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| Nº 589 - 9 de febrero de 2004 |
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Mienten
como respiran
El País publicó la noticia de que los servicios de inteligencia enviaron un informe a la presidencia del Gobierno en el que se daba cuenta de la entrevista entre Carod-Rovira y la cúpula de ETA. Al día siguiente, ABC publicaba la noticia. Ningún miembro del Gobierno ha desmentido la llegada del informe a La Moncloa. Aznar, con una insolencia increíble vino a decir que la forma en que se había producido la filtración era secundaria. lo grave era la entrevista en sí misma, el hecho de haber conversado con ETA, cosa que él mismo, su Gobierno había hecho antes, en otro momento. Si no negociar con ETA fuese una cuestión de principio, ¿por qué la infringió él y, antes que Aznar, el Gobierno del PSOE, e incluso antes que éste, el de UCD? Se ha llegado a publicar que un Gobierno elegido democráticamente no puede negociar con una organización terrorista, cuando el de Blair lo hizo -acertadamente- con el IRA y cuando diversos gobiernos españoles lo intentaron ya con ETA. Pero lo que me interesa subrayar en estas líneas es que cuando le preguntaron, Aznar no se atrevió a negar que había recibido el informe de Inteligencia. Zaplana tampoco lo negó, se limitó a salir del aprieto con una evasiva cínica: a él "no le constaba". En cuanto a Rajoy, miró para otro lado ' Él no estaba ya en el Gobierno. Pero la parte más informada de la opinión pública piensa razonablemente a estas alturas que fue el Gobierno quien filtró la entrevista por interés electoralista, arriesgando probablemente las fuentes de los servicios de inteligencia. Quedaba un medio de esclarecer la verdad: que el asunto se investigase por iniciativa de la Diputación permanente de las Cortes. Con pretextos leguyelescos y contra la opinión de todos los demás partidos de la Cámaira, la mayoría de la Diputación permanente exclusivamente el PP- decidió negarse a examinar la cuestión. De este modo sólo los ciegos y sordos de conveniencia, los que se "informan" por los telediarios de RTVE pueden pensar que no son Aznar y el Gobierno los autores de la filtración. Y en este caso nadie duda del servicio de inteligencia: éste se halla libre de sospecha. La sospecha recae totalmente sobre el Gobierno y su presidente, aunque algún ministro torticeramente quiera sugerir que sospechar de éstos sea sospechar del Servicio; otro recurso dialéctico deleznable para sacudirse las pulgas. Se trata de los mismos trucos que el Gobierno utilizó para echar balones fuera en el asunto de la invasión de Iraq. Bush y Blair comienzan a admitir, ante la evidencia, que el pretexto para invadir Iraq no era cierto: la existencia allí de armas de destrucción masiva. Y parece que culpan a la CIA y al Inteligent Service de haberles informado mal. Han encontrado el chivo expiatorio. Pero Aznar, que no puede culpar a los servicios españoles ni confesar que repetía como un papagayo lo que le contaban Bush y Blair se empeña en responsabil izar a la ONU. Esto cuando hasta los más ignorantes saben que Bush, Blair y Aznar decidieron por su cuenta en las Azores invadir Iraq, porque la mayoría de] Consejo de Seguridad estaba en contra y se pronunciaba a favor de que la comisión de inveitigación de la ONU prolongara su misión en Iraq. Este Gobierno nos insulta a todos los ciudadanos españoles al pensar que somos tontos y que cualquier mentira, por torpe que sea, la creemos. En mis largos años de vida política no recuerdo en España otro Gobierno salido de las urnas que haya mentido con la desfachatez de éste. Otra muestra de este estilo son unas declaraciones de Rajoy que escuché en televisión. Refiriéndose a preguntas concretas que le había hecho José Luis Rodríguez Zapatero sobre temas tan candentes e importantes como la filtración, contestaba aproximadamente en estos términos: "¿Pero que le he hecho yo a este hombre, para que no haga más que meterse conmigo? ¿Por qué no hace más que meterse conmigo?` A los ciudadanos nos hubiera gustado que en vez de esta jeremiada, Rajoy hubiera tenido la honradez de contestar a las preguntas que le hacía Zapatero, interpretando inquietudes generalizadas. Pero pedir seriedad y honestidad a los dirigentes del PP, es pedir peras al olmo. |