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La PAC y la OMC
El final del año nos traía dos importantes negociaciones
para el futuro de la UE. En Bruselas, los Veinticinco se ponían
finalmente de acuerdo sobre las próximas Perspectivas Financieras
2007-2013. Mientras, en Hong Kong se celebraba la conferencia del Programa
de Doha para el desarrollo de la Organización Mundial de Comercio
(OMC).
El acuerdo del Consejo Europeo prevé un presupuesto del 1,045%
de la RNB, o sea, 862.363 millones de euros. Pero este compromiso sigue
estando lejos de las propuestas del PE, que había propuesto el
1,18%, alrededor de 974.000 millones, y más lejos aún de
la Comisión, cuya propuesta inicial era llegar al 1,21%, 994.000
millones de euros.
La coincidencia de los acontecimientos de Bruselas y Hong Kong merece
una reflexión sobre el futuro de la agricultura europea, que ha
sido una de las grandes protagonistas en ambas reuniones.
En efecto, la reunión de Hong Kong tenía como objetivo reducir
las barreras comerciales en un buen número de sectores, especialmente
en materia agrícola, para impulsar el desarrollo de los países
más pobres. En Bruselas parecía que el único problema
de las Perspectivas Financie-ras era el combate entre la PAC y el "cheque"
británico.
Pero la revisión de la aportación del Reino Unido al presupuesto
comunitario viene impuesta por las consecuencias de la ampliación
y así se ha hecho, en parte. El compromiso final deja las espadas
en alto para la agricultura, pero introduce recortes substanciales para
las políticas de desarrollo rural.
Si la agricultura aparecía en Bruselas como un obstáculo
estructural al acuerdo presupuestario, en Hong Kong, Europa aparecía
en el banquillo de los acusados por el efecto negativo de sus políticas
agrícolas sobre el desarrollo.
Se argumenta que Europa debe reformarla, reduciendo las subvenciones
y ayudas a la exportación que distorsionan los mercados mundiales,
y recortando significativamente las barreras a las importaciones. Ello
abriría nuevas posibilidades a los países pobres del Sur,
mayoritariamente productores de bienes agrícolas.
También los aspectos redistributivos de la PAC deben ser revisados,
porque concentra las ayudas en los más ricos de Europa. En el caso
es-pañol, según informes de Intermon-Oxfam, el 18% de los
perceptores los más grandes concentran el 76% de las
ayudas.
Pero si bien es cierto que la agricultura europea depende en gran medida
de las ayudas de la PAC, su desaparición plantearía importantes
problemas al continente. La agricultura no es una actividad como las demás.
Tiene una multifuncionalidad que le hace generar utilidades ''-más
allá del beneficio económico.
La PAC no sólo es una transferencia económica a la población
que trabaja en ella, también ayuda al mantenimiento de la cohesión
territorial, al equilibrio ecológico y al sostenimiento de los
ecosistemas europeos. Tener una política agrícola en Europa
garantiza también seguridad y autosuficiencia alimentaria.
Y, por otra parte, es preciso tener en cuenta que hay países y
países en desarrollo. Todos no están en la misma situación
y por tanto no se beneficiarían igual de una liberalización
de los mercados. Por ello, todos los estudios serios, europeos y americanos,
dicen que es imposible cifrar el beneficio de una liberalización
de los mercados agrícolas por-que las cifras dependen de la situación
de los países en desarrollo.
La realidad es que la protección de la agricultura europea está
matizada por una serie de regímenes preferenciales que permiten
a los países menos desarrollados un acceso privilegiado a nuestros
mercados.
Una liberalización total beneficiaría a las grandes potencias
agrícolas del mundo (Brasil, Argentina, etc.) y a las multinacionales
que controlan los mercados agrícolas pero mucho menos a los países
más pobres.
La paradoja es que la política agrícola europea protege
a la vez a los grandes productores europeos y a los países menos
desarrollados.
Entonces, ¿qué hay que hacer? El mantenimiento del statu
quo es imposible, pero hay márgenes para la necesaria negociación.
Aunque no a costa de la desaparición del campo y de la agricultura
en Europa.
Los europeos debemos dejar de jugar a la defensiva, dando una imagen de
eternos egoístas que cierran fronteras a un "comercio justo"
mundial.
La liberalización de los intercambios es, en general, un bien.
Pero ella sola no aportará el desarrollo, como nos lo recordaban
desde Hong Kong tanto P. Lamy como el comisario Mandelson.
El verdadero debate no es la liberalización de la agricultura a
toda costa, sino sobre una verdadera política de desarrollo a nivel
mundial.
Esperemos que el 2006 venga cargados de esperanza.
Feliz Navidad.
* Presidente
del Parlamento Europeo |