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Europa,
en rebajas
La
actualidad europea de final del año está dominada por la
negociación de las Perspectivas Financieras. Cuando se publiquen
estás líneas sabremos si los jefes de Estado y de Gobierno
han llegado a un acuerdo; un acuerdo que, no olvidemos, ha de ser validado
posteriormente por el Parlamento Europeo (PE) en virtud de los acuerdos
interinstitucionales existentes.
En junio pasado, la confrontación entre el cheque británico
y la Política Agrícola Común (PAC), junto con la
exigencia de algunos de los países más ricos de disminuir
su aportación, impidió aprobar el marco presupuestario de
la UE para el período 2007-2013. A última hora, los nuevos
miembros, para los que más vale un mal acuerdo que el desacuerdo,
preguntaron: "¿A cuánto tenemos que renunciar de lo
que nos prometieron?". Su pregunta no tuvo respuesta. El entonces
presidente del Consejo, el luxemburgués Juncker, se declaró
"avergonzado" ante esa situación.
Poco después, el Reino Unido asumió la presidencia del Consejo
de la UE. Su primer ministro Blair insistió ante el PE sobre la
necesidad de afrontar el desafío de la globalización y,
para ello, de "modernizar" el presupuesto europeo. Para él,
había que poner el énfasis en políticas "de
futuro", como la educación y la investigación, y reducir
otras, como la PAC, considerada una reliquia del pasado. El problema es
que, en las primeras, la UE tiene pocas competencias, y en las segundas,
su competencia es exclusiva.
Con los noes a la Constitución y el fracaso en la negociación
de junio, el campo parecía despejado para que el Reino Unido encabezarala
UE. Un Consejo informal en Hampton Court analizó la respuesta europea
a la globalización. Sobre ese debate planeó la disyuntiva
entre cohesión y competencia, o entre los papeles relativos que
corresponde a cada una de esas políticas en el proceso de construcción
europea.
Después de la ampliación al Este, ya no son las empresas
las que compiten, sino las sociedades, a través de sus sistemas
fiscales y sociales. Una política de cohesión implica transferencias
de renta importantes a través de fondos como los que han beneficiado
a España, Portugal, Grecia e Irlanda. Pero también una cierta
convergencia que impida una competencia desleal basada en ventajas fiscales
y laborales. Si esos elementos de competitividad se llevan al extremo,
será difícil convencer a los contribuyentes de los países
más ricos de que deben subvencionar a los que rebajan impuestos
para atraer inversiones o desplazar las existentes. Así pues, o
cohesión y fondos, o competencia sin convergencia.
De alguna manera, la última propuesta de Perspectivas Financieras
que ha presentado la presidencia británica responde a esas dos
preguntas. Se reduce el presupuesto comunitario a un 1,03% del PNB de
la Unión, apenas se modifican ni la PAC ni el cheque británico,
y los aproximadamente 22.000 millones de euros de rebaja respecto ala
propuesta luxemburguesa disminuyen las políticas de cohesión
y recaen sobre los nuevos miembros.
Esta propuesta ha recibido intensas críticas de la mayor parte
de los Estados miembros. Por su lado, todos los grupos políticos
del PE, en una rara unanimidad, la han rechazado porque no propone la
sufi-ciente solidaridad e incumple los compromisos adquiridos por la UE.
Las espadas siguen levantadas en el gran duelo entre la PAC y el cheque
británico. Ni unos ni otros aceptan modificaciones de importancia,
todo ello con las negociaciones de la OMC en Hong Kong como telón
de fondo.
En el fondo, lo que subyace es saber cuál es la ambición
real europea. ¿Hay un valor añadido en hacer algunas cosas
juntos? Si es así, es necesario que los recursos estén a
la altura de los objetivos que se proclaman. Después de tanta retórica
y tantas promesas, reducir los recursos destinados ala estrategia de Lisboa,
incluida la investigación, el desarrollo rural, las infraestructuras
y las políticas de cohesión, es una Europa de rebajas, una
mini-Europa, como ha dicho Barroso. Es ganar en el presupuesto a costa
de perder en el proyecto.
El Consejo, es decir, los gobiernos, deberán decidir, pero han
de tener en cuenta que el PE puede oponerse si las grandes rebajas se
alejan demasiado de la idea que los eurodiputados, o una mayoría
de ellos, tienen del proyecto europeo. El acuerdo del PE es imprescindible,
pero algunos creen que el Parlamento no podrá rechazar un compromiso
difícilmente alcanzado por unanimidad entre los Estados, abriendo
una nueva crisis.
Es posible, pero también se decía que el PE no se atrevería
a rechazar la investidura de la Comisión inicialmente propuesta
por Barroso.
Veremos a ver en lo que todo ello acaba, comprobando si con la llegada
de la Navidad y de enero el proyecto europeo está o no también
en rebajas.
* Presidente
del Parlamento Europeo
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