Nº 586
19/1/2004

Ali Lmrabet, periodista

“Seguiré luchando por la libertad de expresión
en Marruecos”

El periodista marroquí Ali Lmrabet, condenado a tres años de cárcel por “ultraje” al jefe del Estado, y liberado el pasado 7 de enero tras ser indultado por el rey Mohamed VI,  expresa en esta entrevista con El Siglo que se encuentra “fuerte y con ganas de seguir luchando por todos mis derechos”. El ex director de los semanarios satíricos en lenguas francesa y árabe Demain Magazine y Doumane manifiesta: “soy la misma persona que cuando fui encarcelado, no han cambiado ni mis ideas ni mis principios, y mi objetivo es seguir luchando por una total libertad de expresión en Marruecos”.

Por Paco Soto (Rabat)

Cómo se encuentra física y anímicamente después de haber permanecido siete meses en prisión y de haber llevado a cabo dos huelgas de hambre?

—Pues hombre, físicamente,  me encuentro muy cansado. Estoy agotado y tengo muchos problemas de salud. Ya se lo puede usted figurar. La cárcel es muy dura. Lógicamente, estoy muy debilitado tras haber permanecido 39 días en huelga de hambre. Anímicamente, estoy bien, me encuentro fuerte y con ganas de seguir luchando por todos mis derechos. Considero que no he hecho nada malo. Yo, simplemente, soy un informador que cumple con su trabajo. Eso sí, soy la misma persona que cuando fui encarcelado, no han cambiado ni mis ideas ni mis principios, y mi objetivo es seguir luchando por una total libertad de expresión en Marruecos.

—¿No le parece que el precio que ha tenido que pagar  por alcanzar este objetivo es muy caro?

—Hay una palabra que en España parece un poco vieja, prácticamente nadie la utiliza. Es la palabra resistencia. Quizá en España y en los países democráticos esa palabra haya pasado de moda, pero en Marruecos aún tiene sentido, mucho sentido. En Marruecos, hay que resistir, resistir mucho, para conseguir determinados objetivos democráticos. Yo aprendí a resistir durante mi etapa de militante trotsquista en París, en los años 80, y no he dejado de resistir hasta el día de hoy.

—¿Qué piensa hacer ahora que se encuentra en libertad?

—Mi libertad es relativa, porque aunque el Rey me ha indultado, mis dos semanarios, Demain Magazine y Doumane, siguen cerrados por sentencia judicial. Esto es un atropello a mis derechos y a la libertad de expresión y de prensa. Quiero impulsar  nuevos proyectos periodísticos, quizá una revista con el nombre de Aprés Demain (Pasado mañana). La idea me la ha sugerido  Plantu, el dibujante de Le Monde. Por su parte, el humorista marroquí Ahmed Snoussi, Bziz, que lleva muchos años censurado en Marruecos, me ha propuesto que saque una revista a la calle con el nombre de Demain Libéré (Demain Liberado). Ya veremos lo que hago. En cualquier caso, no pienso quedarme quieto y dirigiré una nueva publicación satírica; poco importa que se llame  Aprés Demain o Demain Libéré.

—¿En qué términos valora el indulto real que le ha puesto en libertad?

—Creo sinceramente que el rey Mohmed VI ha decidio indultarme debido a las presiones que han recibido las autoridades marroquíes por parte de muchos colectivos sociales, gobiernos occidentales y medios de comunicación influyentes y prestigiosos. El Rey no podía hacer oídos sordos a lo que iban planteando periódicos  tan importantes como El País, Le Monde, The Washington Post, o Avui, La Vanguardia, El Periódico de Catalunya y El Mundo. Afortunadamente, creo que alguién inteligente del entorno del Rey, donde no todos son muy inteligentes, habrá convencido al monarca de que mi permanencia en la cárcel se había convertido en un problema para el Estado. En cualquier caso, quiero agradecer muy sinceramente el apoyo que he recibido de muchas personas, medios de comunicación y colectivos muy diversos.

—¿Usted había solicitado el indulto al rey Mohamed VI?

—No, yo no he pedido nada. Cuando una persona ha cometido un crimen y se arrepiente, me parece normal que pueda pedir un indulto, porque tenga usted en cuenta que  las cárceles en Marruecos son un infierno. En mi caso, yo no tenía ninguna necesidad de pedir el indulto por la sencilla razón de que considero que no he cometido ningún delito.

—¿No cree que la medida de gracia tiene un carácter claramente político ya que el Rey ha indultado también a otros seis periodistas, a doce saharauis independentistas y a islamistas condenados por terrorismo?

—Mire usted, hay algo que me ha emocionado especialmente, y es que me han llamado varios saharauis liberados y me han dicho que sin la campaña de solidaridad que hubo a favor de mi persona ellos no hubieran sido puestos en libertad. Estoy muy satisfecho de que la solidaridad que he recibido haya permitido también que se hable de otros casos de atropellos a los derechos humanos. No tengo duda de que los saharauis encarcelados en Marruecos por sus ideas son presos políticos.

—En su opinión, ¿la medida real puede significar un cambio positivo a favor de la democratización de Marruecos?

—La verdad es que no lo sé. Ya veremos lo que va a pasar. Ya veremos si el poder me deja sacar a la calle mis nuevas publicaciones. Lo que me parece increíble es que el ministro de Justicia haya tenido la osadía de decir que en Marruecos ya no hay presos políticos. Por supuesto que en mi país hay todavía detenidos políticos.

—La campaña de solidaridad ha sido muy importante, sobre todo en España y en Francia, pero en Marruecos algunos de sus compañeros de profesión se han negado a apoyarle y hasta han dicho que usted desempeña un periodismo nefasto para el proceso de transición política que vive el país, provocador e irresponsable. ¿Cómo interpreta estas duras críticas hacia su persona y su trabajo?

—Es normal que digan eso. No me importa en absoluto. Lo que pasa es que yo acepto perfectamente que me critiquen y hasta me ataquen, me parece algo normal, pero ellos no aceptan ninguna crítica. Lo más triste de todo este asunto es que los que me critican con tanta dureza ni siquiera están expresando sus propias ideas, son voces que, de alguna forma, defienden las ideas y los intereses de determinados partidos políticos y poderes fácticos. Muchos de estos periodistas trabajan en periódicos de partidos que están en crisis y casi ya no venden ejemplares y no pueden aceptar que la prensa independiente vaya ganando puntos en la sociedad. Estos periodistas que me atacan son como los últimos dinosaurios, se mueren poco a poco y no aceptan que están acabados. A veces, son muy peligrosos, como le ocurre al elefante herido. Pero en fin, en toda época de crisis ocurren estas cosas. Recuerdo que en la España franquista de los años 70 algunos sectores duros del régimen también atacaban a los periodistas independientes y comprometidos democráticamente; decían de ellos que son irresponsables y provocadores. ¿Se acuerda de lo que decían de Cambio 16, por ejemplo? Yo me acuerdo perfectamente. En Cuba, el régimen dictatorial de Castro dice del periodista Raúl Rivero que es un irresponsable y se merece estar en la cárcel. Todas las dictaduras y sus fieles representantes en la prensa dicen lo mismo.

—Señor, Lmrabet, ¿cómo se define usted ideológicamente? ¿Cuáles son sus ideas políticas?

—Esto es un asunto privado y no tengo la obligación de manifestarlo públicamente. Mis ideas son mis ideas y punto. La mayoría de la gente no sabe exactamente lo que pienso, pero yo creo que esto no tiene ninguna importancia. Yo soy un periodista que intenta hacer bien su trabajo, que critica lo que tiene que criticar, aunque esto no guste a todos, sobre todo a determinados poderes. Quiero recordarle, de todos modos, que yo fui el primero y el único periodista árabe que se atrevió a entrevistar a Benjamín Netanyahu. He sido el único periodista marroquí que atravesó el estrecho de Gibraltar en una patera para contar el drama de la inmigración clandestina y también quiero recordar que fui el primer periodista en Marruecos que se atrevió a denunciar la situación de los presos de guerra marroquíes en los campamentos del Polisario, en Tinduf. Cuando hablé de esta cuestión, el régimen marroquí negaba la existencia de presos marroquíes en manos del Polisario y nadie en Marruecos se atrevía a hablar de esta cuestión. Me acusaron de traidor a la patria. Algunas malas lenguas me han acusado  de ser un agente del Mossad o de los servicios secretos españoles. Estas acusaciones no me importan nada. Calumnian e insultan los que carecen de argumentos. Ya le he dicho que sólo soy un periodista, un informador que cree en la libertad de expresión y en los valores democráticos. Me gustaría que en mi país un ciudadano o un periodista pueda decir con toda normalidad que el Sáhara no es marroquí. Yo pienso que el Sáhara pertenece a Marruecos, y lo defiendo, pero me parece normal y democrático que otros marroquíes piensen todo lo contrario y que algunos saharauis defiendan la independencia de su territorio. También me gustaría que un ciudadano pueda expresar con toda normalidad que no le gusta la religión musulmana y es ateo, o bien que tampoco le gusta la monarquía y se siente republicano. En democracia, hay que poder expresar todas las ideas libremente. Cuando no se puede, como ocurre en Marruecos, donde no se puede hablar normalmente de la monarquía, de la religión musulmana y de la marroquinidad del Sáhara, es que no hay democracia.

—¿Se arrepiente usted de algo?

—En absoluto. No me arrepiento de nada porque no he cometido ningún delito. No he matado, ni robado, ni soy un terrorista. Yo sigo siendo la misma persona que cuando fui encarcelado hace siete meses en la prisión de Salé. La cárcel me ha hecho más fuerte y he conocido gente muy interesante desde el punto de vista humano. He conocido el mundo oculto de la cárcel, un mundo lleno de dolor y miseria, y esta experiencia me ha enriquecido mucho como ser humano”.

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