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Nº 624 - 15 de noviembre de 2004

España y las viejas alianzas

El Partido Popular está sugiriendo una peregrina lógica, disimulada o encubierta con diversas fórmulas: "Dado que Bush ha ganado las elecciones en EE UU, corresponde ahora que en España devolvamos el poder al PP, e incluso al mismísimo José María Aznar, porque el voto estadounidense demuestra que tuvo razón al acudir a las Azores". Hablo de lógica donde debería haber escrito disparate, y lo hago porque alguna gente que no siempre es del PP, sobrecogida al perder Kerry, habla de modificar las relaciones con la Administración Bush, como si creyera que el Gobierno español tuviese que rectificar la posición mantenida hasta aquí, es decir: su oposición a las guerras preventivas, a considerar la lucha contra el terrorismo como una nueva guerra mundial, la retirada de nuestras tropas en Iraq y la actitud de Rodríguez Zapatero en la ONU apelando a la paz y al entendi miento entre culturas y civilizaciones diferentes, como solución; y, en conclusión, hacer nuestra la ideología y la política de Bush porque así lo ha decidido el voto de los estadounidenses.

Yo puedo entender que quienes temían que la Unión Soviética extendiese su sistema político-social al resto de Europa se colocaran bajo el paraguas norteamericano y no se separaran de EE UU ni siquiera un ápice en política internacional, que estuvieran pendientes de los deseos y hasta de los caprichos de Washingon. Pero esa situación pasó a la historia, las cosas han cambiado. Ese enemigo que forzaba a tal política ha desaparecido. Estamos en un mundo diferente. En éste emergen nuevos polos económicos y políticos, pero ninguna gran potencia que Europa pueda considerar una amenaza militar. Se vive aún con la mentalidad de las viejas alianzas, cuando los considerados viejos enemigos han dejado de existir. EE UU ha creado artificialmente un nuevos enemigo; lo han creado ellos con su ayuda incondicional a Sharon, con su invasión a Iraq, con sus planes para controlar el Medio Oriente. Pero ese nuevo enemigo no tiene capacidad para invadirnos ni para imponernos un nuevo sistema político social. Ni siquiera lo pretende. Puede montar ataques terroristas, de los que hay que defenderse. Pero invadirlos, machacarlos con aviación y artillería no sirve acaso más que para provocar mayor terrorismo y quizá para ayudarles a unirse y a ser más fuertes. ¿Por qué no optar por respetarles, por asegurar la existencia de un Estado palestino libre, por dejarles que ellos ajusten sus cuentas con sus oligarquías feudales, que ellos se beneficien con el comercio de¡ petróleo que hay en su subsuelo, que ellos mismos escojan el camino para alcanzar su modernización, que recen libremente a su Dios? ¿Por qué enipeñarse en convertirlos en el nuevo enemigo que justifica la perennidael de las viejas alianzas?

Mientras tanto hay que decir que, España no ha roto unilateralmentc, las viejas alianzas al negarse a secundar a los EE UU en Iraq.

España sigue siendo miembro de la OTAN y por ello mantiene tropas en países donde ésta ha decidido intervenir. España sigue aceptando en su territorio las bases de Rota y Morón que, desde, el punto de vista estratégico, han resultado importantísimas para la guerra de Iraq. Nuestro espacio aéreo ha sido ampliamente utilizado por la aviación estadounidense para apoyar la invasión. El jefe del Estado Mayor del ejército español afirmo días atrás que España daba más a los EE UU de lo que recibía de ellos a cambio. El Gobierno tiene, por tanto, cartas suficientes para resistir las presiones que intenten forzarle a cambiar su política y a hacer cesiones que dañen la dignidad del Estado y de los pueblos de España.

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