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Nº 676 - 26 de diciembre de 2005

La PAC y la OMC

El final del año nos traía dos importantes negociaciones para el futuro de la UE. En Bruselas, los Veinticinco se ponían finalmente de acuerdo sobre las próximas Perspectivas Financieras 2007-2013. Mientras, en Hong Kong se celebraba la conferencia del Programa de Doha para el desarrollo de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

El acuerdo del Consejo Europeo prevé un presupuesto del 1,045% de la RNB, o sea, 862.363 millones de euros. Pero este compromiso sigue estando lejos de las propuestas del PE, que había propuesto el 1,18%, alrededor de 974.000 millones, y más lejos aún de la Comisión, cuya propuesta inicial era llegar al 1,21%, 994.000 millones de euros.

La coincidencia de los acontecimientos de Bruselas y Hong Kong merece una reflexión sobre el futuro de la agricultura europea, que ha sido una de las grandes protagonistas en ambas reuniones.
En efecto, la reunión de Hong Kong tenía como objetivo reducir las barreras comerciales en un buen número de sectores, especialmente en materia agrícola, para impulsar el desarrollo de los países más pobres. En Bruselas parecía que el único problema de las Perspectivas Financie-ras era el combate entre la PAC y el "cheque" británico.

Pero la revisión de la aportación del Reino Unido al presupuesto comunitario viene impuesta por las consecuencias de la ampliación y así se ha hecho, en parte. El compromiso final deja las espadas en alto para la agricultura, pero introduce recortes substanciales para las políticas de desarrollo rural.
Si la agricultura aparecía en Bruselas como un obstáculo estructural al acuerdo presupuestario, en Hong Kong, Europa aparecía en el banquillo de los acusados por el efecto negativo de sus políticas agrícolas sobre el desarrollo.

Se argumenta que Europa debe reformarla, reduciendo las subvenciones y ayudas a la exportación que distorsionan los mercados mundiales, y recortando significativamente las barreras a las importaciones. Ello abriría nuevas posibilidades a los países pobres del Sur, mayoritariamente productores de bienes agrícolas.

También los aspectos redistributivos de la PAC deben ser revisados, porque concentra las ayudas en los más ricos de Europa. En el caso es-pañol, según informes de Intermon-Oxfam, el 18% de los perceptores –los más grandes– concentran el 76% de las ayudas.

Pero si bien es cierto que la agricultura europea depende en gran medida de las ayudas de la PAC, su desaparición plantearía importantes problemas al continente. La agricultura no es una actividad como las demás. Tiene una multifuncionalidad que le hace generar utilidades ''-más allá del beneficio económico.

La PAC no sólo es una transferencia económica a la población que trabaja en ella, también ayuda al mantenimiento de la cohesión territorial, al equilibrio ecológico y al sostenimiento de los ecosistemas europeos. Tener una política agrícola en Europa garantiza también seguridad y autosuficiencia alimentaria.
Y, por otra parte, es preciso tener en cuenta que hay países y países en desarrollo. Todos no están en la misma situación y por tanto no se beneficiarían igual de una liberalización de los mercados. Por ello, todos los estudios serios, europeos y americanos, dicen que es imposible cifrar el beneficio de una liberalización de los mercados agrícolas por-que las cifras dependen de la situación de los países en desarrollo.

La realidad es que la protección de la agricultura europea está matizada por una serie de regímenes preferenciales que permiten a los países menos desarrollados un acceso privilegiado a nuestros mercados.

Una liberalización total beneficiaría a las grandes potencias agrícolas del mundo (Brasil, Argentina, etc.) y a las multinacionales que controlan los mercados agrícolas pero mucho menos a los países más pobres.

La paradoja es que la política agrícola europea protege a la vez a los grandes productores europeos y a los países menos desarrollados.

Entonces, ¿qué hay que hacer? El mantenimiento del statu quo es imposible, pero hay márgenes para la necesaria negociación. Aunque no a costa de la desaparición del campo y de la agricultura en Europa.
Los europeos debemos dejar de jugar a la defensiva, dando una imagen de eternos egoístas que cierran fronteras a un "comercio justo" mundial.

La liberalización de los intercambios es, en general, un bien. Pero ella sola no aportará el desarrollo, como nos lo recordaban desde Hong Kong tanto P. Lamy como el comisario Mandelson.

El verdadero debate no es la liberalización de la agricultura a toda costa, sino sobre una verdadera política de desarrollo a nivel mundial.

Esperemos que el 2006 venga cargados de esperanza.
Feliz Navidad.

* Presidente del Parlamento Europeo

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