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Nº
540
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27/1/2003
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Polanco se enfrenta en solitario a los problemas financieros EL DIFÍCIL PARTO DE LA FUSIÓN DIGITAL A pocos días de que expire el plazo dado por el Gobierno para que Prisa y Telefónica adapten su proyecto de boda digital a las condiciones impuestas por el Ejecutivo, la fusión digital se enfrenta con importantes escollos de tipo financiero. La obligada congelación de precios de su oferta televisiva y la importante deuda que arrastran Canal Satélite y Vía Digital han trastocado los cálculos de expansión de la nueva compañía, provocando que sus responsables se replanteen las cuentas. Por si fuera poco Telefónica que no parece dispuesta a comprometerse más allá del acuerdo inicial ha dejado sobre el tejado de Prisa todo el peso del problema. Polanco podría pedir más tiempo al Gobierno para diseñar una nueva estrategia. Por Fermín Núñez El plazo de dos meses otorgado por el Ejecutivo al aprobar inicialmente la fusión de Canal Satélite (Prisa) con Vía Digital (Telefónica) expira este miércoles día 29 de enero sin que, a fecha del cierre de este reportaje, las compañías presididas por Jesús Polanco y César Alierta hayan resuelto cómo hacer frente a las condiciones impuestas por el Gobierno para dar su bendición definitiva a la fusión digital. El escollo más importante al que se enfrentan es el punto 18 de ese pliego de condiciones, que obliga a la nueva plataforma única a congelar el precio de su oferta televisiva durante este año y a sostener su subida por debajo del IPC (2%) hasta el 2007. Este apartado, destinado a garantizar que los clientes no sufran la situación de quasi monopolio de la nueva compañía, se ha trasformado en la auténtica piedra en el zapato de Alierta y Polanco. Ambos presidentes se han pasado estos dos meses haciendo cálculos y se han dado cuenta que la expansión a corto plazo de la compañía, indispensable para garantizar su consolidación futura, pasa necesariamente por incrementar los precios de sus productos o aumentar el esfuerzo inversor inicial de los socios (Prisa, Telefónica y Vivendi, con un 17% accionarial cada uno). El problema es que este esfuerzo se hace harto difícil por el importante adeudamiento que Telefónica y Prisa han de asumir en sus respectivas Vía Digital y Canal Satélite con el fin de sanear lo más posible la flamante plataforma. En el acuerdo inicial de fusión del pasado mayo Telefónica se comprometía a asumir la mitad de la deuda de Vía Digital (unos 1.200 millones de euros) para igualarla a la de la plataforma de Prisa. A pesar de ello, la nueva Sogecable nacería con un pasivo de entre 1.400 y 1.700 millones de euros. A este lastre, que pesa como una losa sobre Sogecable, habrían de añadirse además diversos costes como los de reestructuración de la nueva empresa o las obligaciones financieras con los clubes de fútbol. Esto hace que la aventura digital sea difícil de avalar ante la banca y sólo pueda solventarse mediante un aumento en el precio del producto final. Con la limitación de éste impuesta por el Gobierno, Prisa ha intentado durante dos meses negociar con Telefónica un plan financiero en el que la operadora asumiera el 100% de la deuda de Vía Digital, reduciendo así ese lastre en la nueva compañía. Alierta podría obtener ese dinero de Antena 3 TV, empresa que deberá vender en un año si quiere seguir en el barco de la fusión y no incurrir en las incompatibilidades establecidas por el Ejecutivo. Sin embargo, y pese a esta nueva situación, el presidente de la operadora no parece dispuesto a salirse un ápice del acuerdo inicial con Prisa. Y menos cuando ello le supone gastarse mucho dinero y asumir un papel contrario al que ya se le augura en el sector de la comunicación, en donde Telefónica se perfila como mero socio financiero de negocios audiovisuales. Polanco se encuentra por tanto sólo ante el peligro. Algo que no parece echarle para atrás, sobre todo cuando está en juego la que puede ser joya de su corona. En los últimos días y mientras los portavoces oficiales insisten en que se siguen estudiando vías que hagan posible diseñar un plan de viabilidad antes de que termine el plazo, algunas fuentes adjudican a Prisa un cambio de rumbo en sus planes. Una vez asumido que la compañía nacerá con un importante pasivo, debido a la imposibilidad de convencer a Alierta para que reduzca a cero la deuda de Vía Digital, Polanco regresa al problema inicial. Su nueva estrategia, dirigida por su sobrino Javier Díez de Polanco (consejero delegado de la actual Sogecable), pasa por convencer como sea al Gobierno de que la política de precios impuesta es intolerable. Por las buenas o por las malas. Existirían dos formas de hacerlo: por las buenas o por las malas. En la primera de ellas Prisa trataría de conseguir que el Ejecutivo suavice las limitaciones sobre los precios, ofreciéndole la posibilidad de crear un paquete de canales de mayor calidad que pueda venderse a un precio superior. Esta nueva oferta incorporaría a la nueva plataforma de Sogecable contenidos procedentes de la actual parrilla de Vía Digital y se vendería paralelamente al actual paquete básico de Canal Satélite. De este modo, los clientes de la nueva televisión digital de pago tendrían dos tipos de oferta para elegir: una como la actual y al mismo precio (que oscila entre los 22 euros hasta los 47,44, dependiendo de los canales y servicios que escoja el abonado), y otra más cara pero con más contenidos y servicios (que podría rondar desde los 30 a los 60 euros). Esto permitiría a Polanco afrontar las deudas y gastos financieros de la nueva compañía sin vulnerar directamente las condiciones del Gobierno y sin que el usuario se viera perjudicado. En este empeño, juega a favor de Prisa el hecho de que una medida administrativa tan drástica como la limitación de precios suele imponerse a empresas consideradas monopolios comerciales. Por tanto, ponerla en práctica unilateralmente sería, de hecho, como otorgarle esa condición a Sogecable (algo que el Gobierno ha intentado evitar durante todos estos meses). También es una ventaja la solvencia en la oferta de la nueva empresa, que podrá mantener los contratos con siete de las ocho grandes productoras de películas de Hollywood (Fox, Paramount, Columbia, Universal, Warner, Disney y Dreamworks) hasta su vencimiento en 2010, y que conservará también su estatus sobre la emisión del fútbol televisado (en el que destaca su exclusividad sobre los partidos del Real Madrid y de F.C. Barcelona hasta 2008.) No obstante, si el Ejecutivo no aceptara la oferta propuesta por Prisa, al holding de Polanco siempre le quedaría una segunda vía: recurrir a los tribunales para reclamar su derecho a establecer una libre relación comercial con sus abonados. Sin embargo, según algunas fuentes del sector, este intento contaría con un importante escollo: no sería del agrado de Telefónica, un socio al que Prisa considera necesario para crear un marco estable en el que se desarrolle la fusión. Ambas vías de esta nueva estrategia precisarían además de un tiempo que a Prisa se le escapa. Por eso, y aunque es una información siempre desmentida oficialmente por los portavoces de Prisa y Sogecable, corre como la pólvora en los círculos mediáticos la posibilidad de que los responsables de la fusión soliciten que se prorrogue el plazo concedido por el Gobierno, acogiéndose a la ley de Régimen Jurídico y Procedimiento Administrativo Común. Esta norma permite ampliar los periodos de consulta en la mitad del plazo inicialmente otorgado, con lo cual Prisa tendría un mes más para negociar con el Gobierno o hacer sus reclamaciones por vía judicial. A estas incertidumbres de la fusión digital se unen muchas otras. La más importante tiene que ver con el futuro accionarial de la compañía. Algunos analistas de medios dudan que Telefónica permanezca a largo plazo en la nueva compañía. Aunque esta permanencia le aseguraría pingües beneficios por la obligación de vender Antena 3 TV, las condiciones gubernamentales le impedirían también traspasar los contenidos de la nueva plataforma a Internet (ADSL), la auténtica apuesta de la operadora como alternativa al negocio del cable. Esto, junto a la pretensión no ocultada por Alierta de desinvertir en negocios audiovisuales, podría precipitar en un futuro no muy lejano la salida de Telefónica del accionariado de la nueva Sogecable, sobre todo si el negocio no va bien. Otra de las incertidumbres afecta al satélite que ha de trasmitir la señal de la nueva tele: la batalla en este terreno se ha establecido entre los actuales portadores de las señales de Vía Digital y Canal Satélite (Hispasat y Astra respectivamente), que no están dispuestos a renunciar a este importante negocio. Todo ello, junto a la falta de sinergias y a la poca capacidad de crecimiento a corto plazo suponen el hándicap desfavorable con el que la futura Sogecable deberá lidiar en los próximos meses.
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BARAJA DE CARGOS La carrera por ver quiénes serán los capitanes del barco digital ya se ha iniciado, y las quinielas están a la orden del día. Aunque el verdadero hombre fuerte de la compañía (cargo que debe elegir Prisa), parece estar más que adjudicado al actual consejero delegado de la actual Sogecable, el sobrino de Jesús Polanco, Javier Díez de Polanco, la designación del Presidente, no ejecutivo, que corresponde a Telefónica no está aún tan clara. Estos días se barajan varios candidatos: el más firme de todos ellos parece Pío Cabanillas (ex presidente de RTVE y ex ministro Portavoz del Gobierno que se quedó descolgado del mismo el pasado julio). Su opción gana terreno gracias a que quien parecía destinado al puesto, el ex ministro de UCD y ex presidente de Endesa Rodolfo Martín Villa, se cayó de las quinielas al ser nombrado responsable de la comisión de coordinación del Gobierno en la crisis del Prestige. Ahora, el que se perfila como más duro contrincante de Cabanillas en la contienda es otro experimentado empresario, el actual presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa. |