Nº 541
3/2/2001

Anticorrupción cita a Villalonga por la compra de la productora holandesa

¿Dónde está el dinero de Endemol?

Esa es la gran pregunta que aparece detrás de las investigaciones que lleva a cabo la Fiscalía Anticorrupción sobre la compra de la productora audiovisual holandesa, que negoció personalmente el ex presidente de Telefónica, Juan Villalonga. Una operación que supuso para la operadora desembolsar más de cinco millones de euros, casi cinco veces más que su valor contable. Demasiado dinero como para que no exista la sospecha de que hubo alguna contrapartida.

Por Vera Castelló

Lo que no ha conseguido el PSOE en los últimos meses lo va a conseguir la Fiscalía Anticorrupción: traer a Madrid al ex presidente de Telefónica, Juan Villalonga, para dar explicaciones sobre las operaciones realizadas por la operadora durante su mandato, concretamente las relativas a la compra de Endemol. A mediados de marzo, Villalonga y los miembros del consejo que en 2000 aprobaron la operación se sentarán frente al juez Baltasar Garzón, que actúa a instancias de Anticorrupción, para intentar aclarar una compra que supuso casi un billón de pesetas para la operadora.

Las espectaculares operaciones emprendidas por Juan Villalonga cuando dirigía los destinos de Telefónica continúan presentando numerosas incógnitas, pero si hay alguna especialmente misteriosa, esa es la compra de la productora holandesa Endemol, creadora de programas revolucionarios como Gran Hermano y, en España, Operación Triunfo. El pasado mes de junio la Fiscalía Anticorrupción, con el visto bueno del fiscal general del Estado, comenzó a investigar la compra de Endemol. Se trataba de probar si se habían producido “infracciones penales de las tipificadas en los delitos societarios”. La pasada semana, a instancias de Anticorrupción, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón citaba a declarar como testigos al ex presidente de Telefónica, Juan Villalonga, y a los 17 consejeros que participaron en los consejos de administración celebrados el 23 de febrero y el 29 de marzo de 2000. En esas fechas se trató la polémica operación, pero las negociaciones comenzaron tiempo antes tal y como admite como asegura el informe de la Fiscalía Anticorrupción. El juez justifica la decisión de llamar a declarar como testigos a los miembros del consejo de administración de entonces en el hecho de que la compañía ha entregado documentación con fecha posterior al 22 de febrero de 2000, mientras que las negociaciones para la compra de Endemol comenzaron más de un mes antes. Por esta razón, señala el fiscal, no es posible “determinar los criterios y razones” seguidos para que finalmente se valorara en 158 euros “el valor de cada acción a adquirir”.

La adquisición de Endemol se produjo en el momento de máxima actividad compradora de Juan Villalonga, pero fue, de alguna forma, la gota que colmó el vaso de la paciencia de su amigo José María Aznar. Tan sólo cuatro meses después, el amigo de pupitre del presidente del Gobierno hacía las maletas y marchaba a Miami dejando a César Alierta el remate de la operación como herencia.

La operadora anunció el 17 de marzo de 2000 el lanzamiento de una OPA por el 100% de Endemol pagando por ello 915.000 millones de pesetas –5.500 millones de euros–. La cifra ya sonaba absolutamente desproporcionada, pero lo era mucho más si se tenía en cuenta que ese día Telefónica pagaba 158 euros por acción por una compañía que a cierre de 1999 cotizaba a 53,35 euros.

Más sorprendente aún resultaba la espectacular revalorización de los títulos de Endemol experimentada en los diez días anteriores a la OPA, periodo en el que las acciones subieron un 52%. Ese es precisamente uno de los aspectos que más ha llamado la atención a la Fiscalía Anticorrupción. Sus investigaciones han tenido muy en cuenta que entre junio de 1999 y febrero de 2000 el precio de los títulos de Endemol experimentaron una constante subida, sin que Telefónica activara ningún mecanismo para que la compra no se encareciera. El fiscal también maneja un informe elaborado por dos peritos de Hacienda que concluye sin que se haya constatado ninguna irregularidad fiscal en la compra de la productora holandesa. Sin embargo, no es éste el único caso que investiga Anticorrupción y en el que está inmerso Villalonga. El fiscal Luis Rueda también recaba información sobre si el ex presidente de la operadora y sus colaboradores incurrieron en un delito de estafa al aprobar los polémicos planes de opciones sobre acciones, las famosas stock options. Además, en Anticorrupción sigue viva la investigación sobre la venta de Sintel desarrollada en la era Villalonga.

Por aquellas fechas, Endemol, facturaba 72.710 millones de pesetas y había obtenido al cierre del último ejercicio fiscal 7.000 millones de beneficio. Los resultados, tampoco justificaban tamaña generosidad a la hora de pagar por ella. Sin embargo, finalmente el precio fue algo menor, ya que la compra se hizo efectiva mediante acciones de la compañía española, lo que obligó a Telefónica a llevar a cabo una ampliación de capital que permitiera la compra, lo que dilató la operación tres meses.

La salida de Villalonga de Telefónica tan solo unos meses después de iniciarse la compra de Endemol siempre dejó la impresión en el sector de que el presidente había logrado beneficios particulares en la operación.

No han contribuido a despejar las sospechas de enriquecimiento ilícito el que Villalonga nunca haya acertado a explicar porque se pagó tanto dinero por la productora audiovisual. Es cierto que por entonces ya Telefónica controlaba numerosos medios audiovisuales que necesitaban contenidos pero el precio era excesivo a todas luces, sobre todo cuando los analistas señalaban que la compañía, tan solo unos meses antes, valía solo una décima parte.

En marzo de 2000, cuando se dio a conocer la operación, la compañía tenía un valor contable de 200.000 millones de pesetas. Juan Villalonga finalmente pagó 915.000. De hecho, fuentes conocedoras del sector afirman que tan solo unos meses antes el grupo Pearson, interesado también en la productora, desestimó la adquisición por considerar el precio elevado.

Mientras la Fiscalía Anticorrupción busca probar los hechos, en el sector se asegura que fue la operación más escandalosa llevada a cabo por el controvertido Villalonga que, por entonces, tenía a su amigo José María Aznar batallando por ganar por segunda vez las elecciones generales.

Las sospechas se refieren sobre todo a las desorbitantes subidas bursátiles de Endemol antes del inicio oficial de las negociaciones de compra. Precisamente, hace sólo tres meses el Consejo de Administración de Telefónica aprobó un reglamento para controlar las operaciones bursátiles de sus directivos.

Las reticencias sobre la operación llegaron incluso a la CNMV, que incluyó en el folleto informativo de la ampliación de capital una nota de advertencias y consideraciones en la que se alertaba de que Telefónica no había recabado de “un asesor externo informe alguno que justifique la ecuación de canje pactada”.

Sin duda, uno de los grandes beneficiados con la operación fue John De Mol, presidente, fundador y accionista mayoritario de la productora holandesa. De la noche a la mañana se convirtió en el principal accionista individual de Telefónica. Cambió su 28,18% de la productora, por el 1,5% de la operadora, valorado entonces en 220.000 millones. Poco después, el holandés se embolsaba buena parte del dinero al hacer líquidas parte de las acciones, ya que en el acuerdo firmado con Villalonga sólo se comprometía a mantener un 25% de las acciones un año y otro 25% dos años. El 50% restante se podía vender cuando quisiera.

En cualquier caso, las sospechas sobre uso privilegiado de información han sido continuas. De hecho, la Fiscalía holandesa investiga al presidente de la multinacional Philips, Cor Boonstra, por una supuesta utilización de información privilegiada en la compra de acciones de Endemol días antes de que Telefónica anunciara su adquisición.

Las investigaciones de la Fiscalía. El juez quiere tomar declaración a todos los consejeros que participaron en las reuniones en la que se aprobó la operación para comprobar si todos los miembros creyeron conveniente proseguir con la compra o no. De hecho, fuentes del sector aseguran que los accionistas de referencia de Telefónica, La Caixa y el BBVA, mostraron sus reticencias ante la operación pero finalmente no votaron en contra. Hasta entonces, las dos entidades financieras habían logrado fuertes plusvalías de su inversión en la operadora. Las mismas reticencias sobre el precio mostraron algunos altos ejecutivos de la compañía, temerosos de emprender una nueva operación en un sector no estratégico para Telefónica y caracterizado por su enorme volatilidad.

Sin embargo, si bien BBVA y La Caixa aceptaron la compra de Endemol, no se mostraron dispuestos a apoyar, poco después, la compra, también en Holanda, de KPN. Unas semanas más tarde, caía Juan Villalonga.

En Telefónica oficialmente se sigue justificando la operación. “Endemol continúa ideando programas de éxito que le reportan cuantiosos beneficios. Es cierto que se pagó generosamente, pero fue en acciones. Al final Telefónica lo ha hecho mejor que otros como American On Line y Time Warner, que ahora no valen nada. Por entonces todo el mundo estaba entusiasmado con el boom tecnológico. Las operaciones entre grandes empresas de telecomunicaciones y compañías de medios de comunicación eran constantes”, indica un portavoz de la compañía. “Sin duda si hubiera que haber pagado en pesetas, el precio hubiera sido otro”, se admite.

En la nueva Telefónica de Cesar Alierta, la productora Endemol no ha estado entre los intereses primordiales. En algún momento se ha llegado a estudiar su venta, pero la pérdida de valor de las acciones de la productora ha desaconsejado conformarse con unas minusvalías importantes. Hace tan solo unos meses, durante el consejo de administración de Telefónica de principios de agosto, el presidente hacía su estimación de resultados para el cierre del ejercicio. El objetivo de Alierta era reducir las pérdidas previstas mediante, entre otras formas, la venta de participaciones. Por entonces todo el mundo interpretó que lo más fácil sería deshacerse de Endemol.  En agosto, las valoraciones de la productora no llegaban ni a los 1.000 millones de euros, la quinta parte de lo que se había pagado dos años antes. “Cuando llegue el momento, se verá”, afirman en Telefónica.

El otro gran misterio de la gestión Villalonga

En aquella época de continuas operaciones internacionales, realizadas o estudiadas, había un elemento recurrente: la aparición en ellas del misterioso Mohamed Amersi.

Nada ocurría en Telefónica sin que Amersi, ligado a la todopoderosa consultora McKensey, tuviera algo que decir. Este abogado de origen africano pero nacionalizado británico, antiguo socio del bufete ginebrino Jones, Day, Reavis & Pogue, actuaba algunas veces como asesor en las grandes operaciones internacionales, otras buscando las oportunidades de negocio para las inversiones de la compañía y del propio Villalonga y las restantes prestando sus conocimientos de legislación mercantil internacional, sin embargo nunca llegó a constar oficialmente en alguna de las operaciones realizadas.

A lo largo de sus años de colaboración y estrecha amistad con el ex presidente de la operadora, Amersi se mostró especialmente interesado en las empresas rusas y norteamericanas. El abogado llegó a recomendar a Villalonga que hiciera una oferta de 1.000 millones de dólares por una operadora rusa que finalmente no prosperó y que entrara en una importante compañía de trasmisión de comunicaciones por radio en la que participaban entre otros, el antiguo presidente de MCI, Bart Roberts, y Bernard Jordan, un ex asesor de Bill Clinton.

Hemeroteca
Lista
esta semana