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Nº 668 - 31 de octubre de 2005

Europa vista por los europeos

A nadie se le oculta ya que Europa sufre de la indefinición de su proyecto. Lo grave no sólo son las dificultades institucionales que estamos viviendo a raíz de los resultados de los referendos en Francia y en los Países Bajos, sino la menor confianza en Europa que muestran los europeos.

Dos sondeos publicados recientemente así lo confirman. Sus resultados son reveladores. Europa suscita desconfianza y el efecto benéfico que Europa tiene sobre sus vidas no convence. El primer sondeo es el conocido Eurobarómetro, realizado por la Comisión en todos los países miembros de la UE. En agosto del 2004, el 56% de los europeos consideraba que la pertenencia a la UE era una cosa positiva. Hoy, este sentimiento continúa la trayectoria descendente de los últimos años y se sitúa en el 54%.

El Eurobarómetro señala que la confianza en el proyecto de integración también ha descendido: del 50% a finales del 2004 a apenas un 40% en este último Eurobarómetro.

Es inquietante constatar que en once países el sentimiento de pertenencia es inferior al 50% y que en dos de los grandes países, uno fundador y otro recién llegado, es apenas superior a la media (51% en Francia y 53% en Polonia).

En varios países, el balance de la aventura europea aparece a día de hoy como negativo. En algunos países, una mayoría de ciudadanos considera que la pertenencia a Europa ha hecho a su país menos próspero y estiman vivir menos bien a causa de Europa. No la ven como un defensa de los efectos negativos de la globalización.

España es la gran excepción en este estado de ánimo. Los españoles seguimos siendo europeos entusiastas.

La otra macroencuesta es la llevada a cabo por la cadena franco-alemana ARTE, sobre la idea de Europa, en los cinco países más grandes de la UE, y muestra que los europeos piensan que el proceso de integración europea les ha traído paz y libertad de viajar, pero no más prosperidad económica ni mejores garantías de protección social.

La situación económica aparece como factor principal de esta desafección, con excepción de España, donde la naturaleza contracíclica de nuestro crecimiento nos está ahorrando la crisis que golpea duramente al resto de nuestros vecinos.

A la pregunta de qué idea les inspira la palabra "Europa", la mayoría de los europeos piensa en el euro, que sigue siendo la realización concreta más emblemática de la construcción europea, incluso en el Reino Unido.

La siguiente idea que Europa inspira es la libertad de viajar, estudiar y trabajar en todo el continente. Citada por un 51% de los encuestados, es la idea número uno para franceses y polacos.

La paz aparece en tercera posición (37% de las respuestas), pero con distintas valoraciones según los países. Mientras que para los franceses se asocia prioritariamente con Europa (46%), en otros países sólo aparece en la quinta posición.

Esto muestra que la paz se da por adquirida, que no corre peligro. Los jóvenes entre 18 y 24 años son menos sensibles a este aspecto que quienes conocieron al menos una de las dos guerras mundiales, quizás porque hoy la guerra parece imposible en Europa.

La idea de Europa como ilusión no es percibida más por nuestros conciudadanos. Es la Europa amenaza laque progresivamente pasa a percibirse por gran número de ellos.

A esta inquietante percepción contribuyen las continuas discrepancias entre países y entre instituciones.

El ejemplo más evidente y preocupante del desacuerdo de fondo son las discrepancias sobre las próximas perspectivas financieras.

Cuando se publiquen estas líneas los líderes europeos nos habremos reunido en el palacio de Hampton Court, en las proximidades de Londres, para tratar la respuesta que Europa da a la globalización.

Es capital que Europa dé respuestas concretas a los problemas económicos y sociales de los europeos.

El Eurobarómetro muestra que el desempleo es la primera preocupación de los europeos: el 50% de los ciudadanos lo colocan en primer lugar de sus preocupaciones. La situación económica se sitúa en el segundo lugar (27%).

El período de reflexión decidido por el Consejo tras el fracaso de los referendos francés y holandés no debe tratar sólo de dar respuesta a problemas institucionales, debe ganar la confianza de los ciudadanos en el gran proyecto europeo, que ha alimentado esperanzas y convicciones durante 50 años.

Como el filósofo francés Saint Simon reconoció: "Las sociedades no viven de ideas negativas, sino de ideas positivas". No es posible construir Europa sobre un mar de fondo de dudas y confusión.

Esas encuestas nos advierten de cuan urgente es restaurar la confianza de los ciudadanos en el proyecto europeo. Sólo a través de un amplio y profundo debate democrático lo conseguiremos.

* Presidente del Parlamento Europeo

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