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Nº 614 - 6 de septiembre de 2004

Encuentro con Teresa y Gregorio López Raimundo

Al comenzar el nuevo curso permítame lector amable que escriba excepcionalmente- sobre un tem a Personal, que ha marcado mi descanso este verano. Razones de salud me llevaron con m¡ esposa Carmen a tratarme, en un balneario de Ampurdán. Y allí tuve el placer de convivir con una pareja cuya historia y la mía se han confundido en muchos momentos durante cerca de setenta años: Gregorio López Raimundo -muchos años líder del PSUC- y Teresa Pamies, escritora y periodista muy leída. Cuando Conocí a Gregorio, al comienzo de la Guerra Civil ambos teníamos 21 años. Teresa estaba en los 16 o 17. Los dos eran entonces dirigentes de la JSU de Calaluña. Puede decirse que hicimos la guerra sin perder el contacto y todavía el día de la pérdida de Barcelona tratamos de defenderla, por muy quimérico que resultara a aquellas alturas el empeño. Nos retiramos los tres con el Ejercito Republicano, sufriendo en aquellos soleados días por la pérdida de Cataluña por cada palmo de esa hermosa tierra que la inferioridad militar nos obligaba a ceder. Más tarde en el exilio trabajamos juntos en México y en Francia. Gregorio, la mayor parte del tiempo militando clandestinamente en Barcelona, en constante contacto conmigo. Detenido y torturado por la policía en 1951, pasó cinco años en las cárceles de Franco, de las que fue arrancado por una fuerte campaña internacional, prosiguiendo incansablemente la lucha al recuperar la libertad. En la Transición volvimos a trabajar juntos durante tres legislaturas en el Parlamento, mientras Teresa realizaba un gran trabajo como escritora y periodista.

Las divergencias que hubo en el PC y en el PSUC no enfriaron nunca el respeto y el cariño mutuo, forjados en tantos años de duro combate por la libertad. Al encontrarnos primero en el balneario retirados de la ]mera línea de fuego por la edad, ostentando las heridas producidas por las inclemencias de los largos años vividos, hemos resucitado los recuerdos entrañables de nuestra juventud y madurez y comprobado que en lo esencial seguimos siendo los mismos que nos conocimos en 1936.

Pero debo confesar que, aun recordanclo el pasado, no nos hemos declicado a repetir la historia de nuestras batallas, como suelen hacer los ancianos. Hemos hablado sebre todo del futuro, con la misma pasión que si fuéramos a vivirlo, conscientes sin embargo de que esto les será dado a nuestros hijos y nietos. Creo que en esta actitud influyó uno de los mejores rasgos de nuestra formación comunista: la capacidad de trascender de lo personal a lo colectivo, de contemplar con más interés el futuro que el pasado, de mirar el vasto mundo con el ánimo de los que no se encierran en sus fronteras y de quienes contemplan el porvenir de la Humanidad como un todo. Así es que nuestra atención en las conversaciones se centró en como debería actuar y organizarse en esta nueva fase del desarrollo del capitalismo marcada por la adoración neoliberal al becerro de oro, la izquierda que no ha renunciado a transformar este injusto sistema.

La alegría del reencuentro de cuatro amigos sólo fue enturbiada por una triste noticia: la del fallecimiento en Málaga de otro gran amigo, Tomas García, dirigente con nosotros de la JSU primero y del Partido Comunista después, diputado en las Constituyentes y miembro del Gobierno de la preautonomía andaluza durante la transición democrática Fue la nota triste, en un verano en que nos sentimos jóvenes de pensamiento, optimistas sobre el futuro, aun sabiendo que no terminaremos el camino y que el testigo lo portan ya otras generaciones.

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