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Nº 671 - 21 de noviembre de 2005

B+10
(Barcelona, diez años después)

Noviembre será el mes del Mediterráneo y de Barcelona. Hace diez años se firmaba una Declaración con el nombre de la Ciudad Condal con la que se ponía en marcha el llamado Partenariado Euro-mediterráneo o Euromed.

Una de las propuestas entonces aprobadas fue la creación de una Asamblea Parlamentaria del Mediterráneo. Ha costado nueve años constituirla, pero cuando salgan publicadas estas líneas nos habremos reunido en Rabat, como fase previa a la Cumbre que se celebrará en Barcelona los días 27 y 28. Esta vez no serán los ministros de Exteriores los que se reúnan en Barcelona, sino los jefes de Estado y de Gobierno.

El Mediterráneo bien merece su atención. Las hogueras de París, las bombas de Amán y los asaltos a las vallas de Ceuta y Melilla muestran que tenemos desafíos manifiestos y compartidos en ambas orillas: pobreza, desequilibrios lacerantes, el drama de la inmigración ilegal, la expansión del radicalismo islámico, el terrorismo....

Ha llegado el momento de que los europeos dediquemos mayor atención a las relaciones con nuestra frontera Sur. Las relaciones con el Mediterráneo son hoy más que nunca una cuestión social de vital importancia para Europa.

Por eso debemos aprovechar este décimo aniversario para dar un nuevo impulso al proceso euromediterráneo. Es el momento idóneo para reactivar la asociación entre las dos orillas del Mediterráneo y hacer frente común ante nuestros desafíos.

Bien es cierto que el marco geopolítico europeo y mediterráneo ha cambiado mucho en estos diez años. El espíritu de optimismo que emergió del final de la Guerra Fría y de los acuerdos de paz de Oslo entre israelíes y palestinos, propició el nacimiento del proceso de Barcelona.

Hoy, la situación es bien distinta. El proceso de Barcelona ha tenido éxitos notables a lo largo de estos diez años, pero queda mucho camino por recorrer, sobre todo en lo que concierne a su vertiente política.

Quizás sea el drama de la inmigración ilegal el que se vive más de cerca en nuestro país. Todos somos conscientes de que ningún país por sí solo podrá controlar la inmigración ilegal. Es un problema global que necesita respuestas globales.

Europa necesita desarrollar una verdadera política de inmigración. Es hora de que nuestros gobiernos entiendan la extrema urgencia de tener una visión de conjunto, porque el drama de la inmigración ilegal, verdadero tráfico de seres humanos, vulnera los valores fundamentales más elementales sobre los que se asientan nuestras sociedades.

Al mismo tiempo, episodios como los de Ceuta y Melilla o la situación en la isla italiana de Lampedusa, escenifican la necesidad que tiene Europa de mirar hacia su frontera Sur, hacia sus vecinos musulmanes del norte de África y, más allá de ellos, hacia el África subsahariana.

Sólo a través de una perspectiva integral y conjunta entre países emisores, de tránsito y receptores seremos capaces de dar una adecuada respuesta al reto de la inmigración ilegal. Porque está claro que nunca podremos levantar murallas suficientemente altas que defiendan nuestra prosperidad. Más aún, debemos tener claro que esta prosperidad solamente podrá continuar si la compartimos con el Sur.

De ahí la importancia de revitalizar el proceso de Barcelona y su intento de extender la paz y la prosperidad alcanzada en la UE a toda la cuenca mediterránea.

Pieza fundamental de todo ello es el desarrollo económico y social de nuestros vecinos de la cuenca mediterránea

La posición de los países mediterráneos en los intercambios comerciales con la UE está estancada. En 1995 los países mediterráneos representaban un 4,9% de las importaciones de la UE-15. Hoy es del 6% aproximadamente, y si exceptuamos los productos relacionados con el petróleo, las cifras descienden hasta casi los niveles del 95.

En lo que respecta a inversiones directas extranjeras (IDE), los países del sur y este del Mediterráneo recibieron en 2003 una cifra de 9.000 millones de dólares. La misma que en 1990.

Queda, sin duda, mucho camino que recorrer.

Esperemos que noviembre no sea sólo el mes de Barcelona, sino de todo el Mediterráneo.

* Presidente del Parlamento Europeo

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