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Hoy
respiramos mejor
Cuando
este número de EL SIGLO llegue a sus manos, lector, en España
tendremos otro Gobierno. Aznar ya no será presidente. ¡Qué
peso nos hemos quitado de encima! Aznar se había comportado como
el líder de la extrema derecha y, lo que es más grave, había
conseguido situar a su partido colectivamente en ese terreno. De hecho,
el Parlamento había dejado de ser el lugar de debate y decisión
de los grandes problemas políticos. Aznar había participado
en la declaración de guerra a Iraq con Bush y Blair desde las Azores
por su decisión personal. Envio tropas a Iraq negándose
a someterlo a un acuerdo parlamentario. Compartió la visión
de Bush sobre la "guerra mundial contra el terrorismo" ignorando
la opinión de la ciudadanía y de¡ resto de los grupos
políticos del país. impedía la constitución
y funcionamiento normal de las comisiones de investigación. Gobernaba
el Estado de las autonomías como si fuera el viejo Estado centralista.
Utilizó las privatizaciones para controlar políticamente
las televisiones privadas y utilizó la radio y la televisión
públicas como si fueran instrumentos de agit-pro del Partido
Popular.
Por ello, en vísperas de las elecciones del 14 M, en amplios círculos
de opinión, existía verdadero pánico a que el PP
alcanzara otra vez la mayoría absoluta. Se temía, no sin
razón, que en tal caso, el autoritarismo de Aznar, que su heredero
Rajoy parecía dispuesto a continuar, llegase a extremos tales que
afectasen irremediablemente al sistema político democrático
que nos habíamos dado los españoles en la Transición.
Además, toda la propaganda política de Aznar, secundada
irracionalmente por la dirección del PP, y por su grupo parlamentario,
tendía a presentar al conjunto de la oposición como un conglomerado
insolvente, incapaz, antipatriótico y débil ante el terrorismo,
mientras que el PP era el único partido capaz de mantener la unidad
de España y de luchar contra el terrorismo. El desprecio a la oposición
y a sus diversos partidos y el menosprecio a las autonomías era
tangible. En la práctica, era una propaganda a favor del partido
único incompatible con el sistema constitucional. Hasta fue
visible para muchos españoles el menosprecio a la función
de los Reyes. Conozco gente que sospechaba que el sueño de Aznar
era algo parecido a una República Falangista.
Es pues, comprensible la sensación de alivio con que muchos hemos
recibido la derrota electoral del Partido Popular; el estado de ánimo
de quienes sentimos como si nos hubiéramos quitado una losa de
encima. Está aún demasiado próximo el pasado dictatorial
para que los españoles no seamos ultrasensibles a la extraña
atmósfera que se había creado en el país durante
los últimos años del aznarismo.
Inauguramos nuevo Gobierno con la expectativa de cambiar tal atmósfera
y tal política. La responsabilidad de los nuevos gobernantes es
pues muy grande. Tendremos tiempo de escribir y de hablar de la nueva
situación. Hoy por hoy, me importa insistir en un tema que me parece
importante para el futuro de las libertades: la transición democrática
española tiene aún una asignatura pendiente: la concreción
de un partido conservador inequívocamente liberado de los fantasmas
del pasado, que asuma el Estado de las autonomías y las libertades
democráticas y que no levante los recelos que levantó Aznar.
¿0 esto es soñar con imposibles en España?
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