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| Nº 527 - 21 de octubre de 2002 |
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¡No! a la guerra de Bush Paso a paso Bush nos va metiendo en lo que él llama la guerra mundial contra el terrorismo, que nadie desea pero a la que muchos parecen resignarse. El petróleo de Irak, le tiene hechizado, en espera de poder poner la mano en el de toda la zona. Casi todos los medios de comunicación le hacen el juego: el único dictador que parece quedar sobre la faz de la Tierra es Sadam Hussein amenazando a la Humanidad con armas de destrucción masiva que, evidentemente no posee, pero como Bush dice que si, nadie se atreve a desmentirlo. Se produce un bárbaro atentado en Bali, que estremece al mundo y Bush insiste en que hay que atacar a Irak, como si Bali fuese una barriada de Bagdad, negándose a ver evidencias tales como que Irak está en unas coordenadas políticas, que nunca han tenido relación con Al Qaeda y Osama Ben Laden. Y hablando de Bali, la Administración de Bush ha acusado al líder integrista indonesio Abu Bakar Bachir de la autoría del atentado y el Gobierno indonesio se niega a detenerle por falta de pruebas, mientras que el susodicho líder acusa a la CIA de haber sido quien montó el atentado con fines de provocación. Y el caso es que todo es posible si se tiene en cuenta la historia de la CIA y la de los Estados Unidos, cuyos Gobiernos han autorizado más de una vez provocaciones semejantes, entre ellas la del Maine. la verdad es que desde la ocupación del poder de los USA por el equipo de Bush es imposible dar crédito a todas las noticias que circulan en los medios de comunicación. Hace meses, los dirigentes americanos anunciaron la creación de un órgano de información anexo al Pentágono, que no respetaría la verdad porque estando en guerra, la parte sicológica de esta, justificaba la difusión de mentiras qué contribuyeran al éxito de la causa. Fueron sinceros haciendo esta declaración. De ahí que no sea posible prestar confianza a todas las informaciones que leemos o escuchamos. Mientras en la ONU hay países que ofrecen resistencia al ataque a Irak, Bush acelera los preparativos de guerra, decidido a hacerla con la bendición de la ONU o sin ella. Y lo cierto es que ya hoy, antes del ataque militar, la situación se ha complicado seriamente. Incluso la situación interna en una serie de países. El problema de fondo no es el terrorismo, sino la filosofía de Bush de que al terrorismo hay que responder con una guerra mundial. El terrorismo es un problema de policía, de servicios de información y, sobre todo, un problema social que tiene su origen en injusticias sociales y desigualdades lacerantes que exigen cambios en la política internacional, capaces de conseguir una distribución más justa de la riqueza en el mundo. Además, no hay un terrorismo único, que se pueda combatir en todos los casos con las mismas medidas. Declarar la guerra al terrorismo significa apostar por la multiplicación de los factores de inseguridad en cada país e internacionalmente. Y al final de todo nos encontraríamos con la guerra más indigna, inmoral y condenable que imaginarse pueda: la guerra del mundo rico contra el mundo pobre. Una guerra que terminaría fracturando las sociedades de los países desarrollados una guerra capaz de hundir la civilización y los avances realizados hasta aquí por la Humanidad. |