencias. Pero el CGPJ es un órgano político,
cuya legitimación, a nuestro juicio se deriva de su elección
parlamentaria y de las funciones de expresión de las distintas
sensibilidades que conforman la propia judicatura y la sociedad a la que
sirve. Por tanto, resulta muy llamativo que quienes más se han
llenado la boca con un discurso de, "despolitización de la
justicia" en el seno del Consejo, estén exhibiendo ahora tantas
ganas de confrontar políticamente con el Gobierno.
-Usted
ya conocía a los miembros del Consejo. ¿Se esperaba tanta
beligerancia?
-El Gobierno quiere establecer con el CGPJ unas relaciones positivas de
colaboración. Nosotros hemos adquirido un compromiso con la ciudadanía.
Lo cumplimos. Esperamos del Consejo que cumpla también con sus
propias responsabilidades. Y tiene mucho por hacer: en materia de inspección
de juzgados y tribunales o de desarrollo reglamentario de leyes orgánicas
relativas a la organización del funcionamiento de los juzgados.
Vemos, también, que los ciudadanos denuncian defectos, dilaciones
o un mal funcionamiento del sistema judicial que requiere acciones disciplinarias
y correctivas muy enérgicas por parte del Consejo. Creemos que
la sociedad espera que se emplee a fondo en el cumplimiento de esas funciones
y entiende mal que, desatendiendo esas, tenga tantas ganas de desplegar
otras que la Constitución no le atribuye, como la de dictaminar
todas las iniciativas legislativas del Gobierno y, mucho menos, pronosticar
los vicios de inconstitucional¡dad que no aparecen por ninguna parte.
-En ese programa que alude estaba la legalización del matrimonio
entre homosexuales. ¿Cree que provocará conflictos?
-justicia tiene una agenda ambiciosa para esta legislatura. Entre ellas
el muy importante capítulo penal y judicial de la Ley de Medidas
Integrales contra la Violencia de Género. La del matrimonio homosexual
es una medida con gran impacto mediático pero, en realidad, es
una reforma legislativa de carácter muy escueto aunque con un gran
calado social porque remueve una barrera de desigualdad centenaria o milenaria:
la que prohibe a una categoría de personas ejercer, en una sociedad
que quiere ser libre, abierta y plural, su modalidad de convivencia afectiva
en igualdad de derechos que cualquier otra persona, sin discriminación
por su orientación sexual. Comprendemos que haya suscitado resistencias
por parte de los sectores que tradicionalmente se resisten al cambio y
son hostiles a los avances y al progreso. Pero estamos convencidos de
que esta medida tiene detrás de sí a la inmensa mayoría
de la sociedad española que es mucho más tolerante de lo
que, a menudo, el ruido o la espuma de algunos debates permite entrever
con claridad.
-En su proyecto de Ley Integral contra la Violencia de Género
han tenido que añadir, en el trámite parlamentario, a otras
"personas especialmente vulnerables" del ámbito familiar
para conseguir que fuese aprobada por unanimidad ¿No es esto el
reconocimiento de un error no calibrado a priori?
-En absoluto. El Gobierno lanzó un mensaje muy potente, el de tomar
partido por las mujeres en una relación de desigualdad define a
toda una sociedad, que no es la sumatoria de episodios individuales de
violencia de muchos hombres contra mujeres, sino la descripción
de una sociedad donde hay muchísimas mujeres que menos oportunidades
que los hombre de emanciparse, de elegir su propia vida y que, además,
viven aterrorizadas. El Gobierno ha tomado partido por ellas, que son
la parte más débil. Construye una respuesta integral que
hinca raíces en el plano educativo, en valores, se expande por
la imagen de la mujer en los medios de comunicación y la publicidad
comercial, las ayuda a emanciparse, promueve la inserción socio-profesional
cuando ésa es la razón de su esclavitud o su terror cotidiano
y responde penal, y judicialmente, de forma dura y especializada, contra
la violencia. Todo eso este el primer proyecto de ley. A partir de ahora
abre un proceso de diálogo con otros grupos parlamentarios y se
llega a un punto de consenso en un aspecto muy específico en una
ley de largo recorrído. Ese punto concierne a un tipo penal agravado.
Si con la nueva agravante se cubren situacione de vulnerabilidad en el
ámbito de la convivencia o las relaciones afectivas, bienvenido
sea. Eso no cambia ni la filosofía ni la orientación de
la ley.
-¿Esta corrección no va a frenar al bierno en su intención
de utilizar la discriminación
positiva para algunos colectivos?
En absoluto. Incluso queremos poteneciar y multiplicar este tipo de discriminaciones
en otras que tomaremos en estos cuatro años. Se ha anunciado ya
que se va a promover una iniciativa legislativa para garantizar la igualdad
de derechos de la mujer en el mercado de trabajo. Vamos a remover todas
las barreras de desigualdad que estén a nuestro alcance en esta
legislatura.
-La reforma de la Ley del Divorcio ha tenido sus primeras críticas
desde colectivos feministas hasta ahora entusiastas con el Gobierno, sobre
todo en cuanto a la custodia compartida de los hijos. ¿Prevé
que, al igual que con la Ley Integral contra la Violencia, también
pueda haber correcciones al proyecto en aras a conseguir mayor consenso?
-La agilización y simplificación del divorcio se corresponden
con un estado de opinión con respecto al derecho a casarse y a
disolver el matrimonio inmensamente mayoritario que ya venía tardando
demasiado tiempo. A comienzos de los ochenta se aprobó, con grandes
dificultades, una primera legislación. Se introdujeron muchas cautelas
que en el curso del tiempo han probado ser origen de una
multiplicación del sufrimiento procesal, económico pero,
sobre todo, emocional y moral. Por eso estamos convencidos de que esta
iniciativa está cargada de razón y de sentido. La hemos
dialogado mucho con todos los colectivos. Somos conscientes de que algunos
de ellos representan una vivencia especial, como lo somos de que la iniciativa,
correctamente explicada, crea soluciones a la altura de los modelos mayoritarios
de nuestro tiempo. La custodia compartida no se impone como una obligación.
Es una opción disponible. En el caso de que no haya acuerdo, el
juez, como hasta ahora, y como es obligado por las coordenadas constitucionales
de, protección al menor, deberá decidir. Siempre oyendo
a las partes, en interés del menor.
-¿Y
la retorma sobre la legislación del aborto, por qué va a
quedar para el final de la legislalura? ¿No es también una
prioridad?
-Hemos establecido un orden de prioridades. Estamos acometiendo esa extensión
de derechos civiles en este periodo de sesiones. El 2005 será el
año en el que se cumplan los diez de vigencia del Código
Penal de la democracia. Hemos deplorado, en ocasiones, el modo atropellado
y acumulativo de reformarlo que caracterizó a la mayoría
absoluta del PP. Nosotros queremos, por el contrario, marcar una diferencia,
convocar a las fuerzas politicas al diálogo, identificar los problemas
y poner en marcha una reforma del Código, quizá dos, en
el curso de la legislatura, que tengan sentido y que no sea fruto de ningún
propagandismo ni precipitación. Eso es lo que explica que las reformas
que precisan retoques las hayamos remitido al tramo posterior de la legislatura.
-¿No ha sido por no agravar la crispación con la jerarquía
de la Iglesia católica?
-No solamente no tenemos ninguna intención de participar en ninguna
crispación sino que somos profundamente incompatibles con ella.
La crispación es un artificio del que la derecha se ha valido en
este país. Creemos que todo, en el estilo y en el provecto de ]osé
Luis Rodríguez Zapatero, invita, por el contrario, al diálogo,
al entendimiento, al manejo templado del conflicto. Y eso comprende a
todas las instituciones representativas de nuestra propia pluralidad.
La Iglesia, evidentemente, no es el adversario del Partido Socialista.
Es una institución merecedora de todo respeto. La Constitución
mandata, además, a cooperar con la Iglesia y con las demás
confesiones, y es lo que estamos intentando hacer.
-Las declaraciones de algunos obispos, sin embargo, no parecen nada
templadas
- Escucho declaraciones todos los días que me resulta imposible
compartir. Están, además, alejadas del sentir mayoritario
de la sociedad española del 2004, que no es la del 78. En el 78
apenas había espacio en España para la confesión
islámica. Hoy hay cerca de 800.000 musulmanes, medio millón
de protestantes, 50.000 judíos... y ese pluralismo está
ahí para quedarse. Además, hay millones de ciudadanos que
quieren ejercer sus derechos sin vincularse a ninguna doctrina confesional.
-Otros gobiernos socialistas ya han hecho ese discurso pero la financiación
no la tocaron. ¿Va éste a avanzar en que la Iglesia deje
de estar subvencionada por el Estado?
-El marco está establecido en la Constitución. Uno de los
acuerdos del Estado con la Santa Sede es el económico-financiero
que define las actuales soluciones como transitorias porque dibuja en
el horizonte la atofinanciación. Ese es un asunto sobre el que
podemos dialogar. Ahora mismo, con las confesiones tradicionalmente minoritarias
hemos intentado reparar su discriminación. Hemos establecido en
el primer presupuesto de Zapatero una fundación de carácter
público, con cargo a los presupuestos y a otros fondos privados,
para contribuir al sostenimiento de la acción social integradora
de estas confesiones. Ésta nos ha parecido una fórmula muy
acertada. Pero, con respecto a la Iglesia, mientras los acuerdos estén
en vigor los estamos respetando. Escucho todos los días declaraciones
más o menos subidas de tono con respecto de pretendidas ofensivas
contra la Iglesia y recuerdo que mientras tanto estamos sosteniendo la
acción social de la Iglesia, la enseñanza de a religión
católica en el sistema educativo y al clero. Además, mantenemos
un amplísimo y generoso sistema de conciertos educativos en el
que participan las órdenes religiosas. Por tanto, no podemos hablar
de ninguna "ofensiva contra la Iglesia", sino de una cooperación
intensa y positiva.
-¿No se ha marcado plazo el Gobierno para que esta transitoriedad
que contemplan los Acuerdos con la Santa Sede concluya?
-Los Acuerdos están en vigor mientras no se negocie otra opción.
Lo que sí es necesario revisar, simplemente porque concluye el
plazo, es la modalidad concreta de acuerdo económico, cuya última
prórroga caduca en 2005: se trata de la fórmula específica
de aplicación de[ mismo, que implica asignación tributaria
más dotación presupuestaria directa. Quiero, no obstante,
lanzar un mensaje de tranquilidad. Estamos cooperando y estamos dispuestos
a seguir haciéndolo en el futuro, pero reclamamos, con toda firmeza,
el deber del Gobierno, democráticamente elegido, de sacar adelante
un programa.
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