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| Nº 510 - 27 de mayo de 2002 |
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¿Qué sabía el presidente? Ahora resulta que los servicios de información norteamericanos estaban al corriente de lo que sé preparaba en vísperas del 11 de septiembre y que la incapacidad de Bush, Cheney, Condoleez:za Rice y otros impidió tomar medidas para tratar de evitarlo. A principios de agosto de 2001, Bush tenía sobre la mesa del despacho oval un informe de cuanto se sabía y, en vez de prestarle atención, se tomó unas vacaciones de un mes en su rancho de Texas. Todo esto era de suponer y algunos habíamos emitido esta suposición hace tiempo. Resultaba difícil admitir que las numerosas agencias de información norteamericanas, con sucursales en todo el planeta y la complaciente colaboración de múltiples servicios semejantes de Estados amigos, no hubiesen tenido noticia de lo que se preparaba. Sobre todo tratándose de una organización como Al Qaeda y de un personaje como Ben Laden, que había colaborado estrechamente con la CIA en Afganistán contra las tropas soviéticas. Lo que verdaderamente resulta significativo es que estas revelaciones salgan ahora a la luz en los EE UU. Parece que el simbólico leñador del poeta está despertando, es decir, que el pueblo norteamericano está dándose cuenta de que la utilización perversa de los acontecimientos del 11 de septiembre para intensificar la política armamentista ‑contrarrestando la recesión con fabulosas inversiones de Estado en material de guerra para ocupar militarmente cuantos países de la Tierra poseen petróleo, resulta una aventura dispendiosa y amenaza directamente a las libertades americanas. Y esto permite esperar, como muchos habíamos pensado, que sea el mismo pueblo norteamericano quien termine derrotando a la Administración reaccionaria que hoy le gobierna y que amenaza con encender una nueva guerra mundial. Los métodos dictatoriales que va instaurando Bush, y que han llevado al intento de reducir derechos civiles y humanos y manipular los medios de comunicación, están siendo extremados con la decisión del mismo presidente de prohibir que el Senado y el Congreso tengan conocimiento del informe sobre la preparación del atentado que estuvo sobre su mesa desde los primeros días de agosto. La opinión pública tiene derecho a pensar que con esto lo que se pretende es ocultar la prueba de que el presidente sabia, de encubrir su responsabilidad. La invocación al patriotismo y al estado de guerra es un recurso indigno. Y la campaña asegurando que va a haber atentados en edificios de apartamentos, que pueden causar nuevas víctimas, es una manera de fomentar el terror en la población para que ésta admita resignadamente todas las restricciones a la libertad que siga tomando la Administración, incluida la de negar información a las Cámaras. Si Bush actuara con honestidad y limpieza hacia sus conciudadanos, si no tuviera nada que ocultar, sería el primer interesado en publicar el informe ahora puesto bajo secreto. En el fondo, lo que está poniéndose de manifiesto es que la "guerra contra el terrorismo" está sirviendo a la reacción mundial para una ofensiva de gran magnitud contra las libertades humanas. Se ha empezado con el esfuerzo por desmantelar el Estado social de Derecho, el Estado del bienestar y ahora se continúa arremetiendo contra las libertades civiles y políticas. Y lo que se ha dado en nombrar con un eufemismo, el "unilateralismo" de la actual Administración norteamericana, es claramente un ataque al Derecho Internacional que ha establecido en las relaciones entre los pueblos reglas democráticas de respeto mutuo, inalienables. No estamos negando la existencia de fenómenos de terrorismo, que hay que combatir. Pero al terrorismo se le combate con medidas policiales por un lado y, por otro, atacando las causas profundas que lo motivan, no con guerras en las que se amenaza con utilizar hasta el arma nuclear. |