Nº 601 - 3 de mayo de 2004

Mirando a noviembre

José María Aznar, como jefe del Gobierno, abusando de su mayoría absoluta en el Parlamento, se comprometió con Bush y con Blair en la aventura de la invasión de Iraq, una operación que hoy puede considerarse ya un fracaso sin paliativos. El presidente Rodríguez Zapatero, con la decisión de retirar nuestras tropas de aquel país se ha comportado como un hombre político fiel a su palabra y a la voluntad de la aplastante mayoría de los españoles opuestos al "ataque preventivo". Los políticos del PP no están contentos y es comprensible, ya que el mundo ha comprobado que al embarcarse en la invasión de Iraq estaban secuestrando la voluntad de España. Intentaron engañar a los ciudadanos españoles, fracasaron en su empeño de hacernos comulgar con ruedas de molino y sólo consiguieron engañar a Bush y a Blair, que, como convenía a sus planes, se dejaron engañar voluntariamente esperando que la palabra de Aznar fuese la de España. No sucedió así y la corrección que Zapatero ha hecho al rumbo del Estado no ha perjudicado a España ni a Zapatero en el mundo. La primera prueba ha sido el éxito del viaje a Marruecos. Vendrán otras. Zapatero se ha convertido en un líder popular internacional mente.

La lección debería ser tenida en cuenta en los propios EE UU. Bush ganó con trampas las últimas elecciones presidenciales. No tomó ninguna medida para evitar la tragedia de las Torres Gemelas. Y, por el contrario, manipuló los sentimientos del pueblo americano para montar una operación militar a fin de controlar el petróleo del Medio Oriente. la primera fase fue Afganistán, justificada en la presencia allí de Bin Laden y la decisión de capturarle, pero sólo logró controlar Kabul y aún a medias; el resto del país se lo reparten los "señores de la guerra" y hasta podría presumirse que el propio Bin Laden. Sin acabar con Afganistán, mintiendo sobre supuestas armas de destrucción masiva e inexistentes lazos entre el líder de Al Qaeda y Saddam Hussein, y saltando por encima del Consejo de Seguridad, invadió Iraq. Y no ha hecho lo mismo con Siria e Irán porque su máquina de gu -erra se ha atascado en la tierra de los persas. Ahora busca tropas en todo el mundo porque el pueblo norteamericano tampoco quiere morir en Iraq y empieza a sospechar de las razones con que Bush ha justificado esta guerra.

¿Qué pasaría si Bush fuese derrotado en noviembre por el pueblo norteamericano? ¿Acaso sería eso una debacle para EEUU?

A mi entender, lo que los EE UU podrían sufrir con esa aventura lo están sufriendo ya y lo seguirán sufriendo mientras la camarilla de Bush esté en el poder. Vidas, millones derrochados en gastos inútiles, pérdida radical de prestigio en el mundo, hostilidad general de los pueblos árabes e islámicos, alejamiento creciente de los aliados tradicionales. Es ahora, con Bush y su política, cuando los EE UU están en caída libre.

Pero este cuadro que debería horrorizar a cualquier ciudadano consciente de ese gran país, cambiaría totalmente si en noviembre eligieran una Administración capaz de corregir los terribles yerros de la de Bush. No es la primera vez que los norteamericanos han corregido los errores de sus gobernantes. En la segunda guerra mundial, después de haberse comprometido a fondo con Chiang-Kai-Chek, cuando parecía que podían engolfarse en una guerra con China, supieron retirarse inteligentemente. Años después se enfrentaron con Corea del Norte en una guerra para la que consiguieron cuajar una alianza militar sostenida por la ONU, y supieron también hacer un compromiso en el paralelo 38, en Pan-Mun-Jon. Posteriormente, encajaron la derrota de Vietnam...

Y después de esos hechos siguieron siendo los EE UU. Si ahora se desprendieran de Bush, también seguirián siendo los EE UU. Mientras que la continuación de Bush abriría terribles incógnitas para el futuro de Norteamérica y del mundo.

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