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| Nº 530 - 11 de noviembre de 2002 |
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Se ha ido Bardem, dejando un profundo vacío. Ha muerto quien era ante todo un gran ciudadano, un luchador y un artista. le conocí en París en los primeros años 50; venía con Muñoz Suay -fallecido no hace mucho- a tomar contacto con la dirección del PCE, en cuya organización clandestina llevaba militando varios años, en unión del ingeniero Benítez, un valor malogrado al morir en un accidente de tren, mientras realizaba una misión de Partido. Si siempre bajo el franquismo fue arriesgado ser comunista, en aquellos tiempos en que simplemente ayudar al Socorro Rojo podía ser castigado con la tortura y el fusilamiento, lo era mucho más. Bardem militó en esa época terrible en que era necesario un temple muy especial. Su compromiso político influyó poderosamente en su labor de creación artística. En compañía de otro gran cineasta, Berlanga, su nombre traspasó las fronteras muy pronto con la película Bienvenido Mister Marshall, que fue la revelación de un festival de Cannes y que es hoy un clásico que no ha perdido nada de su valor. En el momento en que salió la película fue un esputnik de la cinematografía española. Después traspasaron las fronteras otras películas dirigidas por Bardem: Calle Mayor, La muerte de un ciclista... Eran una denuncia clara del nacional‑catolicismo, de la moral dominante en aquella sociedad, de la represión contra los estudiantes. Mostraban al mundo que bajo la España de Franco latía otra España, moderna, democrática, que pugnaba por salir a la luz. Para quienes vivíamos en el exilio eran un mensaje de esperanza. Algún día podríamos volver. En Francia conocimos también La Venganza, una película que simbolizaba la idea de la reconciliación nacional, orientación política que Bardem hizo suya y defendió con ahínco. Su labor artística y su ejemplo de ciudadanía tuvieron una gran influencia en las gentes del cine y del teatro entre las que se desarrolló un fuerte movimiento progresista aún hoy vivo y perceptible. Quiero recordar los esfuerzos de Bardem y otros cineastas que los compartían para hacer posible la realización en España de una de las grandes películas de Buñuel: Viridiana, que tropezó con enormes dificultades pero que en el fondo representó una victoria del cine español sobre el oscurantismo franquista. Ya rescatada la democracia, la labor artística de Bardem y de otros realizadores y artistas ha seguido tropezando con serias dificultades. Ahí está el caso de Siete días de Enero. El poder del dinero no ha estado nunca al lado de la libertad de creación y nuestro cine ha tenido que batallar mucho para levantar cabeza y ganar la altura alcanzada. la política del Estado tampoco ha sido generosa. Un mercado invadido y casi controlado por las producciones de Hollywood ha dificultado el desarrollo del cine español. Estuve en el funeral laico organizado por el PCE, para despedir los restos mortales de Juan Antonio. Allí había representaciones de todos los sectores democráticos, particularmente de la izquierda española. Allí estaban viejos amigos del cine y el teatro que lo habían acompañado en la lucha y que han sufrido como él; también había jóvenes admiradores. Y estaban, sobre todo, ese admirable y numeroso clan de los Bardem, que con su arte seguirán manteniendo vivo el recuerdo y el nombre de nuestro Juan Antonio. |