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Llamamiento
a la responsabilidad
En
estos días siento como si por el túnel del tiempo me hubiera
trasladado casi un siglo atrás. Pongo la tele y veo a un señor
que se parece algo a Royo Villanueva, con la misma barba que aquél,
anunciando las calamidades que el Estatuto de Cataluña va a deparar
a España. ¿En qué año estamos?, me pregunto
restregándome los ojos. Y en efecto, no es Royo Villanueva, sino
el Sr. Rajoy, el líder del Partido Popular. Más tarde vuelvo
a mirar la tele y es otro personaje, éste a diferencia del anterior,
rasurado que echa pestes... ¿contra Azaña? No, contra Zapatero,
acusándole de destruir la unidad de España. Ya veo que no
es José Antonio y que no estamos a principio de los años
30 del siglo
XX, porque tiene una alocución más trabajosa y le presentan
como Ángel Acebes, secretario general del PP.
Desde México me llega la voz de otro personaje que no es el Dr.
Albiñana, pero habla como él anunciado que España
se halla "al borde de precipicio" por culpa de los ca-talanes.
En este caso no necesito decirles a quién me estoy refiriendo:
a ese señor que cuando se sonríe se asemeja a Hitler y cuando
se pone serio a Charles Chaplin, en El Gran Dictador, por el bigotito.
Pero aunque las personas cambien, la música es la misma de entonces.
La derecha españolista vuelve, hoy como ayer, a repetir los mismos
estribillos contra los catalanes y contra la izquierda española,
personalizada no ya por Azaña, sino por el presidente Rodríguez
Zapatero. Y yo, que durante mis cuarenta años de exilio no renuncié
jamás a mi condición de español y la exhibí
con orgullo, me siento de golpe yporrazo como reo de un crimen de lesa
patria, como si tuviera que ir haciendo las maletas para cruzar nuevamente
la frontera.
Que la derecha españolista era la de siempre ya lo había
empezado a ver desde que el Sr. Aznar obtuvo la segunda vez la mayoría,
en ese caso absoluta y llamó "segunda transición"
a lo que parecía más un intento de retorno a sus orígenes.
Pero lo que a día de hoy me causa más asombro es ver el
eco que tienen en el seno del Partido Socialista las posiciones de la
derecha. Una serie de personalidades, sin muchas cautelas, están
secundando a los dirigentes del Partido Popular, hasta el punto de que
éstos proclaman públicamente que han sido requeridos por
aquéllos para impedir la aprobación del Estatuto catalán
en las Cortes. Y el público recibe esta información como
algo verosímil. Y esto, desde luego no pasaba en mi juventud; entonces,
cuando la derecha elogiaba a una personalidad socialista lo normal era
recordar aquellas palabras de un dirigente alemán de otros tiempos:
"¿Qué tonterías has hecho, viejo Bebel, para
que el adversario te alabe?"
El caso es que quienes desde la izquierda coinciden con la derecha se
bautizan modestamente como jacobinos. ¡Venga yal. Los jacobinos
auténticos hicieron la gran revolución. Y defendían
la unidad de Francia contra los residuos del viejo régimen derribado.
Estos jacobinos no han hecho ninguna revolución y lo que
defienden al hablar de la unidad de España es al Estado centralista
que ha sido el instrumento con que la derecha tradicional hizo fracasar
todas las revoluciones democráticas que se intentaron en España.
La semana pasada entró en el Congreso de los Diputados el proyecto
de Estatuto aprobado por el 88% de los diputados catalanes. La inmensa
mayoría de los españoles aún no conocemos su texto.
Esperemos que comience su discusión en la Comisión correspondiente
y que la algarabía anticatalanista de hoy dé paso a un debate
más sereno del texto y de las enmiendas que se presenten. Esperemos
también que las regiones gobernadas por el PP, que también
presentan propuestas de reforma de sus Estatutos, ayuden a introducir
racionalidad en la cúpula del PP, y a conseguir que éste
tome conciencia de que estamos en el siglo XXI. Esperemos, por último,
que los barones socialistas recuperen el sentido político y se
den cuenta de que si pierde Zapatero ellos van a ser las primeras víctimas
de lo que podría ser un suicidio del que sólo podría
salir victorioso el equipo de Aznar, Rajoy, Acebes y Zaplana, con grave
daño para España y para Cataluña. Y para el PSOE
y la izquierda española.
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