Nº 538
13/1/2003

La sintonía con el Gobierno, clave para los futuros compradores

Antena 3 ya busca novio

Acaba de sonar el disparo de salida. La carrera para hacerse con Antena 3 se ha iniciado tras la compra, por parte de Telefónica, de la mayoría de su capital. Al calor de esta operación, los movimientos de posibles interesados se han acelerado y aunque la operadora que preside César Alierta dispone de todo este año para deshacerse de la cadena si pretende consumar la fusión digital, tal como le obliga la ley, distintos novios ya la rondan. Entre las cualidades más valoradas: disponibilidad financiera y sintonía con el Gobierno.

Por I. S. y V. C.

A pesar de que su situación económica no es la mejor –los primeros nueve meses de 2002 registró 33 millones de euros de pérdidas– hacerse con el control de una de las dos cadenas privadas de televisión en abierto que existen en España es un bocado que no pocos empresarios desearían llevarse a la boca. Telefónica, el actual accionista mayoritario de Antena 3, dio esta pasada semana un paso fundamental para que se inicien los posibles cortejos: le compró al Santander Central Hispano de Emilio Botín un parte sustancial de su participación financiera en el accionariado de la cadena, el 11,7 %, para aumentar la suya hasta el 59,2% y así poder vender todo su paquete en mejores condiciones ya que ofrece el control mayoritario de la empresa.

César Alierta lleva tiempo deseando deshacerse de sus participaciones en medios de comunicación que entorpecen y lastran con sus pérdidas su actual estrategia pero, obviamente, quiere hacerlo sacando la mayor rentabilidad posible a la operación. Desde que se anunciara el acuerdo de fusión entre las plataformas de televisión de pago de Telefónica y el Grupo Prisa, Vía Digital y Canal Satélite Digital, y el Gobierno modificara la ley para que ninguno de sus dueños pudiera, tras la boda, tener en sus manos otra televisión, los movimientos alrededor de Antena 3 se dispararon.

Alierta y Polanco, presidente de Prisa, tienen hasta finales de mes para señalar si aceptan las condiciones impuestas por el Gobierno y continúan adelante con su pacto digital. Si es así, tal como se espera, el camino para la venta de Antena 3 estará despejado.

La operación deberá realizarse, no obstante, en un momento especialmente delicado en el panorama político, a un año vista de las próximas elecciones generales y a apenas unos meses de la designación del sucesor de Aznar.  La influencia de una de las dos únicas televisiones privadas en abierto con que cuenta el país, hasta ahora ubicada claramente en la órbita más cercana al Gobierno, es una baza que el PP no quiere perder, máxime en uno de sus peores momentos en cuanto a apoyos mediáticos y, aunque la decisión está en manos de Telefónica, todas las aproximaciones de posibles interesados llevan en su dossier la clave política.

El volumen de la operación, sin embargo, obliga a un diseño, a priori, complejo. La valoración económica de Antena 3 ronda los 2.000 millones de euros y hacerse con un paquete de control, además de hacer frente a sus actuales números rojos, no es cosa de pesos pluma. Pedro Antonio Martín Marín, presidente de Admira, la filial de medios de Telefónica dueña efectiva de Antena 3, y quien está diseñando la salida de la operadora de la cadena, baraja todas las posibilidades, aunque todo parece apuntar a una boda múltiple debido al elevado coste de la misma.

El formato que hasta ahora ha funcionado en su competidora Telecinco –un socio extranjero con mayor potencia financiera, la Mediaset de Berlusconi, unido a un socio español, el Grupo Correo, que sería quien gestionaría efectivamente la televisión– es el que más posibilidades podría tener según todas las fuentes consultadas, ya que los más potentes grupos de comunicación españoles quedan descartados al estar implicados en la fusión digital.

Así las cosas, uno de los que ya ha dado pasos de acercamiento a la sede central de Telefónica es José Manuel Lara, dueño del Grupo Planeta y empresario bien relacionado con el Partido Popular. Planeta inició hace unos años una ambiciosa expansión en todo el arco del sector de la comunicación sobrepasando ampliamente su tradicional negocio editorial. Sus inversiones, hasta el momento, han caído siempre del lado de medios cercanos al PP y al Gobierno, como el rotativo La Razón, que edita Luis María Anson, y del que ya es accionista de referencia, o la cadena COPE, donde posee un 10 %, además del acuerdo con el grupo Intereconomía para crear, al 50%, la cadena de radio Intereconomía Cataluña, que emite en todo el ámbito catalán.

Sin embargo, sus intentos de entrar en el mundo de la televisión se han visto siempre frustrados. Desde su participación, con un 10%, en Telecinco y su posterior salida, el fracaso más sonado de Lara en este campo fue el reciente cierre de Quiero TV, la emisora digital de televisión de pago que montó pero no llegó a conseguir el suficiente número de abonados. También solicitó en 2001, con otros empresarios catalanes, una concesión de televisión digital terrestre que no llegó a conseguir y es, pues, la televisión, el negocio que le falta a Planeta para conformarse con un auténtico grupo multimedia.

Para ello dio en 2001 un paso fundamental: un acuerdo con el grupo italiano DeAgostini para crear DeA Planeta , empresa de producción y distribución de contenidos audiovisuales. Es esta joint venture la que estaría optando seriamente a la compra de una mayoría de control de Antena 3, según reveló el mes pasado ABC. Apoyado financieramente por los italianos, Lara podría hacer frente a la compra de alrededor de un 30% de Antena 3, aunque sería preciso convencer a RTL, la Radiotelevisión de Luxemburgo, socio a través del que la alemana Bertelsman tiene un 17,26 % del actual accionariado, de que incrementase su participación hasta otro 30%, y conseguir un tercer socio financiero para el 30 restante, tarea nada sencilla . Aunque el SCH ha manifestado su interés en mantener su participación del 18,49 %, es conocido que no se trata de una inversión estratégica para el banco de Botín.

A pesar de las dificultades, en Planeta no niegan su interés por Antena 3 –“es un activo interesante para nosotros, sí”, afirma un portavoz oficial– aunque no confirman contactos con Telefónica.

Los de DeAgostini, sin embargo, pueden tener que hacer frente a la competencia de otro grupo de comunicación también rival en su país, Rizzoli, quien, según fuentes bien informadas consultadas por El Siglo, tiene “en proceso de evaluación” su interés en entrar en la puja por la cadena.

Los italianos de Rizzolli, socios tradicionales de referencia del diario El Mundo, están explorando su incursión en nuevos negocios en España y, además de su posible interés por Antena 3 negocian en estas semanas la compra de una editorial española. En estas conversaciones figura, sin duda, Ediciones B, la editora del grupo Zeta, quien, según informó El Siglo el mes pasado, ha entregado su cuaderno de venta al BBVA con objeto de conocer su valoración por parte del mercado y estudiar posibles operaciones.

La “opción Rizzolli” conllevaría importantes novedades en el panorama mediático del país. Este grupo, a pesar de su veteranía en el mundo editorial, no ha gestionado nunca una televisión ni en su país y, según las fuentes consultadas por El Siglo, muy posiblemente, “no estaría interesado en la gestión de Antena 3”, con lo que precisaría de un socio local que se convertiría, de facto, en el dueño y señor de la cadena.

Alrededor de esta posibilidad, según otras fuentes, se estarían moviendo ya determinados empresarios cercanos al PP, pero sin la capacidad financiera necesaria, para conformar ese “grupo de gestión” que necesitarían tanto Rizzolli, si finalmente decide lanzarse a la operación, como algún otro grupo extranjero que quiera aprovechar la oportunidad de que Antena 3 se ponga en venta por obligación legal.

Estos movimientos de Rizzolli no son ajenos a la situación que vive su principal activo en España, el diario El Mundo (ver recuadro Ramírez le habla a Aznar). La creciente distancia editorial con el Gobierno del rotativo y su delicada situación económica –su director reconoció la pérdidas del ejercicio anterior hace un par de semanas– han desatado un clima de incertidumbre a su alrededor que algunas fuentes relacionan con este interés inversor de Rizzolli en otros activos españoles y que podría desembocar en su salida del diario, aunque dada la antigüedad y el porcentaje de su acciones – actualmente el 52%– ésta no se presentaría fácil si se persigue obtener  rentabilidad.

Tampoco niegan su posible interés por Antena 3 en Recoletos. El grupo de comunicación que preside Jaime Castellanos no oculta su disposición a estudiar “cualquier oportunidad”,  aunque admiten que aún no contemplan esta opción porque “no tenemos información de que Antena 3 esté en venta”.

Entre tanto, el otro gran grupo de comunicación español, el Correo, observa, aunque de reojo, con notable interés, todos estos movimientos después de haber vendido, hace un par de semanas, un 12% de su participación en Telecinco a Berlusconi y de tener disponible los 236 millones de euros con los que el magnate italiano va a pagarle.

El grupo que dirige José María Bergareche ha anunciado que seguirá en Telecinco, con los informativos bajo su control como hasta ahora, pero las informaciones que dio a conocer El Siglo en su portada de la semana pasada (Ver número 537: Pacto secreto en Telecinco) señalan que, en un plazo conocido por ambas partes, el grupo vasco venderá el resto de su parte a los italianos alejándose definitivamente de la cadena.

Si los tiempos lo permitieran, el Grupo Correo podría optar también a entrar en Antena 3 cuando abandone Telecinco  dado que su interés por el mundo televisivo está sobradamente acreditado. Sin embargo, los vascos chocarían con el Gobierno. Su retirada a plazos de Telecinco ha sido forzada por el mismo José María Aznar, que se ha sentido agredido por la independencia de sus informativos, y, en lógica, haría lo imposible por impedir que entrasen en otra televisión.

Telefónica, aunque busca la rentabilidad, como cualquier empresa privada, no puede tampoco situarse enfrente del Gobierno dada su dimensión, la importancia en el sistema financiero de sus socios de referencia, y su dependencia, como operadora, de la política de liberalizaciones.

En esa clave fue interpretado el nombramiento como presidente de Admira de Pedro Antonio Martín Marín, antiguo secretario de Estado de Comunicación con Aznar, y en la misma se valoran las condiciones de los posibles candidatos a la compra de Antena 3: dinero y buenas relaciones.

Ramírez le habla a Aznar

Lo ha hecho otras muchas veces, a través de su conocida Carta del director que publica cada domingo en El Mundo. Pero en la del pasado 29 de diciembre del año que acabamos de despedir Pedro J. Ramírez no sólo le pedía a Aznar que “volviera”, como el político que él había valorado desde el principio: con su reclamación admitía que en la actualidad se encontraba lejos del presidente del Gobierno y además, reconocía –algo inédito en la historia del rotativo– el difícil momento económico que atravesaba el diario publicando que en el ejercicio que despedía iba a tener pérdidas –“modestas y asumibles, pero pérdidas al fin y al cabo”–.

Quienes siguen con interés el devenir de los apoyos mediáticos del Gobierno no  han dejado de hablar del artículo, significativamente titulado Que vuelva Aznar, desde entonces. ¿Quiere Ramírez reconciliarse con Aznar a la vista de que su estrategia de alejamiento está situando al diario en posiciones peligrosas? La lectura pausada del texto tampoco deja ver arrepentimiento alguno, más bien, exigencia hacia Aznar de que recobre las cualidades que le hicieron ser alabado desde El Mundo. ¿Quiere, entonces, despedirse del presidente, de esa relación que nació y creció al tiempo que el diario, convertidos ambos en el azote del “felipismo corrupto”? Sería una extraña despedida, por más que la Carta relacione el alumbramiento como líder de la oposición de Aznar con el nacimiento de El Mundo y reclame su vuelta ahora que le queda poco más de un año para retirarse.

“Sigo pensando que, en conjunto y visto lo visto, hay más razones para estar con él que contra él”, concluye Pedro J. Ramírez. “Pero escribo pensando en el dirigente centrista, liberal, tolerante, moderado, dialogante y audaz, dispuesto a mantener a raya a los poderes fácticos, que en el pasado siempre entraba en escena en los momentos clave y en cambio durante buena parte de 2002 ha dado la sensación de haberse cogido un año sabático”, añade.

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